CAPITULO: 3
Pov Bella
Estábamos
mi madre y yo sentadas en la consulta, esperando que el doctor Cullen viniera
con los resultados de las pruebas. Habían sido muchas y estaba algo cansada,
cuando llegara a casa tenía muy claro que iba a tomar una siesta.
-Bueno,
ya tengo los resultados – dijo entrando con un sobre en la mano. Me puse un
poco nerviosa, tenía miedo de qué dijeran esos resultados. Se sentó y abrió el
sobre, estuvo leyendo unos minutos – Según me muestran los resultados de las
pruebas que te hemos hecho, la enfermedad ha avanzado, no mucho, tú estabas en
la fase dos la última vez que viniste, ahora estás entre la dos y la tres.
También tengo que decirte, que te voy a poner una dieta, porque cuando te he
pesado he visto un cambio brusco y eso no me gusta porque implica que ha habido
una descompensación con la enfermedad. Así como tampoco me gustan los síntomas
que has estado teniendo. Te mandaré unas pastillas nuevas para que te las tomes
por las noches para poder dormir. Y sobre la fatiga y la debilidad, es
importante que cuando te sientas así se lo digas a alguien.
-Muy
poca gente sabe que estoy enferma, y pretendo que siga siendo así – dije
seriamente.
-Lo
sé, ya me lo has dicho. Pero aunque no sepan que estas enferma puedes decir que
te encuentras mal. O si no, lo ves con alguien que sepa que estás enferma – me
dio dos opciones que no me gustaron nada – Las pastillas que te tomas están
bien, no hace falta cambiarlas. Síguetelas tomando con los horarios que tienes,
y como te he dicho, por la noche añades la que te he puesto para poder dormir
bien – dijo seriamente.
-Si
se le ha olvidado tomarse una pastilla ¿Puede repercutir en que esté peor? –
preguntó mi madre.
-Como
he dicho es muy importante que se tome las pastillas, pero depende del estado
en el que esté ese día o esa temporada, le puede afectar de una forma u otra.
Yo con los síntomas que tiene, no aconsejo que se salte ninguna pastilla –
explicó Carlisle.
-Muchas
gracias doctor – dije. Me quería ir ya de ahí. Llegar a casa y poder acostarme.
-De
nada – dijo levantándose y preparando la mano para dármela – sabes que puedes
venir sin pedir consulta, te atenderé rápidamente – yo sonreí en
agradecimiento. Le estreché la mano y esperé que mi madre también lo hiciera.
-Gracias
por todo – le dijo ella. El asintió. Mi madre y yo salimos de la consulta y nos
fuimos al coche.
Pov Jasper
-¿Sabes
cuando sale? – me preguntó Tanya impaciente. Yo también lo estaba, hoy
revisaban a mi hermana y tenía miedo de los resultados.
-No
lo sé. Dentro de un rato llamaré a mi madre para preguntarle. No quiero
intervenir en medio de una consulta – le dije. Ella asintió. Miré la mesa de mi
hermano y vi que él tampoco estaba tranquilo.
-Hola.
– escuche la voz de una mujer, me giré y había una de las chicas nuevas, alta y
rubia – Me llamo Rosalie Cullen ¿y tú?
-Jasper
Swan – le dije, ofreciéndole mi mano.
-¿Qué
haces con eso? – Me dijo haciéndose la ofendida o tal vez lo estaba – Dame dos
besos como Dios manda – se acercó y me dio dos besos sin dejar que yo
contestara - ¿Tienes pareja? – Le negué, estaba flipando – Estupendo, te
gustaría pasar una noche conmigo… - abrí los ojos impresionado, no me podía
creer lo que me acababa de decir.
-Lo
siento pero no, no soy de esos – le dije encogiéndome de hombros – te equivocas
de hombre – le dije sonriendo.
-Yo
nunca me equivoco y siempre tengo lo que quiero – y se fue. Vi como Tanya se
reía, así como Kate e Irina.
-¿Y
esa? – Pregunto riéndose – Es como tu hermano Emmett, no harían mala pareja.
-¿Tú
crees? – pregunté, y los cuatro comenzamos a reír. Alguien me tocó la espalda,
y vi a mi hermano salir por la puerta de la cafetería con el teléfono en la
oreja. Mi madre. Fue lo primero que pensé, por ese motivo me levanté y fui
detrás del. Tanya y sus hermanas pensaron lo mismo que yo y también nos
acompañaron. Cuando llegue donde él estaba pude escuchar la conversación por
parte de mi hermano.
-¿Y
porque no nos ha dicho nada? – preguntaba, yo lo miré extrañado. ¿No contar
nada de qué? – Esta chica es tonta, luego nos dice que no nos preocupemos –
hizo otra pausa, las chicas tampoco estaban entendiendo mucho - ¿Ahora qué
hace? – Le preguntó – Bueno mamá, es comprensible, después del examen de ejercicio
es normal que esta cansada. Deja que descanse – mi hermano se calló y justo
sonó el timbre – Bueno mamá, te dejo que me voy a clase – y le colgó.
-¿Qué
pasa? – le pregunte.
-Bella
no nos ha estado contando que ha tenido síntomas. Le han recetado unas
pastillas para que pueda dormir, porque se ve que últimamente no puede hacerlo
mucho. Y ahora está entre la fase dos y la tres – nos explicó mientras
andábamos para clase – Me voy a mi clase, nos vemos después en el
estacionamiento – Nos despedimos, es se fue para su clase y yo para la mía, las
chicas ya se habían ido.
Me
quedé preocupado, mi hermana había tenido síntomas y no nos había dicho nada.
Eso quería decir que no se ha estado sintiendo bien. Pedía confianza… pero
luego no confiaba ella en nosotros.
Pov Esme
Aparqué
el coche en la entrada de casa, las dos salimos de él y caminamos para llegar a
casa. Mi hija se veía cansada, yo lo notaba.
-Mamá,
me voy a ir a dormir, tantas pruebas me han matado – dijo, me dio un beso y
subió las escaleras. Yo me fui al salón y cogí el teléfono, le prometí a Emmett
que lo llamaría en cuanto llegáramos a casa. Dio dos toques y lo cogió.
-Mama
– dijo rápidamente - ¿Cómo ha ido?, ¿Ya estáis en casa?, Mamá, me quieres
contestar – Me había hecho muchas peguntas seguidas.
-Si
no preguntaras tan seguido. Estamos en casa, y sobre cómo ha ido, no sé qué
contestarte – le dije eso ultimo más bajito.
-¿A
qué te refieres? – Me preguntó nervioso.
-Tu
hermana nos ha estado ocultando cosas. Ha tenido síntomas últimamente, y no
precisamente buenos. Dice que tiene fatiga, debilidad, cansancio, tos… y que
por las noches no puede dormir bien porque no puede respirar bien – le
contesté.
-¿Y
por qué no nos ha dicho nada? – me preguntó.
-Dice
que no quería preocuparnos – le contesté. Me sentía mal porque mi hija no me
contara todo lo que le pasa.
-Esta
chica es tonta, luego dice que no nos preocupemos – me quedé callada.
-Tenemos
que estar más encima de ella – dije en un susurro.
-¿Ahora
qué hace? – me preguntó.
-Me
ha dicho que estaba muy cansada y quería irse a descansar, según ella por el
examen de ejercicio pero, creo que es por más cosas – le contesté.
-Bueno
mamá, no tienes que pensar siempre mal, es comprensible, después del examen de
ejercicio es normal que este cansada. Deja que descanse – me dijo mi hijo
tranquilamente. Escuché como sonaba el timbre – Bueno mamá, te dejo que me voy
a clase – y me colgó. Me senté en el sofá pensativa. Cuando escuché que picaron
al timbre, así que me levante y fui a abrir.
-¿Qué
haces tú en mi casa? – le pregunté sorprendida. Me podía esperar a cualquiera
pero no a él.
-En
la consulta no pudimos hablar, y vengo a que lo hagamos – me dijo seriamente –
¿Me vas a dejar entrar? – preguntó haciendo un gesto, me aparté para que
pudiera pasa.
-¿Cómo
sabias dónde vivo? – le pregunte, esta no era la casa ni de Charlie cuando era
joven ni la mía.
-Por
la dirección en el historial de tu hija – dijo sonriendo – La tienes bien
decorada – observó mirando para todos lados.
-Trabajo
de eso – le dije - ¿Qué querías hablar? – le pregunté directa.
-He
venido a este pueblo solo para buscaros a ti y a Charlie. Y te he encontrado,
de verdad piensas que voy a dejarte escapar – me dijo con un tono de burla.
-No
sé para que vienes a buscarme, si fuiste tú el que dejó de llamar – le
reproché.
-Mi
padre murió cuando llegamos a Nueva York. Perdí el móvil, y no me sabía tu
número ni el de Charlie – me dijo seriamente.
-Siento
mucho lo de tu padre – le dije, era un gran hombre.
-Hace
mucho que paso eso. – Me dijo un poco triste – Sé que has hecho tu vida y que
ahora estas casada con Charlie, pero podemos ser amigos – me dijo yo comencé a
reír.
-Sí,
me case con Charlie, pero ahora estamos divorciados. Nos abandonó cuando Bella
tenía cuatro años – le dije.
-¿Os
abandonó? – Asentí – Nunca me lo hubiera imaginado.
-Pues
sí lo hizo – le dije. Hacía muchos años de eso, y había logrado reponerme de
aquella oscura época - ¿Y qué es de tu vida?, ¿Estas casado? – le pregunté.
-No,
soy viudo. Mi mujer murió hace quince años – me dijo aprensado – Y bueno, ya he
conseguido superarlo, tengo tres hijos. Dos niñas y un niño. Son lo más
importante que tengo – me dijo sonriendo.
-Yo
también tengo tres hijos, son mi alegría, aunque a veces hagan tonterías – le
dije sonriendo también. Los dos comenzamos a reír cuando escuché que la puerta
de casa se abría.
-Mamá
estamos en casa – escuché a Emmett gritar. Después se asomaron a la sala donde
Carlisle y yo estábamos – No sabíamos que había visita.
-Él
es Carlisle, el nuevo medico de vuestra hermana y un viejo amigo de mi juventud
– les dije.
-¿El
médico de Bella? – preguntó Jasper.
-Sí
– se adelantó a responder Carlisle.
-Carlisle,
ellos son mis hijos, Emmett – dije señalándolo, mi hijo le dio la mano – y
Jasper – y también muy educadamente le dio la mano – Bueno, a Bella ya la
conoces – le dije con una sonrisa.
-Sí,
a ella sí la conozco – dijo – Aunque me hubiera gustado conocerla de otra forma
– dijo apenado.
-Doctor,
díganos usted de buena mano, ¿Cómo esta nuestra hermana?- le preguntó Jasper.
-Como
ya he dicho en la consulta, ha avanzado un poco en la enfermedad, pero por el
momento no es nada alarmante. Su peso se cambiado mucho a la ultima vez, lo que
quiero que cumpla la dieta que le he mandado. Sobre la fatiga y la debilidad no
puedo mandar ninguna pastilla, pero quiero que no la dejen sola… Por cierto,
¿Dónde está? – preguntó.
-Estaba
cansada por las pruebas y se ha ido a dormir – le contesté.
-Las
pastillas para dormir que le he recetado, se las tiene que tomar por la noche,
así dormirá mucho mejor – nos explicó – Y si necesitáis alguna cosa. Ésta en mi
tarjeta. Tiene mi dirección y mi número de teléfono, tanto de casa como el
móvil – dijo y me la entregó. Lo vi como algo más, no solo con la intención de
que lo llamara si algo le pasaba a Bella.
-Gracias
– dijo Jasper.
-De
nada, para eso estamos los médicos, para cuidar a nuestros pacientes – le
contestó – Me voy a ir ya, porque mis hijos tienen que estar por llegar a casa.
Y mi guardia acabó hace un rato – se levantó y lo acompañamos hasta la puerta.
Emmett la abrió. Pero antes de que Carlisle saliera escuchamos un ruido en la
planta de arriba. Mis hijos salieron corriendo escaleras arriba, yo detrás de
ellos y Carlisle detrás de mí.
-Bella,
¿Qué pasa? – le preguntaba Jasper. Mi hija estaba en el suelo y sus hermanos al
lado tirados con ellos. Carlisle se acercó.
-¿Qué
te paso? – le pregunto mirando su cara, estaba pálida como el papel.
-¿Dr.
Cullen? – preguntó en un susurro que prácticamente no escuchamos ninguno.
-Si,
Bella soy yo, ¿Qué te pasó? – le volvió a preguntar.
-Me
he despertado y quería ir abajo, pero no tenía fuerzas y me caí – dijo mirando
para abajo – Estoy muy mareada.
-Podéis
ponerla en la cama – les indicó a mis hijos, los dos asintieron y cogieron a
Bella para meterla en la cama. Mi hija lloraba desconsoladamente.
-Bella,
tranquila, si te estás nerviosa te pondrás peor – le dijo. Su respiración era
agitada. Sus hermanos seguían a su lado. Y me daba la sensación de que la
estaban agobiando más.
-Emmett,
Jasper, venir para aquí, que la agobiáis – les dije, los dos se levantaron de
la cama y vinieron a mi lado. La respiración de mi hija cada vez la veía más
agitada.
-Bella,
mírame – le dijo Carlisle levantando su cabeza para que sus ojos coincidieran.
-Estoy
muy mareada – le dijo en otro susurro.
-Lo
sé, pero tienes que hacer un esfuerzo, respira hondo, sigue mi respiración – le
dijo colocando la mano de mi hija en su pecho. Mi hija poco a poco fue
respirando más calmada - ¿Ahora le toca un pastilla verdad? – preguntó
mirándonos. Los dos estábamos serios mirando como lo hacía. Cuando me di
cuenta, asentí – Ir a buscarla, que se la tome ahora – nos dijo, Emmett fue el
que salió corriendo a buscar la dichosa pastilla. Entró nuevamente en la
habitación con una pastilla y un vaso de agua.
-Ten
– y se lo dio a Carlisle. Mi hija estaba incorporada, su cama era de esas que
tenían mandito, para moverla. Ya que siempre nos han recomendado que tuviera
los pies en alto cuando de fuera a dormir, y que no se acostara plana, porque
le costaría más respirar.
-Toma
Bella, tómatela, el mareo se te irá – le dijo, mi hija fue a coger el vaso pero
la mano le temblaba así que fue Carlisle quien se lo dio. Cuando mi hija se la
tomó miró para otro lado, se quedo viendo la ventana fijamente – No tardará en
hacerte efecto. Será mejor que te quedes en la cama hoy. Si mañana sigues así,
no vallas al colegio – le dijo, Bella sin mirarlo asintió – Bueno, pues
entonces me voy ya – dijo levantándose de la cama, ya que se había sentado para
ayudar a Bella – Por qué no me acompañan y dejamos a Bella descansar – dijo
mirándonos seriamente. Asentí y noté que mis hijos no estaban muy convencidos,
pero también se vinieron. Salimos de la habitación y bajamos las escaleras en
silencio.
-Que Bella haga reposo hoy, no quiero se
esfuerce para nada. Es un shock muy fuerte el quedarse sin fuerzas de esa
forma. Si quiere ir al baño la ayudáis a levantarse – dijo seriamente.
-Mi
hermana no va a dejar que la ayudemos – dijo Jasper, conocíamos a Bella y
sabíamos que dejaría que hiciéramos nada.
Pov Bella
Me
desperté despacio, mire el reloj para ver la hora, eran la 1:30 de la tarde, lo
que significaba que mis hermanos ya estarían en casa, había mucho silencio,
pero escuche unas voces en la planta de abajo. Así que me levanté para bajar y
verlos. Me puse las zapatillas y cuando fui abrir la puerta todo comenzó a dar
vueltas, y perdí las fuerzas en la piernas y me caí. Todo continuaba girando,
estaba muy mareada. La puerta de mi habitación se abrió y mis hermanos se tiraron
en el suelo conmigo
-Bella,
¿Qué pasa? – Me preguntó Jasper, yo no puede contestar, mi voz no salía, vi
noté que alguien más se acercó.
-¿Qué
te paso? – La voz era la del Dr. Cullen, pero me parecía muy raro que estuviera
en casa.
-¿Dr.
Cullen? – pregunté en un susurro que casi no escuche ni yo misma.
-Si,
Bella soy yo, ¿Qué te paso? – me volvió a preguntar.
-Me
he despertado y quería bajar abajo, pero no tenía fuerzas y me caí – agaché la
cabeza, me daba vergüenza mirar a mi familia – Estoy muy mareada.
-Podéis
ponerla en la cama – Le indicó a mis hermanos, no escuché contestación, pero
luego note que me cogían en el aire y me llevaban a la cama. Me puse a llorar,
no me gustaba nada esta situación, no me gustaba sentirme inútil y así es como
me sentía ahora. Mis hermanos me habían tenido que coger en brazos como a una
niña pequeña porque yo no tenía fuerzas - Bella, tranquila, si estás nerviosa
te pondrás peor – Me dijo. Me estaba costando respirar, y me ponía más
nerviosa. Que mis hermanos no se movieran de mi lado y que Carlisle también
estuviera a mi alrededor me estaba agobiando demasiado.
-Emmett,
Jasper, venir para aquí, que la agobiáis – Escuché a lo lejos a mi madre. Sentí
a mis hermanos irse de mi lado, pero mi respiración siguió siendo agitada.
-Bella,
mírame – Dijo Carlisle, levanto mi cara para que le mirara a los ojos.
-Estoy
muy mareada – repetí en un susurro.
-Lo
sé, pero tienes que hacer un esfuerzo, respira hondo, sigue mi respiración –
Colocó mi mano en su pecho para que lo pudiera seguir, me fui calmando poco a
poco - ¿Ahora le toca un pastilla verdad? – escuché preguntar, sabía que no era
a mi porque con la mano en su pecho note que se giraba. Nuevamente no escuché
contestación - Ir a buscarla, que se la tome ahora – les dijo, escuche a
alguien salir corriendo de mi habitación. Estaba demasiado mareada para enfocar
la vista en quien se había ido.
-Ten
– Escuché a mi hermano Emmett después de unos momentos.
-Toma
Bella, tómatela, el mareo se te irá – Me dijo el Doctor. Fui a coger el vaso
pero la mano me temblaba. Entonces noté que Carlisle me lo iba a dar para que
no se me cayera nada. Cuando acabe de tomármelo gire la cara y me quedé mirando
la ventana, esperando a que el mareo de fuera. Me sentía humillada. Me sentía
inferior. Odiaba todo esto – No tardará en acerté efecto. Sera mejor que te
quedes en la cama hoy. Si mañana sigues así, no vallas al colegio –Me explicó,
asentí sin mirarlo, esperaba que mañana no estuviera así, porque no quería
quedarme en casa – bueno, pues entonces me voy ya – dijo levantándose de mi
cama, ya que se había sentado para ayudarme – Por qué no me acompañan y dejamos
a Bella descansar – Le escuché decir, sí quería que se fueran, quería estar
sola. Escuché el ruido de la puerta al cerrarse. Odiaba estar enferma, odiaba
sentirme así…
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