sábado, 30 de junio de 2012

CAPITULO 19


CAPITULO: 19

Pov Edward

Hacía tres días que todos se había acabad, que James había muerto. A pesar de eso nada estaba normal en casa, Rose y Emmett estaban viviendo en la mansión hasta que ella se recuperara del todo, para poder volver a casa y Bella, mi Bella, parecía un alma en pena, no salía de su habitación ni siquiera para estar con sus hijos y casi no comía por mucho que lo intentáramos, algo que nos preocupaba por la anemia que tenía. Entre todos cuidábamos a Mary ya que Bella se negaba a salir de la cama y se la pasaba durmiendo y cansada. El llanto de la pequeña me saco de mis pensamientos y llegué veloz mente al salón donde mi madre intentaba calmarla sin éxito. Renesmee y Tony miraban a su hermana y abuela atentos, Emmett me vio entrar e intentó sonreírme así como Rose cuando se percató de mi presencia. Mi hermana se encontraba en el sofá recostada y Emmett estaba a sus pies y mis sobrinos jugando.
-Déjame, mamá – dije extendiendo los brazos para cogerla.
-Esta niña te adora – dijo sonriendo al ver como se había calmado cuando yo la había cogido.
-Yo también a ella – dije dejándola en la pequeña cuna que había en el salón.
-Papá… - me llamó Nessie y la miré con una sonrisa.
-¿Va a bajar la mamá? – me preguntó con los ojos llorosos, así como Anthony – Quiero estar con ella – dijo triste.
-Lo sé cariño, pero mamá ahora necesita estar sola y cuando esté mejor, no se separará de vosotros – dije deseando en mis adentros que eso no tardara en llegar.
-Por qué no van a jugar al jardín que hoy hace buen día – dije mirándolos con una sonrisa. Ambos niños y mis sobrinos se levantaron y salieron corriendo.
-¿Cómo está Bella? – me preguntó Rosalie seria y tranquila, al ver que ahora los niños no la escuchaban.
-Igual, le dejé un plato de caldo, pero no quiere comer… me preocupa que siga así – dije tirándome en el sofá frustrado.
-Tienes que tener paciencia – escuché a Jasper entrando por la puerta, le miré extrañado – Los niños la dejaron abierta – dijo acercándose a saludar a Rose y mamá con dos besos y a mí y a Emmett con la mano.
-Sí la tengo, pero hablamos de su salud, a este paso acabará de nuevo en el hospital… - dije lamentándome.
-Debemos dejarle su espacio, tiene que asimilar todo lo que ha vivido, que seguramente es mas de lo que nos podamos imaginar… - dijo sentándose al lado de mamá.
-¿Y mi hermana? – preguntó Emmett mirando a Jasper.
-Está en el jardín, ahora entra – dijo tranquilamente.
-¿Cómo estas? – pregunto mirando a Rose.
-Acostada… - dijo irónicamente, todos sabíamos lo que odiaba mi hermana no poder moverse, pero no le quedaba de otra.
-Ya pronto podrás a dar jaleo de nuevo – dijo Alice entrando por la puerta.
-Más del que da ahora, no lo ha dado nunca… no ves que no puede moverse – dije desesperado.
-Tú calla – dijo seria. Y todos nos pusimos a reír.
-¿Por qué tanta risa? – pregunto mi padre entrando por la puerta.
-Se ríen a mi costa papá – dijo Rosalie cruzándose de brazos sin llegar a tocarse el abdomen. Mi padre sonrió levantando las cejas.
-Decíamos, que Rosalie no arma jaleo cuando quiere algo, ¿Vedad papá? – dije mirando a mi hermana.
-Claro que no… Rosalie no sabe lo que es la palabra gritos, porque lo pide todo tranquila y con delicadeza… ¿Verdad Emmett? – preguntó mi padre, pues era mi cuñado el que aguantaba esos berrinches de Rose.
-Exageran… - dijo encogiéndose de hombros.
-Eso lo dices porque si no duermes en el sofá… - dijo Alice riéndose.
-Ya basta – dijo mi hermana molesta. Y eso hizo que todos volviéramos a reír. Aunque en ese momento se escucharon unos jadeos en la planta de arriba y me levante rápidamente para subir. Sentí como mi madre, mi padre, Emmett y Alice venían tras de mi. Entre rápidamente en la habitación de Bella y la vi removiéndose de un lado a otro llorando, estaba teniendo una pesadilla. Me acerqué rápidamente a ella, sentándome en la cama intentando despertarla para calmarla.
-Bella… - le llamó, pero no parecía escucharme.
-¡No, ¡Suéltame!, Por favor James… déjalo… no quiero seguir así – decía mientras lloraba. Mi padre y los chicos se acercaron también a la cama.
-Solo tienes dos opciones… matarme o dejarme ir, pero lo que sea, que pase rápido, yo no quiero seguir en este infierno… - susurró, y me puse tenso. Ella continuaba llorando y removiendo.
-Bella, Bella – le llame - ¡Bella! – grité y ella despertó dándonos golpes a todos, haciendo que ellos se apartaran – Bella, soy yo… Edward – le dije tranquilamente. Ella abrió los ojos y me miró un minuto, para luego mirar a mi padre y sus hermanos que estaban de pie en medio de la habitación – tranquila Bella, solo fue una pesadilla… - dije acunándola en mi pecho – Ya pasó todo… James no va a volver – le susurré.
-Bella… - le murmuró Emmett acercándose.
-No… yo… iros… por favor – dijo sin verlos. Los tres me miraron tristes preguntándome con la mirada si lo tenía controlado, les asentí y se marcharon.
-¿Estás mejor? – le pregunté cuando nos quedamos solos.
-Era tan real… yo… no quiero que pase… no quiero que vuelva… - susurró llorando.
-No va a volver… James, no volverá nunca – le aseguré.
-Déjame sola Edward… - me pidió alejándose de mí.
-¿Estás segura? – pregunté serio.
-Sí – me dijo recostándose otra vez en la cama. Yo me levanté y volví a bajar al salón.
-¿Qué ha pasado? – me preguntó Rose.
-Una pesadilla, pero ya está mas calmada… - dije sentándome en el lugar que estaba antes.
-¿Ha comido hoy? – preguntó mi padre, y negué sabiendo que al igual que yo había podido ver en la habitación el plato de sopa en el mueble.
-No puede seguir sin comer nada… así no se va a curar – se lamentó mi padre.
-Tampoco la podemos obligar – susurré.
-Jasper… qué podemos hacer… - preguntó mi padre mirando a mi hermano con expresión seria.
-Ya se lo he dicho a Edward, si Bella esta así es porque ha vivido algo mucho más grave de lo que pudo vivir anteriormente, por eso tiene la depresión, sólo le podemos dar tiempo, tiempo a que ella se sentía bien para volver a hacer vida normal… obligándola no vamos a ganar nada… sólo que se ponga peor, porque puede sentirse como con James – nos dijo Jasper abrazando a Alice.
-Edward… Lily no me deja tranquilo – escuché a Tony entrando llorando y se me acercó corriendo.
-¡Yo no he hecho nada! – gritó mi sobrina entrando corriendo detrás de él y todos los demás tras ellos. Y Renesmee cogiendo de la mano a Carlie y Chris.
-Bueno, ya está, Lily no te va a molestar más – dije mirando a mi sobrina con una sonrisa.
-Vale… - dijo ella corriendo a los brazos de Emmett.
-Vamos a hacer la comida – dijo mi madre levantándose y Jane, Lily y Renesmee le siguieron.
-Edward… - me llamó Tony desde mis brazos.
-Dime campeón – dije sonriendo y sentándolo en mi regazo.
-¿Te puedo llamar papá? – abrí los ojos sorprendido por su pregunta, y miré a los presentes en sala. – Ya no tengo un papá y pensé que tú podrías ser mi papá ahora.
-Claro que me puedes llamar papá – dije abrazándolo. El sonrió y sentí como apretaba mas sus pequeños brazos en mi cuerpo – Será un honor ser tu papá – le dije. Renesmee y Jane que estaban en la escalera con mi madre y mi sobrina viendo la escena vinieron corriendo a abrazarme también.

Dos meses más tarde

Pov Bella

Desperté sin estar muy segura de qué horas eran o quién estaba en casa, de todas formas no me importaba mucho. La puerta de la habitación estaba cerrada pero de todas formas alcancé a escuchar a Nessie que tosía, quizás otro día me hubiera preocupado, tal vez cuando era una mujer distinta… pero en ese momento sólo me di la vuelta y cerré los ojos otra vez con la seguridad de que alguien atendería a mi hija.
No supe cuánto tiempo pasó antes de que volviera a estar despierta. No noté cambio en la luz del sol pero bien pudieron ser dos minutos como dos horas. Toda la casa estaba en silencio, demasiado silencio en realidad. Me acomodé un poco más y volví a cerrar los ojos en un intento por dormirme de nuevo. En ese momento escuché que alguien tocaba la puerta pero no estaba de humor para visitas por lo que le di la espalda y me quedé quieta muy decidida a hacerme la dormida.
Poco a poco fui perdiéndome en la inconsciencia, sentí el cuerpo ligero como flotando en una nube pero no llegué a quedarme dormida cuando escuché a Nessie toser de nuevo y los golpes en mi puerta otra vez. Supuse que debería rendirme y aceptar algo de contacto humano pero la verdad no tenía nada de ganas de hacerlo así que decidí quedarme flotando como estaba.
- ¿Mamá? –preguntó en voz baja y algo entrecortada. Yo dudé un momento pero al final me di le vuelta y la miré.
- ¿Qué sucede? – antes de contestar volvió a toser y vi que le faltaba el aire, llevaba el inhalador en las manos.  – Usa la medicina y siéntate. –le dije aunque ella bien sabía qué tenía que hacer.
- Ya lo hice. –respondió cuando pudo hablar y se acercó.
- Inténtalo de nuevo o dile a alguien más. –respondí deseando volver a dormir y olvidarme de todo.
- No hay nadie. –replicó con los ojos llenos de lágrimas y volvió a toser, esta vez más fuerte.
Supe en ese momento que mi trabajo era buscarle ayuda, que en realidad debí hacerlo antes pero al mismo tiempo no tenía deseos de moverme, la simple idea de levantarme y hacer lo que fuera me causaba tal apatía que no era capaz de vencerla.
- Se va a pasar como siempre. –le dije intentando solucionar al asunto.
- ¿Puedo quedarme aquí? –preguntó y supuse que no sería mucho problema, aunque hubiera preferido quedarme sola.
- Claro. –contesté simplemente y ella fue a sentarse en el sillón mientras se llevaba a los labios el inhalador.
Yo cerré los ojos otra vez e hice un intento más por conciliar el sueño, aunque no pude. Continué un rato escuchándola respirar con trabajo y toser mucho.  Esperé a que pasara pero no lo hizo, no parecía haber ninguna mejoría en su estado y comencé a preocuparme. Cuando abrí los ojos ella tenía la mirada fija en la ventana del otro lado de la habitación y aún con la distancia alcancé a notar que tenía los labios azules. Eso fue demasiado, sólo me levanté casi saltando de la cama, tan rápido que me maree un poco pero no me importó.
- Nessie, lo siento,  perdóname… -le dije acercándome y arrodillándome frente a ella.
- No puedo… respirar… -me dijo y las lágrimas comenzaron a derramarse de sus ojos.
- Vas a estar bien. –le prometí. – Voy a llamar a tu papá y él va a curarte.
Fui hasta el teléfono y le llamé a Edward mientras veía a mi hija seguir luchando por respirar y me sentí culpable por no ayudarla antes, ella me necesitó pero no la escuché por estar sumida en un profundo abismo… pero ella no tenía la culpa de nada.
- ¿Bella? ¿Estás bien? –preguntó él muy alterado de seguro no se esperaba que yo buscara hablar con nadie.
- Es Nessie, tiene una crisis de asma y no se quita. Sus labios están azules. –le dije comenzando a sentir un nudo en la garganta. – Es mi culpa…
- Bella, concéntrate. ¿Está despierta?
- Sí. –respondí intentando hacer lo que él me pedía.
- Que se quede sentada por si le dan náuseas. Ve por el oxígeno y que lo use mientras llego. –me ordenó muy seguro.
- Está bien. –me puse de pie y le di una última mirada a Nessie antes de ir a buscar el oxígeno.
- Y no la dejes sola. Ella te necesita ahora. –volvió a ordenar y luego colgó.
Llevé el tanque de oxígeno y le puse la mascarilla a Nessie, me quedé sentada a su lado. No podía creer qué tan malas tuvieron que resultar las últimas semanas para que Edward me dijera que no la dejara sola, obviamente nunca lo haría… y él debió saberlo. Pero la verdad desde que volví a casa no había sido la misma, ni siquiera sabía los hábitos de mi bebé, ni cómo les iba en la escuela a Nessie y Tony. No sabía nada porque me había alejado de todos.
El tiempo que pasó antes de que Edward llegara se me hizo eterno, pero al final lo escuché abrir la puerta y subir las escaleras corriendo. Supuse que entraría de inmediato en la habitación pero antes debió ir a otro lado porque se tardó un poco.
- ¿Cómo está? –preguntó en cuanto nos vio y se acercó arrodillándose frente a la niña.
- El oxígeno ayudó un poco. –contesté mientras me hacía a un lado para dejarlo trabajar.
- ¿Usaste tu inhalador? –le preguntó a Nessie y ella asintió porque no podía hablar. - ¿Muchas veces? –ella volvió a responder con un gesto afirmativo y él le sonrió, aunque era muy obvio que estaba preocupado.
Me quedé quieta mientras él preparó una nebulización y le cambió el oxígeno por ese inhalador, también lo vi poner medicinas en un suero muy pequeño y supuse eso significaba una aguja para la niña, no me gustó nada.
- Nessie. –llamó él su atención. – Voy  a ponerte esto, ya sabes cómo es ¿de acuerdo? Necesito que te estés muy quieta.
Ella asintió y le extendió un brazo para que se lo pusiera, luego cerró los ojos. Yo no hice nada más que seguir mirando horrorizada. Vi cómo enterró la aguja en su brazo y salieron unas gotas de sangre… en ese instante Nessie abrió los ojos y me miró como pidiéndome algo. Sin tener que pensarlo me acerqué y sostuve el inhalador en su lugar para que ella tuviera una mano libre, entonces entrelacé nuestros dedos.
- Todo va a estar bien. Eres muy valiente. –le dije y le besé el cabello.
Edward terminó de fijarle el suero y lo puso colgado en un perchero que estaba cerca, como su fuera un hospital improvisado, después fue y le hizo una caricia en la mejilla a nuestra hija, de alguna manera se veía más relajado.
- ¿Te sientes mejor? –le preguntó.
- Sí. –dijo ella ya más tranquila.
Edward se acercó con el estetoscopio y le escuchó los pulmones, al parecer le complació bastante. Después de eso nos esperamos un rato hasta que se terminó el suero y la nebulización, también. Él volvió a revisarla y le quitó la aguja del brazo. Ella se veía cansada, de seguro por el esfuerzo y el estrés, su papá la tomó en brazos y la recostó en mi cama.
- Descansa. –le besó la frente y ella le sonrió.
-Gracias – dije viendo como mi hija dormida en el mismo lugar donde yo había pasado los dos últimos meses.
-Me alegra verte levantada y preocupada por nuestra hija – dijo con una sonrisa.
-Creo que he pasado mucho tiempo lamentándome del pasado… -  dije mirándole a los ojos – Y no me he dado cuenta hasta que he visto a Nessie verdaderamente mal… he sido mala madre…
-No digas eso, no has pasado la mejor etapa de tu vida, pero eso no significa que seas mala madre – dijo acercándose a mí.
-Edward… nunca tendré nada para agradecerte todo lo que has hecho por mí y por todos mis hijos – dije mirándole directa a los ojos.
-No necesito que me lo agradezcas, amo a esos  niños, a todos… y no voy a dejarlos nunca solos – me dijo cogiéndome la mano.
-¿Dónde estaban todos? – pregunté.
-Mi padre, Jasper y yo estábamos de guardia, Alice fue a buscar a los niños, Emmett y Rose están en el hospital haciéndose la revisión y mi madre salió a comprar comida para la bebé– me respondió.
-¿Y cómo dejaron a Nessie sola? – pregunté sorprendida.
-Hoy le dolía la tripa y le dije que se quedara en casa. Además, no estaba sola, estaba con su mamá. – me explicó – Me alegro mucho de verte así, no sabes cuánto te extrañé – dijo acercándose un poco más. Junto a Edward todo era diferente, me sentía bien y se me olvidaba todo, no tenía la necesidad de alejarlo, más bien de tenerlo mas cerca.
-Y yo – le dije acercándome un paso más a él.
-Echaba de menos tu sonrisa – me dijo sonriéndome él. Finalmente quedamos uno enfrente el otro – He tenido que pensar que te perdía para darme cuenta de que te quiero, que siempre ha sido así, que no había nada que tuviera que perdonarte. Te amo Bella… - me dijo poco a poco y en ese mismo ritmo una sonrisa fue saliendo en mi rostro. Él al ver mi reacción se acercó hasta abrazarme, me envolvió en sus brazos y sentí cómo me besaba la frente, poco a poco de deslizó por la mejilla, la nariz y acabó en los labios. Siempre pidiéndome permiso, dándome espacio y tiempo para detenerlo, pero no lo hice porque no había necesidad. Todos mis recuerdos con Edward, durante mi adolescencia volvieron a mi mente, devolviéndome los momentos más felices de mi vida y supe que siempre fue él.  Que sólo era realmente feliz cuando lo tenía a él a mi lado y que no necesitaba nada más. Volví a juntar mis labios con los suyos
-Te amo – le susurré sin separarlos.
-Y yo a ti. – dijo acogiéndome en brazos y dándome vueltas.
En ese momento y lugar sólo fuimos nosotros, la alegría de estar los dos y la paz de saber que nos amábamos… que siempre fue así y nada podría cambiar eso. Además, ahora no sólo nos unía eso, sino mil lazos más que siempre disfrutaríamos por el simple hecho de estar juntos.

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