EPILOGO
Pov Bella
La vida había
seguido su curso después de todo lo que pasó el día que obtuve mi corazón, el
de mi padre, el corazón que me salvó la vida para poder disfrutar de mis hijos,
sobrinos, de mi familia. Después de cinco años sentía que verdaderamente mi
vida había cambiado conservando en ella las personas a las que quería. Y mi
conciencia tranquila de que mi padre fue feliz. Todavía puedo recordar el día
que leí la carta que me escribió. No me sentí con fuerzas suficientes para
leerla sola y la leí junto toda la familia.
Flash Back
-Bella, hazlo
solo si estás preparada – me dijo Edward acariciando mi mano. Hacía apenas un
día que había llegado del hospital y aunque aun me sentía un poco débil y
cansada, necesitaba leer esta carta.
-Estoy preparada,
Edward – dije abriendo el sobre.
Querida hija.
Bella, sé que he
cometido muchos errores a lo largo de mi vida y si ahora tienes esta carta en
tus manos es porque ya no estoy contigo.
En muchas
ocasiones te mencioné lo arrepentido que estoy de haberme ido cuando eras
pequeña. Y también dije que fue por miedo, miedo a perderte, a que ya no
pudiera reírme de tus travesuras, o escucharte todo el día preguntar por qué de
todo lo que veías.
Pensé que
desapareciendo de la vida de todos no me dolería tanto si en algún momento te
pasara algo. Después de algunos años comprobé que no era así, que os necesitaba
junto a mí a todos, porque sentía que me falta parte de mi vida. Y cuando
intenté reparar mi error, se me negó una segunda oportunidad. Después de años
me cansé de seguir solo e iba a lucho por lo que era mío, mis hijos. Y
lamentablemente aunque con suerte, tú fuiste la única de tus hermanos que me
brindó su confianza. Una confianza que intenté no desperdiciar y aprovechar al
máximo junto a ti. Tuve la suerte de poder estar contigo, de conocerte y saber
como eras, conocí a mis nietos y estuve el día de tu boda. Sólo ver tu sonrisa
era suficiente para que yo fuera feliz.
Ya eres toda una
mujer y aunque soy un viejo y mi consejo no te sirva de mucho, se feliz, no
pienses en el pasado y no estés pendiente del futuro, lo único que importa es
el presente y que en el seas feliz.
Diles a tus
hermanos, que no importa que no me perdonaran, que yo a ellos siempre los quise
y que estoy muy orgulloso de en qué se han convertido y de cómo te han cuidado
siempre. Y que sean felices junto a Rosalie y Alice, que son unas magnificas
personas, que se nota que ellas los aman y eso al fin y al cabo es lo único que
importa.
A tu madre dile
que me alegro mucho de haber podido tener los tres maravillosos hijos que hemos
tenido y que sea feliz con Carlisle, porque los dos se lo merecen. Y que siento
todo el daño que le hice desapareciendo y dejándola sola.
Estoy muy
contento de que Edward apareciera en tu vida, te ha ayudado siempre y se ha
preocupado por ti, mucho más de lo que lo has hecho tu misma, y estoy seguro de
que no encontrarías a nadie mejor que él para compartir tu vida y regalarle una
sonrisa todas las mañanas cuando os despertéis juntos con las sabanas revueltas
a vuestro alrededor.
Para mis nueras
solamente decirles que cuiden de mis hijos, de Emmett y Jasper que sé que son
dos grandes mujeres y que estarán junto a ellos siempre que lo necesiten.
Y dile a
Carlisle, que ame y cuide a Esme. Que esa mujer vale oro y tiene una paciencia
increíble.
Y mis nietos, los
que tengo y los que vengan en el futuro, háblales de mi, diles quién fui y cómo
me comporté. Los errores que cometí y cómo intenté arreglarlo. Diles que aunque
no estoy físicamente junto a ellos siempre los protegeré desde donde esté, y
que cuando miren al cielo y encuentren una estrella que brilla mucho, ese seré
yo que los estaré mirando.
Quiero pedirte un
pequeño favor, no dejes sola a Sue. Mi pérdida seguramente le duela y no quiero
que se sienta sola.
Y quiero
aclararte el motivo de mi carta. Hace dos días me encontré con una pitonisa de
esas que te leen las cartas y te dicen el futuro. Tú sabes que no creo en esas
cosas, pero algo en la mirada de esa mujer me hizo escribir esta carta, y
volverme donador de órganos. Sé que debo ser compatible contigo y no quiero que
te sientas mal en el caso de que recibas mi corazón, porque yo estaré feliz si
eres tú quien vuelve a la vida mientras yo me voy de este mundo.
Creo que no me
dejo nada y que ya dije todo lo que necesitaba decir. Recuerda que siempre te
he querido a ti y tus hermanos, y que donde quiera que este os vigilaré y
protegeré a todos.
Charlie Swan
Sin control alguno
las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas y sentí los brazos de
Edward a mi alrededor y diciendo palabras de ánimo para que no llorara.
Fin del flash
back
-Bella, me ayudas
con la mesa – me preguntó Rosalie sacándome de mis pensamientos, me levanté del
sofá y subimos a la cocina para poner la mesa.
-Rosalie, ¿Por
qué te enamoraste de mi hermano? – le pregunté bajando las escaleras después de
haber cogido las cosas.
-Estuvo conmigo
cuando todos me dieron la espalda, me ayudó, protegió, mimó, consintió. Hizo
que quisiera levantarme todas las mañanas, conseguía sacar una sonrisa cuando
pensaba que todo estaba perdido. Me trató como una mujer, y como el resto.
Porque sentía que estando con él no me hacía falta nada más para ser feliz,
porque solo lo necesitaba a él todas las mañanas para sonreír. Por eso me
enamoré – dijo sonriendo con los ojos brillantes.
-Cuando lo
conociste mi hermano era la persona más superficial del mundo… - dije
recordando
-¿Y yo no? Tu
hermano me demostró que podía confiar en él y me enseñó a entrar en ese corazón
donde solo había sitio para dos mujeres, su madre y su hermana. Donde ahora
somos siete. Me demostró que debajo de esa fachada de mujeriego había el hombre
que yo necesitaba en mi vida – dijo girándose para mirarme - ¿Por qué me
preguntas esto?
-Tenía
curiosidad… - dije encogiéndome de hombros.
-Bella,
enamorarse no tiene explicación, es un sentimiento que aparece de la nada y a
veces lo sabes en el momento, puede que tardes en descubrirlo y en otras
ocasiones lo ocultas porque no quieres que sea verdad. Pero tarde o temprano
acaba apareciendo – me explicó.
-¿Cuándo te diste
cuenta que amabas a Emmett? – le pregunté completamente atenta a su respuesta.
-Cuando me abrazó
y me dijo que lo tendría siempre a mi lado, para apoyarme. La noche que me
violaron – dijo sonriendo – Pero no lo acepté hasta que estuve con él viviendo
en California.
-¿Qué hacéis
aquí? Ayudad un poco a poner la mesa – dijo Alice entrando en el comedor.
-Estábamos
poniendo los cubiertos, y nos hemos parado a hablar un momento – contestó
Rosalie.
-Mamá, la prima
Liz me ha dicho que no me quieres – dijo Charlie que llegó llorando para
cogerse de Alice.
-Liz, no le digas
esas cosas al primo que no ves que le haces llorar – regañé a mi hija que venía
entrando en la sala.
-Yo no le he
dicho nada mamá, él ha pensado lo que a querido - dijo echándose en el sofá.
-Tu primo es
pequeño, Elizabeth no le puedes decir esas cosas, porque sabes que se las cree
– dijo Rosalie.
-Mamá, mira lo
que me ha regalado tío Emmett – dijo Anthony entrando corriendo. Me giré y vi
que en la mano traía unos guantes de boxeo.
-Emmett, cómo se
te ocurre regalarle eso a mi hijo – dijo quitándoselos de las manos – Esto no
es un regalo. Dame que lo guardaré para cuando tengas edad – dije mientras
comenzaba a subir las escaleras.
-Pero mamá ya
tengo doce años, soy…
-Ni se te ocurra
acabar la frase, hasta que no te comportes como un adulto maduro, no te has
hecho mayor – dije, sabiendo como acababa él la frase y le contesté lo que
muchas veces me dijo a mí mi madre cuando le decía cosas de mi enfermedad.
-Pero mamá… -
comenzó a quejarse.
-Anthony no le
proteste a mamá, si ella ha dicho que no, esos guantes se guardan hasta que
tengas edad – dijo Edward entrando por la puerta. Sonreí al verlo y me acerqué
para saludarlo, pose mis brazos en su cuello y lo besé apasionadamente.
-Que asco –
protestó Lily bajando las escaleras con Carlie, su hermana de la mano.
-Cuando seas más
mayor no pensaras así – dijo Edward despeinando sus rizos rubios. Abrazada a
Edward, miré a mis hermanos y hermanas, mis sobrinos y mis hijos. Todos
quejándose o riéndose por algo. Y no pude evitar sonreír al ver a Charlie
abrazado a Alice y Jasper abrazándolos a lo dos. Me hizo recordar el embarazo
que pasó mi cuñada.
Flash Back
Pov Alice
Después de que le
dieran el alta a Bella, ella, Emmett, Rosalie y Edward continuaron la
universidad mientras papá y Esme nos ofrecieron quedarnos en la mansión durante
mi embarazo. Y Jasper y yo pensamos en comparar una casa por aquí cerca para
estar junto a la familia. Pero Esme nos dijo que no hacía falta comprar nada,
que podíamos irnos a vivir a la casa que antes era de ellos. Y así fue ahora
estábamos viviendo allí los dos. Aunque no podía disfrutar de la casa porque
tenía que estar en mi habitación, prácticamente atada a la cama. Y todo era por
la mejor de las causas… mi bebé. Dijeron los médicos que los embarazos de alto
riesgo suceden también en mujeres jóvenes como yo, que sólo debía ser precavida
y tanto el bebé como yo estaríamos bien. Y yo acepté, pero aun así es muy
difícil.
Desde que
detectaron el problema, algo a lo que llaman "placenta previa", me
mandaron a hacer reposo absoluto. Dicen que la placenta nace en un lugar muy
cerca del cuello de mi matriz, que puede desprenderse y yo sangraría quizás
hasta morir y que mi bebé tendría la misma suerte. Eso me asusta, lo hace lo
suficiente para que tenga meses casi sin moverme.
Pero me estaba
volviendo loca. Claro, tenía visitas, televisión, libros, computadora, todo
cuanto deseara… pero el encierro era mucho y ya odiaba cada día. Me dolía el
cuerpo por la inactividad y a ratos creía volverme loca, pero todo era por mi
bebé.
Esa mañana
comenzó como cualquier otra, me levanté y fui a darme un baño, sentada en la
tina, dejé que el agua subiera de nivel y me enjaboné con cuidado, tomándome mi
tiempo. Alargué el proceso todo lo que pude, hasta que se enfrió el agua y
entonces, supe que era momento de salir. Me puse de pie con cuidado, cargando
mi vientre de ocho meses de embarazo y tomé la toalla para envolverme, pero
sentí algo.
Fue líquido tibio
entre mis piernas… y al mirar, noté que era sangre. Creo que palidecí, porque
eso era justo lo que más debía temer, empezar con la hemorragia. Si mi embarazo
fuera normal, no tendría que entrar en pánico, pero en mi caso… significaba que
finalmente la placenta se había desprendido, o por lo menos una parte de ella,
y era cuestión de tiempo el que mi bebé y yo muriéramos.
- ¡Jasper! –le
grité muy asustada y me apresuré a salir del baño, medio envuelta en la toalla.
Tomé la ropa que tenía lista y me la puse junto con una toalla femenina.
- ¿Qué pasa?
–entró apresurado y preocupado, yo no solía llamarlo así de alarmada.
- Estoy
sangrando… -mustié apenas.
- ¿Te duele algo?
–me preguntó acercándose con los ojos llenos de pánico.
- No – le
contesté ya derramando lágrimas.
- Van a estar
bien, los dos. –me besó la frente y me tomó en brazos para llevarme al auto.
En el coche
Jasper iba preguntando constantemente si me dolía algo y como estaba. Aun
conduciendo llamo a mi padre, pero le dijeron que se encontraba en quirófano,
entonces llamo a Edward, que estaba haciendo las practicas en el hospital. Le
explico la situación y después colgó y llamo a su madre y el resto de la
familia.
Lo siguiente fue
caótico, llegar al hospital, que le llamaran a mi médico mientras me iban
preparando para quirófano. No existían posibilidades de un parto normal para
mí, eso lo sabía, pero aun así me asusté al pensar que tendrían que abrirme
para sacar a mi bebé. Mientras me colocaban el suero y hacían lo demás, también
pusieron un monitor especial para el bebé… dijeron que de momento se veía bien,
pero no podían demorar las cosas.
Cuando llegó el
médico y me pasaron al quirófano no quise despedirme de Jasper, pero tenía que
hacerlo. No iban a dejarlo pasar porque tenían miedo de qué iba a suceder
conmigo y con nuestro hijo. Lo primordial era sacar al bebé, pero una vez hecho
eso… yo aún corría peligro de desangrarme, o de que tuvieran que quitarme toda
la matriz y nunca más fuera capaz de tener otro bebé.
- Vas a estar
bien. –me murmuró Jasper en el último minuto que teníamos para estar juntos.
- Lo sé.
–Contesté con toda la seguridad que pude - Cuida bien a nuestro bebé.
- No me pidas
eso, Alice, no como si te estuvieras despidiendo. –me ordenó enojado.
- Te amo. –le
dije y me moví un poco para dejar un suave beso en sus labios.
Luego, me
llevaron en la camilla al quirófano y ahí me pasaron a la mesa de operaciones,
el anestesiólogo me puso un bloqueo en la espalda para no sentir el dolor y me
adormeció, pero no me durmió totalmente. Pude escuchar todas las conversaciones
y ver que muy cerca tenían un paquete de sangre el cual al cabo de unos minutos
colgaron a mi lado y empezó a pasar a mis venas. Eso no era buena señal.
- Ya casi está
aquí tu bebé. –me anunció el médico y sonreí.
Deseaba
escucharlo llorar, pero no fue así, no sé cómo pero el sueño se me vino encima
junto con una fuerte sensación de mareo. Ignoro si fueron los medicamentos o la
pérdida de sangre, tampoco supe si volvería a abrir los ojos o no, pero nada
hizo que pudiera quedarme despierta. Nada.
Pov Edward
Pov Edward
Cuando entré al
quirófano me pareció la escena de horror de una película. Vi sangre muchas
veces antes, pero nunca se trató de mi hermana. En ese primer instante me
arrepentí de intentar ser valiente y pedir estar ahí, mi padre fue mucho más
sensato y decidió que por tratarse de su hija prefería no entrar, pero yo quise
hacerlo… creo que fue un error.
Vi el momento en
que le entregaban el bebé ensangrentado al pediatra y cómo él se lo llevó a la
cuna cálida para revisarlo, pero apenas le presté atención a mi sobrino porque
la mancha roja sobre la tela quirúrgica que cubría a Alice captó toda mi
atención, después, me fijé en la sangre que ya le estaban pasando directo a la
vena, en otra le tenían un suero y vi trabajando a una enfermera para ponerle
otra intravenosa… eso debía significar que mi hermana se estaba desangrando
tanto como parecía.
Lentamente me
acerqué y nadie me prestó atención, los cirujanos estaban muy ocupados en su
trabajo. Llegué hasta donde estaba el rostro Alice y vi que estaba dormida, o
inconsciente, cualquiera de las dos.
- No deberías
estar aquí. –me regañó el anestesiólogo, él me conocía. – Vete. –me ordenó, y
aunque una parte de mí quería hacerle caso, nunca lograría marcharme dejando
así a mi hermana.
- ¿Cómo está el
bebé? –preguntó el ginecólogo al mando.
- En perfectas
condiciones. –respondió el pediatra y poco después se escuchó el llanto
estridente.
- Creo que va a
ser necesario quitarle la matriz. –replicó como si el tener ya un bebé fuera a
salvar a Alice del dolor de no poder embarazarse de nuevo.
- Pero ella…
-repliqué apenas y por segundos todos me miraron.
- Te dije que te
fueras. –repitió el anestesiólogo.
- Ya está. –interrumpió
la enfermera cuando le pudo poner la tercera intravenosa y el suero para que
pasara rápido y repusiera la sangre que perdía.
Por un momento
pensé que deberían hacer algo para que todo saliera bien, Alice era muy joven,
demasiado, y no soportaría el dolor de ser incapaz de tener más niños. Iba a
decírselos, pero el pediatra se acercó a mí con mi sobrino envuelto en una
manta y me lo dio en brazos. Al tomarlo vi que eran reconocibles en él los
rasgos de mi hermana y los de Jasper, se veía indefenso… me recordó a mis hijos
y todas las veces que estuvieron a punto de quedarse huérfanos, lo mucho que
temí estar solo con ellos y que crecieran sin una madre.
Tal vez no era mi
decisión, pero de repente la respuesta se hizo clara. No valía la pena
arriesgar la vida de mi hermana, la compañera de Jasper, la hija de mi papá… la
madre de este bebé, sólo por tratar de salvar su fertilidad.
- Quítensela. –Les
dije- No importa nada, sólo sálvenle la vida.
Vi al médico a
los ojos y él asintió, tomando fuerza de mi certeza.
- Lo haremos.
Pero entrega al bebé y vete.
Supe que ese no
era mi lugar, por mucho que deseara quedarme, no podía. Besé la frente de mi
sobrino y se lo di al pediatra, después, me acerqué al oído de Alice para
murmurarle.
- Vas a estar
bien. Tu bebé necesita conocerte.
Después sólo di
media vuelta y me marché, muy decidido a darles la noticia a todos con calma.
Alice no podría tener bebés nunca más, pero salvarían su vida. No podía tener
dudas de eso.
Fin del flash
Back
Pov Bella
Alice sufrió
mucho al principio, después de salir de quirófano, entro en depresión cuando le
dijeron que no podría tener más hijos. Estuvo sin salir de casa encerrada con
todas las persianas bajadas y las luces apagadas. Pero entre todos le ayudamos
a salir de ese agujero en el que se había metido, diciéndole que tal vez no
tendría más, pero que ahora tenía a uno y que ella no estaba con él. Ahora es
feliz junto a Jasper y Charlie. Mi dio mucho alegría que le pusiera ese nombre,
Alice insistió y mi hermano no pudo negarse.
-¿Cómo te ha ido
en el hospital? – le pregunté a mi marido con una sonrisa.
-Estoy agotado,
dice Ness que haber cuando vas a verla – dijo sonriendo. Edward trabajaba junto
a su padre en el hospital, también se había decidido por cardiología. Y Ness
era una niña de cuatro años huérfana que estaba en el hospital ingresada, yo
siempre que podía iba a verla. Edward y yo estábamos removiendo papeles para
poder adoptarla, para que tuviera una familia que por experiencia sabía que era
lo más necesario cuando se está enfermo. La pequeña tenía la suerte de no tener
la enfermedad muy avanzaba y Edward y yo nos encargaríamos de que tuviera la
mejor calidad de vida posible. Recuerdo el día que la conocí.
Flash Back
Caminaba hacía el
despacho de Carlisle, porque me quería hacer una revisión de cómo estaba. Y no
se si para mi suerte o mis desgracia que como Edward estaba de practicas y él
le estaba enseñando, estaría mientras me revisaba. Pase por el pasillo de
cardiología y escuche llorar a alguien. Era una niña pequeña, estaba segura.
Camine a donde escuche el llanto y entre en una habitación donde había una niña
de no más de cinco años. Estaba con la mascarilla puesta y el suero en un
brazo. No pude evitar acordarme de cuando yo estaba así, me acerque a ella y le
aparte el pelo color caramelo que tenia encima de la cara.
-Hola – dije
colocando su pelo detrás de la oreja. Ella levanto la vista y me miro. Sus ojos
eran de un color marrón muy parecido al mío.
-Hola – murmuro
muy bajito.
-¿Qué te pasa?
Preciosa – pregunte mirándola todo el rato.
-No quiero estar
aquí – dijo llorando todavía.
-¿Cómo te llamas?
– pregunte sacudiéndole las lagrimas.
-Renesmee, pedo
me llaman Nessie o Ness (Renesmee, pero me gusta que me llamen Nessie o Ness) –
me contesto.
-Yo me llamo
Isabella, pero me gusta que me llamen Bella – dije sonriendo.
-Que nombe más
chulo (Que nombre más chulo) – dijo con una pequeña sonrisa.
-Y tú, ¿Cuántos
años tienes? – le pregunte. Con la mano me señalo cuatro.
-Bella, ¿Qué
haces aquí? – Dijo una enfermera entrando, en la habitación, se acercó a la
cama y comenzó a cambiar el suero – Carlisle te estaba buscando como loco –
dijo. Mierda. Se me había olvidado la visita.
-¿Te vas? – me
pregunto la pequeña con las lagrimas acumulándose en los ojos.
-Tengo que ir a
ver a mi medico, pero después vuelva a verte – dije sonriendo.
-¿Estas malita? –
me pregunto.
-Un poquito, como
tú – dije mirando a la enfermera.
-Te están
esperando en el despacho los dos, están bastante nerviosos, yo te ti iría ya –
dijo sonriendo. Comencé a salir.
-Bella – me llamo
la pequeña y me gire para verla – No te olvides de venir – dijo son una leve
sonrisa.
Fin del Flash
Back
Después le
pregunte a Carlisle que tenía y como estaba, me explico su estado y que era
huérfana. No pude evitar ir cada vez que podía, y tan solo hacía dos meses que
la conocía. Y sabía que no podría separarme de ella porque me recordaba mucho a
mí.
-¿Dónde esta
Carlisle? – pregunté al darme cuenta de que venía solo.
-Se quedó porque
tenía una reunión, pero no tardará en venir ¿Y Esme?- preguntó al no verla con
lo demás.
-Mi madre ha
salido a hacer la compra y de paso a comprar helado, porque a Rosalie le entró
un antojo – dijo Emmett riéndose. Abrazando la barriga de Rosalie que estaba de
cuatro meses.
-Cuando vengan,
tiene que estar todo listo – dijo Alice, mientras corría escaleras arriba y
después la vi bajar con la bandeja de comida.
-Sí, acordaros de
la pancarta – dijo mi hijo levantándose del sillón y fue a un cajón y sacó una
sábana blanca donde ponía "Feliz aniversario". Hoy se cumplían trece
años que Carlisle y mamá se habían casado, y estábamos todos para celebrarlo.
No sólo por su boda sino porque gracias a eso ahora éramos todos una familia.
-Bella, ve a por
las servilletas blancas – me pidió Rosalie que estaba subiendo para coger los
platos.
-¡Ya están aquí!
– gritó Liz que estaba asomada a la ventana. Al parecer como casi siempre mamá
fue a buscar a Carlisle para venirse juntos.
-Todos a sus
puestos – dijo Edward agarrándome de la mano para escondernos detrás de los
sofás como todos. Escuchamos la puerta y las luces encenderse.
-¡Feliz
aniversario! – gritamos todos. Hicimos que se sobresaltaran un poco pero
después sonrieron al ver de qué se trataba.
-Gracias familia
– dijeron los dos y comenzamos a abrazarnos. Nos pusimos alrededor de la mesa
donde estaba el champagne, y el agua para los niños, Rosalie y para mí.
-Un brindis –
dijo Carlisle.
-Yo quiero
brindar por las ganas de luchar, de seguir a delante, de no dejarse vencer –
dije con una sonrisa.
-Yo brindo por la
vida – dijo Alice alzando su copa.
-Pues yo por que
nos entiendan – dijo Lily alzando su vaso de agua.
-Por que todos
tengamos las mismas oportunidades – dijo Jasper
-Por la felicidad
de los que estamos aquí los que quedan por llegar – continuó Rosalie, mientras
se acariciaba el vientre.
-Por no estar
nunca solos – dijo mi hijo pasando su brazo por la cintura de su hermana
abrazándola.
-Por el amor de
verdad – siguió Emmett.
-Para mejorar
como personas – continúo mi hija.
-Por los sueños –
dijo Edward alzando su copa.
-Por la esperanza
de seguir todos juntos, porque sin ella, estaríamos perdidos. – dijo mamá.
-Por nosotros,
por la familia, y por Charlie. Que nos estará mirando desde donde quiera – dijo
Carlisle y todos juntamos nuestras copas. Ahí me di cuenta de una cosa. El
miedo es como la familia, que todo el mundo tiene uno/a, pero aunque se parezca
los miedos son tan personales y tan preferentes como pueden serlo todas las
familias del mundo. Hay miedos tan simples como mirar debajo de la cama porque
piensas que va a haber un monstruo. Miedos con los que uno aprende a ir
conviviendo, hay miedos hechos de inseguridades, miedo a quedarnos atrás, miedo
a no ser lo que soñamos, a no estar a la altura. Miedo a que nadie entienda lo
que queremos ser, hay miedos que nos va dejando la conciencia. Hay miedo a ser
culpable de lo que les pasa a los demás y también miedo a lo que no queremos
sentir, a que alguien que no queremos mirar, a lo desconocido, como el miedo a
la muerte, a que alguien que queremos desaparezca. Hoy he escuchado a un señor
de la televisión que decía que la felicidad es la ausencia del miedo y entonces
me he dado cuenta de que últimamente yo ya no tengo miedo.
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