CAPITULO: 19
Pov Edward
Hacía
tres días que todos se había acabad, que James había muerto. A pesar de eso
nada estaba normal en casa, Rose y Emmett estaban viviendo en la mansión hasta
que ella se recuperara del todo, para poder volver a casa y Bella, mi Bella,
parecía un alma en pena, no salía de su habitación ni siquiera para estar con
sus hijos y casi no comía por mucho que lo intentáramos, algo que nos
preocupaba por la anemia que tenía. Entre todos cuidábamos a Mary ya que Bella
se negaba a salir de la cama y se la pasaba durmiendo y cansada. El llanto de
la pequeña me saco de mis pensamientos y llegué veloz mente al salón donde mi
madre intentaba calmarla sin éxito. Renesmee y Tony miraban a su hermana y
abuela atentos, Emmett me vio entrar e intentó sonreírme así como Rose cuando
se percató de mi presencia. Mi hermana se encontraba en el sofá recostada y
Emmett estaba a sus pies y mis sobrinos jugando.
-Déjame,
mamá – dije extendiendo los brazos para cogerla.
-Esta
niña te adora – dijo sonriendo al ver como se había calmado cuando yo la había
cogido.
-Yo
también a ella – dije dejándola en la pequeña cuna que había en el salón.
-Papá…
- me llamó Nessie y la miré con una sonrisa.
-¿Va
a bajar la mamá? – me preguntó con los ojos llorosos, así como Anthony – Quiero
estar con ella – dijo triste.
-Lo
sé cariño, pero mamá ahora necesita estar sola y cuando esté mejor, no se
separará de vosotros – dije deseando en mis adentros que eso no tardara en
llegar.
-Por
qué no van a jugar al jardín que hoy hace buen día – dije mirándolos con una
sonrisa. Ambos niños y mis sobrinos se levantaron y salieron corriendo.
-¿Cómo
está Bella? – me preguntó Rosalie seria y tranquila, al ver que ahora los niños
no la escuchaban.
-Igual,
le dejé un plato de caldo, pero no quiere comer… me preocupa que siga así –
dije tirándome en el sofá frustrado.
-Tienes
que tener paciencia – escuché a Jasper entrando por la puerta, le miré
extrañado – Los niños la dejaron abierta – dijo acercándose a saludar a Rose y
mamá con dos besos y a mí y a Emmett con la mano.
-Sí
la tengo, pero hablamos de su salud, a este paso acabará de nuevo en el
hospital… - dije lamentándome.
-Debemos
dejarle su espacio, tiene que asimilar todo lo que ha vivido, que seguramente
es mas de lo que nos podamos imaginar… - dijo sentándose al lado de mamá.
-¿Y
mi hermana? – preguntó Emmett mirando a Jasper.
-Está
en el jardín, ahora entra – dijo tranquilamente.
-¿Cómo
estas? – pregunto mirando a Rose.
-Acostada…
- dijo irónicamente, todos sabíamos lo que odiaba mi hermana no poder moverse,
pero no le quedaba de otra.
-Ya
pronto podrás a dar jaleo de nuevo – dijo Alice entrando por la puerta.
-Más
del que da ahora, no lo ha dado nunca… no ves que no puede moverse – dije
desesperado.
-Tú
calla – dijo seria. Y todos nos pusimos a reír.
-¿Por
qué tanta risa? – pregunto mi padre entrando por la puerta.
-Se
ríen a mi costa papá – dijo Rosalie cruzándose de brazos sin llegar a tocarse
el abdomen. Mi padre sonrió levantando las cejas.
-Decíamos,
que Rosalie no arma jaleo cuando quiere algo, ¿Vedad papá? – dije mirando a mi
hermana.
-Claro
que no… Rosalie no sabe lo que es la palabra gritos, porque lo pide todo
tranquila y con delicadeza… ¿Verdad Emmett? – preguntó mi padre, pues era mi
cuñado el que aguantaba esos berrinches de Rose.
-Exageran…
- dijo encogiéndose de hombros.
-Eso
lo dices porque si no duermes en el sofá… - dijo Alice riéndose.
-Ya
basta – dijo mi hermana molesta. Y eso hizo que todos volviéramos a reír.
Aunque en ese momento se escucharon unos jadeos en la planta de arriba y me
levante rápidamente para subir. Sentí como mi madre, mi padre, Emmett y Alice
venían tras de mi. Entre rápidamente en la habitación de Bella y la vi
removiéndose de un lado a otro llorando, estaba teniendo una pesadilla. Me
acerqué rápidamente a ella, sentándome en la cama intentando despertarla para
calmarla.
-Bella…
- le llamó, pero no parecía escucharme.
-¡No,
¡Suéltame!, Por favor James… déjalo… no quiero seguir así – decía mientras
lloraba. Mi padre y los chicos se acercaron también a la cama.
-Solo
tienes dos opciones… matarme o dejarme ir, pero lo que sea, que pase rápido, yo
no quiero seguir en este infierno… - susurró, y me puse tenso. Ella continuaba
llorando y removiendo.
-Bella,
Bella – le llame - ¡Bella! – grité y ella despertó dándonos golpes a todos,
haciendo que ellos se apartaran – Bella, soy yo… Edward – le dije
tranquilamente. Ella abrió los ojos y me miró un minuto, para luego mirar a mi
padre y sus hermanos que estaban de pie en medio de la habitación – tranquila
Bella, solo fue una pesadilla… - dije acunándola en mi pecho – Ya pasó todo…
James no va a volver – le susurré.
-Bella…
- le murmuró Emmett acercándose.
-No…
yo… iros… por favor – dijo sin verlos. Los tres me miraron tristes
preguntándome con la mirada si lo tenía controlado, les asentí y se marcharon.
-¿Estás
mejor? – le pregunté cuando nos quedamos solos.
-Era
tan real… yo… no quiero que pase… no quiero que vuelva… - susurró llorando.
-No
va a volver… James, no volverá nunca – le aseguré.
-Déjame
sola Edward… - me pidió alejándose de mí.
-¿Estás
segura? – pregunté serio.
-Sí
– me dijo recostándose otra vez en la cama. Yo me levanté y volví a bajar al
salón.
-¿Qué
ha pasado? – me preguntó Rose.
-Una
pesadilla, pero ya está mas calmada… - dije sentándome en el lugar que estaba
antes.
-¿Ha
comido hoy? – preguntó mi padre, y negué sabiendo que al igual que yo había
podido ver en la habitación el plato de sopa en el mueble.
-No
puede seguir sin comer nada… así no se va a curar – se lamentó mi padre.
-Tampoco
la podemos obligar – susurré.
-Jasper…
qué podemos hacer… - preguntó mi padre mirando a mi hermano con expresión
seria.
-Ya
se lo he dicho a Edward, si Bella esta así es porque ha vivido algo mucho más
grave de lo que pudo vivir anteriormente, por eso tiene la depresión, sólo le
podemos dar tiempo, tiempo a que ella se sentía bien para volver a hacer vida
normal… obligándola no vamos a ganar nada… sólo que se ponga peor, porque puede
sentirse como con James – nos dijo Jasper abrazando a Alice.
-Edward…
Lily no me deja tranquilo – escuché a Tony entrando llorando y se me acercó
corriendo.
-¡Yo
no he hecho nada! – gritó mi sobrina entrando corriendo detrás de él y todos
los demás tras ellos. Y Renesmee cogiendo de la mano a Carlie y Chris.
-Bueno,
ya está, Lily no te va a molestar más – dije mirando a mi sobrina con una
sonrisa.
-Vale…
- dijo ella corriendo a los brazos de Emmett.
-Vamos
a hacer la comida – dijo mi madre levantándose y Jane, Lily y Renesmee le
siguieron.
-Edward…
- me llamó Tony desde mis brazos.
-Dime
campeón – dije sonriendo y sentándolo en mi regazo.
-¿Te
puedo llamar papá? – abrí los ojos sorprendido por su pregunta, y miré a los
presentes en sala. – Ya no tengo un papá y pensé que tú podrías ser mi papá
ahora.
-Claro
que me puedes llamar papá – dije abrazándolo. El sonrió y sentí como apretaba
mas sus pequeños brazos en mi cuerpo – Será un honor ser tu papá – le dije.
Renesmee y Jane que estaban en la escalera con mi madre y mi sobrina viendo la
escena vinieron corriendo a abrazarme también.
Dos
meses más tarde
Pov Bella
Desperté sin estar muy segura de qué horas
eran o quién estaba en casa, de todas formas no me importaba mucho. La puerta
de la habitación estaba cerrada pero de todas formas alcancé a escuchar a
Nessie que tosía, quizás otro día me hubiera preocupado, tal vez cuando era una
mujer distinta… pero en ese momento sólo me di la vuelta y cerré los ojos otra
vez con la seguridad de que alguien atendería a mi hija.
No supe cuánto tiempo pasó antes de que
volviera a estar despierta. No noté cambio en la luz del sol pero bien pudieron
ser dos minutos como dos horas. Toda la casa estaba en silencio, demasiado
silencio en realidad. Me acomodé un poco más y volví a cerrar los ojos en un
intento por dormirme de nuevo. En ese momento escuché que alguien tocaba la
puerta pero no estaba de humor para visitas por lo que le di la espalda y me
quedé quieta muy decidida a hacerme la dormida.
Poco a poco fui perdiéndome en la
inconsciencia, sentí el cuerpo ligero como flotando en una nube pero no llegué
a quedarme dormida cuando escuché a Nessie toser de nuevo y los golpes en mi
puerta otra vez. Supuse que debería rendirme y aceptar algo de contacto humano
pero la verdad no tenía nada de ganas de hacerlo así que decidí quedarme
flotando como estaba.
- ¿Mamá? –preguntó en voz baja y algo
entrecortada. Yo dudé un momento pero al final me di le vuelta y la miré.
- ¿Qué sucede? – antes de contestar volvió a
toser y vi que le faltaba el aire, llevaba el inhalador en las manos. – Usa la medicina y siéntate. –le dije aunque
ella bien sabía qué tenía que hacer.
- Ya lo hice. –respondió cuando pudo hablar y
se acercó.
- Inténtalo de nuevo o dile a alguien más.
–respondí deseando volver a dormir y olvidarme de todo.
- No hay nadie. –replicó con los ojos llenos
de lágrimas y volvió a toser, esta vez más fuerte.
Supe en ese momento que mi trabajo era
buscarle ayuda, que en realidad debí hacerlo antes pero al mismo tiempo no
tenía deseos de moverme, la simple idea de levantarme y hacer lo que fuera me
causaba tal apatía que no era capaz de vencerla.
- Se va a pasar como siempre. –le dije
intentando solucionar al asunto.
- ¿Puedo quedarme aquí? –preguntó y supuse que
no sería mucho problema, aunque hubiera preferido quedarme sola.
- Claro. –contesté simplemente y ella fue a
sentarse en el sillón mientras se llevaba a los labios el inhalador.
Yo cerré los ojos otra vez e hice un intento
más por conciliar el sueño, aunque no pude. Continué un rato escuchándola
respirar con trabajo y toser mucho.
Esperé a que pasara pero no lo hizo, no parecía haber ninguna mejoría en
su estado y comencé a preocuparme. Cuando abrí los ojos ella tenía la mirada
fija en la ventana del otro lado de la habitación y aún con la distancia
alcancé a notar que tenía los labios azules. Eso fue demasiado, sólo me levanté
casi saltando de la cama, tan rápido que me maree un poco pero no me importó.
- Nessie, lo siento, perdóname… -le dije acercándome y
arrodillándome frente a ella.
- No puedo… respirar… -me dijo y las lágrimas
comenzaron a derramarse de sus ojos.
- Vas a estar bien. –le prometí. – Voy a
llamar a tu papá y él va a curarte.
Fui hasta el teléfono y le llamé a Edward
mientras veía a mi hija seguir luchando por respirar y me sentí culpable por no
ayudarla antes, ella me necesitó pero no la escuché por estar sumida en un profundo
abismo… pero ella no tenía la culpa de nada.
- ¿Bella? ¿Estás bien? –preguntó él muy
alterado de seguro no se esperaba que yo buscara hablar con nadie.
- Es Nessie, tiene una crisis de asma y no se
quita. Sus labios están azules. –le dije comenzando a sentir un nudo en la
garganta. – Es mi culpa…
- Bella, concéntrate. ¿Está despierta?
- Sí. –respondí intentando hacer lo que él me
pedía.
- Que se quede sentada por si le dan náuseas.
Ve por el oxígeno y que lo use mientras llego. –me ordenó muy seguro.
- Está bien. –me puse de pie y le di una
última mirada a Nessie antes de ir a buscar el oxígeno.
- Y no la dejes sola. Ella te necesita ahora.
–volvió a ordenar y luego colgó.
Llevé el tanque de oxígeno y le puse la
mascarilla a Nessie, me quedé sentada a su lado. No podía creer qué tan malas
tuvieron que resultar las últimas semanas para que Edward me dijera que no la
dejara sola, obviamente nunca lo haría… y él debió saberlo. Pero la verdad
desde que volví a casa no había sido la misma, ni siquiera sabía los hábitos de
mi bebé, ni cómo les iba en la escuela a Nessie y Tony. No sabía nada porque me
había alejado de todos.
El tiempo que pasó antes de que Edward llegara
se me hizo eterno, pero al final lo escuché abrir la puerta y subir las
escaleras corriendo. Supuse que entraría de inmediato en la habitación pero
antes debió ir a otro lado porque se tardó un poco.
- ¿Cómo está? –preguntó en cuanto nos vio y se
acercó arrodillándose frente a la niña.
- El oxígeno ayudó un poco. –contesté mientras
me hacía a un lado para dejarlo trabajar.
- ¿Usaste tu inhalador? –le preguntó a Nessie
y ella asintió porque no podía hablar. - ¿Muchas veces? –ella volvió a
responder con un gesto afirmativo y él le sonrió, aunque era muy obvio que
estaba preocupado.
Me quedé quieta mientras él preparó una
nebulización y le cambió el oxígeno por ese inhalador, también lo vi poner
medicinas en un suero muy pequeño y supuse eso significaba una aguja para la
niña, no me gustó nada.
- Nessie. –llamó él su atención. – Voy a ponerte esto, ya sabes cómo es ¿de acuerdo?
Necesito que te estés muy quieta.
Ella asintió y le extendió un brazo para que
se lo pusiera, luego cerró los ojos. Yo no hice nada más que seguir mirando
horrorizada. Vi cómo enterró la aguja en su brazo y salieron unas gotas de
sangre… en ese instante Nessie abrió los ojos y me miró como pidiéndome algo.
Sin tener que pensarlo me acerqué y sostuve el inhalador en su lugar para que
ella tuviera una mano libre, entonces entrelacé nuestros dedos.
- Todo va a estar bien. Eres muy valiente. –le
dije y le besé el cabello.
Edward terminó de fijarle el suero y lo puso
colgado en un perchero que estaba cerca, como su fuera un hospital improvisado,
después fue y le hizo una caricia en la mejilla a nuestra hija, de alguna
manera se veía más relajado.
- ¿Te sientes mejor? –le preguntó.
- Sí. –dijo ella ya más tranquila.
Edward se acercó con el estetoscopio y le
escuchó los pulmones, al parecer le complació bastante. Después de eso nos
esperamos un rato hasta que se terminó el suero y la nebulización, también. Él
volvió a revisarla y le quitó la aguja del brazo. Ella se veía cansada, de
seguro por el esfuerzo y el estrés, su papá la tomó en brazos y la recostó en
mi cama.
- Descansa. –le besó la frente y ella le
sonrió.
-Gracias – dije viendo como mi hija dormida en
el mismo lugar donde yo había pasado los dos últimos meses.
-Me alegra verte levantada y preocupada por
nuestra hija – dijo con una sonrisa.
-Creo que he pasado mucho tiempo lamentándome
del pasado… - dije mirándole a los ojos
– Y no me he dado cuenta hasta que he visto a Nessie verdaderamente mal… he
sido mala madre…
-No digas eso, no has pasado la mejor etapa de
tu vida, pero eso no significa que seas mala madre – dijo acercándose a mí.
-Edward… nunca tendré nada para agradecerte
todo lo que has hecho por mí y por todos mis hijos – dije mirándole directa a
los ojos.
-No necesito que me lo agradezcas, amo a
esos niños, a todos… y no voy a dejarlos
nunca solos – me dijo cogiéndome la mano.
-¿Dónde estaban todos? – pregunté.
-Mi padre, Jasper y yo estábamos de guardia,
Alice fue a buscar a los niños, Emmett y Rose están en el hospital haciéndose
la revisión y mi madre salió a comprar comida para la bebé– me respondió.
-¿Y cómo dejaron a Nessie sola? – pregunté
sorprendida.
-Hoy le dolía la tripa y le dije que se
quedara en casa. Además, no estaba sola, estaba con su mamá. – me explicó – Me
alegro mucho de verte así, no sabes cuánto te extrañé – dijo acercándose un
poco más. Junto a Edward todo era diferente, me sentía bien y se me olvidaba
todo, no tenía la necesidad de alejarlo, más bien de tenerlo mas cerca.
-Y yo – le dije acercándome un paso más a él.
-Echaba de menos tu sonrisa – me dijo
sonriéndome él. Finalmente quedamos uno enfrente el otro – He tenido que pensar
que te perdía para darme cuenta de que te quiero, que siempre ha sido así, que
no había nada que tuviera que perdonarte. Te amo Bella… - me dijo poco a poco y
en ese mismo ritmo una sonrisa fue saliendo en mi rostro. Él al ver mi reacción
se acercó hasta abrazarme, me envolvió en sus brazos y sentí cómo me besaba la
frente, poco a poco de deslizó por la mejilla, la nariz y acabó en los labios.
Siempre pidiéndome permiso, dándome espacio y tiempo para detenerlo, pero no lo
hice porque no había necesidad. Todos mis recuerdos con Edward, durante mi
adolescencia volvieron a mi mente, devolviéndome los momentos más felices de mi
vida y supe que siempre fue él. Que sólo
era realmente feliz cuando lo tenía a él a mi lado y que no necesitaba nada
más. Volví a juntar mis labios con los suyos
-Te amo – le susurré sin separarlos.
-Y yo a ti. – dijo acogiéndome en brazos y
dándome vueltas.
En ese momento y lugar sólo fuimos nosotros,
la alegría de estar los dos y la paz de saber que nos amábamos… que siempre fue
así y nada podría cambiar eso. Además, ahora no sólo nos unía eso, sino mil
lazos más que siempre disfrutaríamos por el simple hecho de estar juntos.
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