CAPITULO: 12
Pov Bella
Habían
pasado unas semanas desde que Edward y yo intentamos hacerlo por primera vez.
Fue un desastre, mi Edward tuvo que llamar a Carlisle porque me puse mal. Al
día siguiente Carlisle me dijo que me quedara en casa haciendo reposo, y el
resto fue al colegio. Me sorprendió cuando me enteré de que Edward les había
contado a mi madre y su padre lo de nuestros hermanos cuando ellos dijeron lo
del desmayo, después de eso Carlisle y mamá eran indiferentes con todo lo que
les pasaba a ellos. Cuando le pregunté a mi mamá me explico que estaba muy
decepcionada, pero que no quería gastar energías en discutir con mis hermanos
de ese tema, porque no valía la pena. Y Carlisle dejó de hablarles a sus hijas,
tan solo lo hacía para cosas importantes. Me sentí mal por ello, pero ellos nos
habían hecho lo mismo a nosotros. Los
días fueron pasando, y yo cada vez estaba mejor, me estaba recuperando poco a
poco, y estaba muy feliz por ello. Edward me estuvo apoyando en todo. Y mis
amigas y los amigos de Edward que ahora éramos un grupo todos, también me apoyaron
mucho en todo. Nunca olvidaré el día que Jake, Seth y Paul se enteraron de que
estaba enferma.
Flash
back
Estaba
aburridísima. Edward se estaba duchando, Alice y Rosalie habían arrastrado a
mis hermanos para ir de compras, mi madre estaba trabajando y Carlisle se había
ido de guardia después de explicarme que me tenía que quedar en la cama con el
oxígeno, pues la noche anterior me había puesto mal, por culpa de una discusión
con mis hermanos sobre mi padre. Me resigné y decidí hacerle caso y quedarme en
la cama con el oxígeno. Me puse la tele y me quedé viendo los dibujos. Picaron
a la puerta, me di cuenta que Edward no podría abrir, así que poco a poco para
no marearme cogí la bombona de oxigeno que era pequeña y la podía llevar y fui
a la puerta. Seguramente serian mis hermanos que se habían ido sin llaves y por
eso picaban, pero cuando abrí la puerta no eran ellos.
-¿Bella?
– Me preguntó Jake - ¿Qué haces con eso? – Seth y Paul estaban a su lado y las
chicas venían detrás.
-Yo…
- estaba en blanco y no sabía que contestarle. Como acto reflejo me la quite
rápidamente – Estaba probando la cosa esta de Carlisle – dije sonriendo. No
parecieron muy convencidos, pero no dijeron nada, hasta que me flamante novio
bajó por las escaleras.
-Bella,
¿Qué haces de pie?, ¿Y con el oxígeno fuera? – dijo bajando por las escaleras,
me puso nuevamente la mascarilla.
-Entonces…
¿Es tuya o no? – me preguntó Seth. Edward se giró sorprendido, al parecer no se
había percatado de la presencia de nuestros amigos. Mi respuesta fue un
estornudo.
-¿Podemos
entrar?– dijo mi novio empujándome dentro de casa, lo que menos necesitaba
ahora era un constipado.
-Sí
– conteste, cuando me senté en el sofá.
-¿Si
qué? – me preguntó Paul.
-Que
sí que es mío el oxigeno… - contesté, Edward y las chicas esperaron su
reacción.
-¿Por
qué? – pregunto Seth. Yo agache la cabeza y apoye mi espalda en el sofá.
-Porque
estoy enferma y hoy necesito llevarlo… - los tres se miraron entre ellos.
-¿Qué
tienes? – preguntó Jake sentándose conmigo.
-Insuficiencia
cardiaca, anoche me puse mal y por eso lo llevo puesto – le expliqué.
-No
puede ser… - susurro Paul.
-Lo
es – dije levantando la cabeza para mirarlo.
-Puedes
contar con nosotros en lo que quieras – dijo Seth agachándose y cogiéndome la mano.
-Gracias
– dije devolviéndole la sonrisa – Nunca he querido que nadie se entere y en
casi cuatro meses se ha enterado mucha gente – dije encogiéndome de hombros.
-Es
bueno, que recibas apoyo – dijo Tanya acariciándome.
Fin
del flash back
Desde
ese día hemos estado muy unidos. Tanto que Tanya y Jacob son novios… cuando me
enteré me sorprendí mucho, pero me alegré por ellos, mi amiga necesitaba a
alguien que la amara y cuidara y Jake era un gran chico.
Y
sobre mi padre no había sabido mucho, sólo que se había vuelto a ir para
recoger sus cosas y volver y quedarse a vivir aquí para estar cerca de mí. Mis
hermanos se molestaron así como mi madre, pero me pareció muy buena idea,
porque podría conocerlo más. Hoy era un día especial, un día que durante dieciséis
años en mi vida lo había odiado con todo mi corazón, pero hoy no. Hoy sería
diferente a como era siempre. Este año tenía a Edward y estábamos a 14 de
febrero el día de los enamorados. Edward me tenía con los ojos cerrados y me
guiaba por las escaleras. Yo volvía a dormir el mi habitación de arriba, pues
subía las escaleras sin ningún sofoco.
-No
estás mirando, ¿Verdad? – me preguntó Edward en un susurro en la oreja.
-Con
tus manos no, ya verás cómo me caeré… - le dije riéndome.
-Así
debe ser, que si no me destrozas la sorpresa – me dijo. Continuamos subiendo
escaleras de la casa, hasta que llegamos creo que a la tercera, caminamos un
poco recto y se paró - ¿Estas preparada? – me preguntó en un susurro en la
oreja.
-Sí
– le conteste con algo de miedo. El poco a poco fue destapando mis ojos, la
puerta de su habitación estaba abierta y había un pequeño caminito de pétalos
de rosa que llevaba hasta una mesa lista para cenar.
En
ese instante me quedé sin aliento, los pétalos de rosa alrededor de la mesa y
regados por el piso, las muchas velas que adornaban todo el lugar llenándolo de
suave luz y roma dulce que se mezclaba con el de mi comida favorita, él lo
sabía todo. Además noté una botella de champagne en hielo y un tazón con fresas
al lado. Al final, vi también la cama, con un corazón hecho también de pétalos
y entendí a lo que inevitablemente llevaría esa noche, porque ambos lo
deseábamos. Una lágrima se derramó por mi mejilla y la quité rápidamente.
-¿No
te gusta? – me preguntó nervioso.
-Me
encanta, pero es demasiado, ¿Por qué lo has hecho? Nosotros no podemos… - dije
sin acabar la frase porque me ponía nerviosa.
-Mi
padre ha dicho que estás recuperada, por lo tanto significa que podemos. Pero
sólo si tú también lo deseas. - me dijo sonriendo, y comenzó a besarme.
Desde
el primer instante entendí que mis dudas eran en vano, no debía tener miedo
alguno y le correspondía el beso, con sus labios en los míos y sus manos en mi
cuerpo, lo deseaba tanto como él a mí. Muy pronto le desabroché poco a poco la
camisa y él me levantó despacio la blusa, ya después tendríamos tiempo para
cenar.
Pov Rosalie
-Bueno,
como los cuatro estamos solos, vamos de fiesta – dijo Emmett riéndose.
-Pues
no estaría mal. Yo me apunto. Vamos a celebrar el día de los enamorados con la
primera persona que se nos ponga por delante… - dije colocándome al lado de
Emmett, el choco mi mano y paso su mano por mis hombros.
-¿Os
apuntáis? – Peguntó Emmett – Carlisle y mama se van a pasar todo el funde fuera
juntos. Y en casa están los tortolitos… - dijo haciendo una pose cursi.
-Pues
sí no me apetece mucho estar con una pareja así que me apunto… - dijo Alice
dándome la mano y abrazándonos.
-¿Jasper?
– preguntó Emmett al ver que su hermano dudaba.
-Está
bien – dijo nos choco las manos a todos.
-¿Un
buen sitio? – pregunté.
-Conozco
uno que voy todos los años porque se liga mucho… - dijo Emmett asintiendo y
sonriendo como loco.
-Pues
no se hable más nos vamos allí – dijo Alice, y comenzamos a caminar hacia el
lugar.
…
Alice
estaba sentada en la mesa con Jasper y de vez en cuando se ponían a bailar
juntos. Emmett bailaba con todas las que podía, cada canción con una. Yo por lo
contrario estaba bailado con un chico que había conocido hace un rato. Era
guapísimo y bailaba muy bien.
-Oye
preciosa, ¿Por qué no salimos, que aquí hay mucho ruido? – me susurró al oído,
yo sonreí y cogí su mano para salir. Cuando pasamos por el lado de mi hermana
me paré.
-Voy
fuera – ella me miro asintió y luego comenzó a negar. Nos fuimos haciendo paso
entre la gente y salimos de la discoteca.
-Ven,
conozco un sitio más tranquilo que la puerta del bar – me dijo, y me cogió y
nos metimos en el callejón de al lado. Al cruzar la esquita me tomó por los
hombros y me acorraló contra la pared de forma tan brusca que me asustó.
-¿Qué
haces? – pregunté al ver que me comenzaba a meter la mano por la falda.
-Llevas
toda la noche provocándome, aquí mi amigo no es de piedra… - dijo señalando su
miembro.
-Suéltame,
quiero volver dentro – dije intentando moverme, pero me tenía apretada
demasiado fuerte entre el muro y su cuerpo, de esa forma fue perfectamente
capaz de sentir su excitación contra mi vientre y me di cuenta de lo estúpida
que fui por meterme en esa situación.
-No,
preciosa, no. Tú esta noche vas a ser mía – dijo pasando la lengua por todo mi
cuello.
-Suéltame,
me estás haciendo daño – susurré, aunque en realidad quería gritar, totalmente
asustada y asqueada al sentir sus manos y su lengua recorriendo mi cuerpo.
-Tranquilízate,
preciosa, sino, te va a doler… - dijo arrancándome la camiseta, solté una
exclamación de dolor – No lo hagas más difícil – Me desesperé aún más al ver
que no podía moverme sin importar que tanto lo intentara, era totalmente débil
e impotente ante él – Disfruta pequeña… - dijo. Mientras con una mano me
agarraba, con la otra se bajó los pantalones.
-No,
por favor… - rogué llorando a lagrima viva – Deja que me vaya. –supliqué
sabiendo que era en vano y él, ese desconocido podría tomar de mí todo lo que
deseara, estaba humillada.
-No,
deja que yo me encargue de todo – dijo, me empujó y me tiró al suelo, al caer
sentí el golpe no sólo contra mi espalda, sino más fuerte en la cabeza, al
instante un dolor punzante se instaló ahí. Me sacó la falda… como pude intenté
soltarme y le di una parada en sus partes. Él me miro furioso, y me dio una
cachetada girándome la cara y partiéndome el labio – No te portes mal, rubia.
-Déjame…
- dije llorando. Entonces la sentí, ya estaba dentro de mí, abriéndose paso de
la peor forma que pudiera existir, desgarrándome por dentro, haciendo añicos
cualquier rastro de dignidad que me quedara, estaba a su merced, débil e
indefensa.
-Disfrútalo,
pequeña… - dijo mientras me lamia todo el cuello y jadeaba con su aliento
asqueroso junto a mi oído. Yo no deseaba nada más que nunca haber ido ahí esa
noche.
Pov Emmett
Las
tías se me tiraban encima como lapas, y me encantaba. Pero me sentía amargado
porque Rose estaba bailando con un tío que no me dio buena espina en ningún
momento. Dejé de mirar a la chica con la que estaba, para buscar a Rosalie por
el local pero no la encontré.
-Un
momento – le dije a la pelirroja con la que bailaba. Camine a la mesa donde mi
hermano y Alice estaba sentados - ¿Dónde está Rose? – les pregunté.
-Ha
salido hace rato con el chico que estaba bailando… - me dijo Alice encogiéndose
de hombros.
-¿Todavía
no ha vuelto? – les pregunté algo confuso.
-No
pero no te preocupes, estará pasándoselo bien con él a solas… - dijo Alice
sonriendo.
-Voy
a salir a hacer una llamada a Bella – dije cogiendo mi chaqueta porque
seguramente hacia frio. Los dos asintieron y salí. En la puerta busqué con la
mirada a Rosalie pero tampoco la encontré. Se escuchaba de lejos la música de
la discoteca y unos leves sollozos, los seguí y llegue a un callejón. Me asomé
y vi la melena rubia de Rosalie. Ella estaba apoyada en la pared y era quien
lloraba.
-¿Rosalie?
– Pregunté tocándola, ella se asustó y se apartó de mí como si la hubiese
quemado – ¡Eh! No pasa nada soy yo – dije. Levantó la cabeza para mirarme, sus
ojos están rojos y una filita de sangre salía por la comisura de sus labios.
-Emmett
– dijo y me abrazó de repente. Entonces fue cuando se quitó las manos de
alrededor de las rodillas y las tenia encogidas y me pude percatar de que
estaba sin ropa.
-¿Qué
te ha pasado? – pregunté alarmado al verla así. Me saqué la chaqueta y
rápidamente se la di. Ella no me contestó y continuó llorando – Eh! Ya ha
pasado, tranquila… - dije acariciando su espalda mientras la arropaba tenía que
estar congelada del frio. No me podía creer lo miserable que había sido el
imbécil… la había violado… cómo alguien puede ser tan ruin – Ven, voy a llamar
a mi hermano para decirle que nos vamos tú y yo de fiesta, que se puede ir con
Alice a casa si quiere. Que pida un taxi – dije ayudándola a levantarse. Ella
continuaba llorando y se abrazaba a sí misma, nunca había visto a Rosalie
llorar y estaba muy impresionado. Le abroché la chaqueta y la llevé al Jeep. La
ayudé a meterse y cuando entré puse la calefacción.
-Vamos
al hospital que te vea un médico – dije rápidamente. Ella puso la mano encima
de la mía.
-No,
conocen a mi padre y lo llamarán. Vamos a otro lado – me susurró. Veía el dolor
en sus ojos y me estaba partiendo el corazón.
-Vale
tranquila, vamos a un hotel para que puedas ducharte y cambiarte de ropa. Atrás
están las prendas que os habéis comprado hoy – dije. Ella me miró como nunca lo
había echo y con esa mirada sabía que me estaba dando las gracias. Sonreí y fui
directo al primer hotel que encontrara.
Pov Jasper
-Creo
que nos han dejado solos… - le dije a Alice – Mi hermano me acaba de enviar un
mensaje que se va con Rosalie a no sé donde… - dije encogiéndome de hombros.
-Bueno,
entonces vámonos para casa, ya me aburrí – me dijo levantándose de la mesa. Los
dos atravesamos todo el bar y en la puerta pedimos un taxi para volver a casa.
Todo el camino estuvimos en silencio. Al llegar a casa todas las luces estaban
apagadas, pero se escuchaba ruido en la planta de arriba.
-Voy
a mi habitación a ponerme el pijama – dijo Alice subiendo las escaleras.
-Yo
iré a ver como esta Bella – dije siguiéndola, ella se quedo en la segunda
planta y yo continúe subiendo hasta la tercera. Piqué a la puerta de la
habitación de mi hermana pero no contestó nadie así que abrí. Pero no había nadie.
Entonces pique en la de Edward.
-¿Quién?
– dijo Edward parecía agitado.
-Soy
yo, Jasper – dije alto para que me escuchara.
-¿Qué
quieres Jasper? – me preguntó abriendo la puerta para que solo pudiera verle la
cara.
-Saber
si mi hermana está contigo… - dije. Molesto por cómo me había abierto si se le
podía llamar así a como estaba.
-Sí,
está conmigo – me dijo entonces abrió la puerta del todo. Mi hermana está
sentada en el escritorio con el pijama.
-¿Ya
habéis llegado? – me preguntó.
-Alice
y yo sí, Emmett y Rose se han ido a otro sitio sin nosotros… - dije riéndome -
¿Qué hacéis aquí tan solos…? ¿Y por qué has tardado tan tú abrirme? – pregunte.
-Yo
estaba en el baño y Edward, dormido – me contestó mi hermana.
-Claro…
- dije, estos dos se pensaban que yo era tonto – Pero bueno, no voy a meterme
en esas cosas, haced lo que queráis… Mientras no tenga problemas en la salud de
mi hermana – dije y me fui.
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