sábado, 30 de junio de 2012

CAPITULO 23


CAPITULO: 23

Pov Jasper

-¿Qué haces aquí? – le pregunté a Charlie en el momento en que todos se fueron con los niños a la sala. Tony se veía mal, no sé si por la idea de que ahora sabíamos que estaba enfermo o porque estaba peor.
-De verdad piensas que mi hija me llama llorando diciendo que su hijo, mi nieto, está enfermo y me voy a quedar en casa viendo la tele… - dijo seriamente mirándonos a mí y a Emmett que éramos los que estábamos allí.
-Bella también estaba enferma y no te preocupó – le echó en cara mi hermano.
-Las cosas cambian, y las personas también. ¿Tanto os cuesta entender?- nos preguntó y Emmett y yo no pudimos hacer otra cosa que empezar a reírnos.
-¿Qué pasa? – preguntó mamá entrando en la cocina donde estábamos nosotros.
-Aquí hablando con súper papá – dijo Emmett sonriendo falsamente y mamá lo notó.
-Deberían darme una oportunidad – nos dijo mirándonos a los ojos.
-Si fuiste mal padre, también eres mal abuelo – dije saliendo de la cocina para ir con mis sobrinos antes de que me dijera nada. Emmett vino detrás de mí. Al llegar a la sala Liz jugaba mientras veía los dibujos y Tony estaba acostado en el sillón casi a punto de dormirse. Alice jugaba con mi sobrina en el suelo mientras Rosalie estaba sentada en el sofá atenta de Anthony y acariciándose el vientre.
-¿Bien? – preguntó Emmett acercándose a ella y acariciándolo también.
-Sí, no es nada – dijo intentando sonreír. Yo me acerqué a mi novia y me senté jugando con mi sobrina también.
-Tío Mett (Tío Emmett) – le llamó Tony levantándose un poco.
-¿Qué pasa campeón? – le preguntó acercándose a él.
-¿La mami vene hoy? (¿La mami viene hoy?) – mi hermano sin saber qué responder nos miro a los demás.
-Si amor, hoy viene mamá – dijo mi madre entrando por la puerta. Él niño sonrió y volví acostarse, Elisabeth comenzó a saltar.
-Vene mami, vene mami (Viene mami, viene mami) – dijo saltando con una sonrisa. Fue corriendo a los brazos de su abuela. Y ahí fue cuando me di cuenta de que Charlie continuaba con nosotros.
Estuvimos viendo una película de dibujos animados mientras esperábamos a Bella. Liz estaba emocionada por ver a su mamá y Tony no dejaba de preguntar por ella. De verdad estos niños necesitaban mucho a mi hermana. Mamá le había ofrecido a Charlie el quedarse a comer puesto que no llegaron para la hora. Y después de eso quiso quedarse para esperar.

Pov Carlisle

Había estado pensando mucho sobre el darle el alta hoy a Bella. Ella prácticamente estaba curada de la neumonía, pero claramente no la encontraba en condiciones de volver a casa. Pues ahora estaba a base de calmantes en el suero para mantenerla algo tranquila. Pero dándole el alta esos calmantes no puedo dárselos. Y me preocupaba mucho que por lo de Anthony la salud de ella también empeorara. Pues sabía que sin estar enfermos sus hijos eran lo primero, incluso antes que ella, ahora que Anthony estaba mal haría cualquier cosa. Estaba camino a la habitación, pensando cómo iba a decirle que se tendría que quedar por lo menos un día más. Al llegar a la puerta respiré hondo para calmarme un poco y entré. Bella seguía semi-acostada y Edward sentado en el sillón de al lado de la cama dándole la mano.
-¿Ha pasado algo? – preguntó mi hijo cuando vio mi cara. Bella que no se había percatado de mi presencia me miró seriamente.
-¿Está bien mi niño? – me preguntó levantándose un poco, comenzándose a alterarse.
-Sí tranquilos, no ha pasado nada – les dije, ni antes ni ahora me atrevía a contarles que había estado vomitando el desayuno.
-Entonces… ¿Qué pasa? – preguntó Bella seriamente.
-Bella, no creo que darte el alta hoy sea lo mejor… - dije seriamente.
-¿Cómo? – preguntó incorporándose. Dio un estirón con la aguja del suero e hizo una mueca de dolor. Pero Edward se adelantó y de los hombros le indicó que volviera a recostarse en las almohadas.
-No estás preparara para salir – dije lo más tranquilo que pude, sabiendo que esto desencadenaría una discusión.
-Carlisle no me puedes tener aquí cuando ya estoy bien. Quiero irme a casa. Quiero el alta – por su tono de voz supe que no me lo pedía, me estaba exigiendo que se la diera.
-No puedo darte el alta. Soy tu médico que creo que por el momento se lo que te conviene… ahora lo mejor es que pases una noche más en el hospital – dije con voz autoritaria.
-No lo entiendes. Quiero que me des el alta voluntaria. Soy mayor de edad y puedo pedírtela. He estado tres días aquí que fue el tiempo que me dijiste. Bien, pues ahora me das el alta. No voy a quedarme un día más aquí, cuando sé que mi hijo está enfermo – dijo seriamente incorporándose de nuevo.
-Bella… - susurró Edward para calmarla.
-¿Qué no entendéis? Quiero salir ya de aquí. Y no me lo vais a impedir – dijo ahora mirando a mi hijo.
-Necesitas estar bien completamente para hablar con Tony – dije seriamente.
-Ya estoy bien. Sólo necesito ver a mi hijo. Poder tocarlo, abrazarlo y decirle que va a estar bien. Tanto cuesta que entendáis – nos gritó.
-Está bien, pero pase lo que pase, corre de tu responsabilidad – dije. Aunque sabía que no sería así, pues si se ponía mal, eso no me iba a importar – Ahora llamaré a una enfermera para que te quite la vía y puedas vestirte. Edward me acompañas… - le dije a mi hijo. El besó la frente de Bella y me siguió – Enfermera, va a la habitación 203 a quitarle la vía a la paciente para darle el alta y si necesita ayuda para vestirse, por favor ayúdela – le dije seriamente. Ella asintió y entró la habitación.
-Papá, ¿Por qué no querías darle el alta? – me preguntó seriamente mi hijo.
-La noticia de lo de Anthony la tiene muy alterada, tú sabes que le estoy poniendo calmantes en el suero para que eso no altere su salud. Pero fuera de aquí no puedo hacer eso, y menos con los niños delante – dije seriamente.
-¿Crees que se ponga muy mal? – me preguntó.
-Sus emociones pueden interferir. Sólo espero que no sea así y no tengamos un disgusto – dije colocando la mano en su hombro. Cogí los papeles para el alta de Bella y los rellené y firmé – Voy a llamar a casa – dije cogiendo el teléfono del hospital, puesto que sabía que no podía sacar el móvil.
-¿Diga? – contestó Esme el segundo toque.
-Cariño, ¿Cómo va todo? – le pregunté seriamente. Edward miraba y escuchaba atentamente.
-Bueno, los niños están en el salón con los chicos, yo estoy hablando con Charlie – me dijo.
-¿Y Anthony? – pregunté desando que entendiera que m refería a lo del vomito.
-No ha vuelto a vomitar, aunque creo que vuelve a tener algo de fiebre, pero no me ha dejado medir la temperatura, cada vez que lo intento se pone a llorar – me explicó.
-Tranquila, ahora le voy a dar el alta a Bella y vamos para allí, cuando estemos que sea ella la que le tome la temperatura o Edward. Tal vez así se deje – la tranquilicé. Note a Edward tensarse a mi lado – Amor de cuelgo que voy a ver si Bella esta lista ya. Ahora nos vemos – me despedí. Miré a mi hijo seriamente y volvimos a la habitación. Bella ya estaba vestida y la enfermera seguía allí, así que supuse que tuvo que ayudarla – Toma Bella tienes que firmar aquí, para el alta voluntaria – dije entregándole el papel – Gracias – le dije a la enfermera que ya iba saliendo.
-Toma – dijo Bella entregándomelo y poniéndose en pie. Sus piernas temblaron por un momento y pensé que se caería pero mi hijo fue más rápido y la sujeto – Llevo mucho tiempo sin ponerme en pie – dijo con un intento de sonrisa.
-Edward ayúdala a llegar al coche – le pedí a mi hijo quien asintió rápidamente. Fuimos al coche a un paso normal, ni muy lento, pero tampoco rápido – ¿La llevas en el volvo? – Pregunté a mi hijo, pues los dos teníamos aquí nuestro coche – dije seriamente. Él asintió y fue con Bella hasta allí. Yo me metí en el mercedes y arranqué, Edward tiró primero y yo iba detrás. El viaje se me hizo rápido, siguiendo la velocidad a la que iba mi hijo. Aparcó el coche en la puerta de casa, sin meterlo en el garaje. Así que lo mismo hice yo. Edward salió rápidamente para ayudar a Bella, pero ella ya había salido y se encaminada a la casa. Subimos las escaleras del porche y entramos en la casa. Con un gesto le dije a Bella que se esperara, y puso mala cara pues tenía muchas ganas de ver a sus hijos, pero espero.
-Niños – dije llamando la atención de todos. Estaba seguro de que habían escuchado los coches, pero nadie tenía cara de estar esperándonos. Elisabeth me miro rápidamente con una sonrisa y Tony estaba echado en el sillón me miro sin levantarse – Les traigo una sorpresa – dije. Entonces Tony se incorporo rápidamente.
-¡Mami! – gritaron los dos corriendo. Me sorprendió mucho a la velocidad con la que fueron hacia Bella, pero tengo que reconocer que no fui el único que comenzó a reír.
-Mis niños… - dijo abrazándolos a los dos – Que guapos – dijo sonriendo. Me di cuenta que mi hijo no estaba por ningún lado.
-Mami, ¿Haz taido regalos? (Mami, ¿Has traído regalos?) – preguntó Elisabeth separándose un poco. Bella puso cara de duda, pues ella no sabía que les habíamos dicho a los niños que estaba de viaje.
-Sí, cariño, mira todo lo que ha comprado – dijo mi hijo entrando con dos bolsas llenas de regalos. Ahora el confundido era yo, pero vi la sonrisa de mis hijas y supe que ellas tenían algo que ver. Liz salió corriendo hacia los juguetes y Tony se quedó allí abrazando a Bella, que estaba de rodillas sin soltar a su hijo. En ese momento lo cogió en brazos sin dejar de abrazarlo, iba a protestar pero vi que se acercó al sofá a sentarse. Bella comenzó a acariciar a Tony el rostro llorando, no estaba muy seguro si por alegría de estar en casa con sus hijos o de tristeza por lo que pasaba.
-Mamá, está caliente – dijo seriamente mirando a mi esposa.
-Sí, creo que tiene calentura, pero no me dejaba tomarle la temperatura – se justifico.
-Dame el termómetro – pidió. Tony se abrazaba a su madre y no parecía tener intención de soltarla. En ese momento me percaté de que Charlie estaba en casa todavía.
-Mía que tulo (Mira que chulo) – dijo Elisabeth enseñándonos a todos los juguetes. Alice y Rosalie sonrieron.
-¡Buauh! Cuantas cosas te ha comprado mamá – dijeron sonriendo a Bella, quien como respuesta les asintió. Intentó sonreírles pero le salió una mueca. Edward se sentó al lado de Bella y acarició la pierna de mi nieto que colgaba.
-¿Carlisle, tienes algo para su fiebre? – me preguntó mirándome seriamente.
-¿Cuánta tiene? – pregunté acercándome a ella. Y me enseño el termómetro. 38.4ºC, no era mucho pero asentí y fui a buscar el medicamente que me había dicho el pediatra el día antes.

Pov Esme

Carlisle volvió con una jeringa sin aguja cargada de la medicina que era para Anthony y se la entregó a Bella, en este momento ella sería la única capaz de hacer que el niño se la tomara.
- Amor, ten, toma esto. –le dijo acercándole la medicina y el niño volteó el rostro.
- No. –le dijo llorando y revolviéndose en sus brazos.
– Tony, dime algo… ¿te sientes mal? ¿Estás triste o enojado? –le preguntó y el niño se le quedó viendo.
- Mami. –le dijo y se abrazó a ella, todos tomamos eso como una afirmación.
- Entonces toma esto, amor. Con esto te vas a sentir mejor, te lo prometo. –le volvió a acercar la medicina y el niño se quedó quieto.
- Sabe feo. –protestó un poco.
- Lo sé, pero sólo es un momento. Después te puedo dar jugo ¿quieres? –le ofreció y después de unos segundos el niño finalmente abrió la boca.
Bella le puso la jeringa y fue empujando para pasarle la medicina, Anthony hizo muecas pero se la pasó toda, aunque al final supuse que tenía asco a juzgar por su expresión y temí que vomitara. Mi hija se puso de pie  con él en los brazos y fue hacia la cocina, yo me le adelanté para servir el jugo antes de que ella llegara. Ya en la cocina tomé el vaso favorito de mi nieto y se lo serví, cuando llegaron Bella me sonrió para agradecerme y se lo empezó a dar al niño con tragos lentos, de seguro que Carlisle le dio esa instrucción.
Mientras eso sucedía vi que Edward se acercó y también Jasper y Alice, abajo pude escuchar la risa de Elizabeth y Emmett, supuse que Rose y Charlie también se había quedado a cuidar a la niña. Todos nos quedamos quietos, mirando, con las mismas expresiones preocupadas y las dudas dibujadas en el rostro. Cuando el niño dejó de beber Bella le quitó el vaso y lo abrazó contra su cuerpo.
- Lo hiciste muy bien. –felicitó a su hijo.
- Si en media hora no se le comienza a bajar, habrá que bañarlo con agua fresca. –dijo Carlisle y Bella asintió y se fue con Anthony de regreso a la sala.
Yo fui y abracé a mi esposo, deseando que Tony estuviera bien y no hubiera necesidad de repetir esos bañaos que sólo lo hacían llorar y sentirse peor, como si necesitara eso.

Pov Rosalie

Papá salió a buscar el medicamento, sabía que Bella tenía que estar pasándolo mal, no podía imaginarme lo que era tener un hijo enfermo, y me dolía mucho todo. Papá bajó con la jeringa con el medicamento y se la dio a Bella.
- Amor, ten, toma esto – le pidió Bella acercado un poco el medicamente pero mi sobrina le giro la cabeza.
- No – contestó llorando.
– Tony, dime algo… ¿te sientes mal? ¿Estás triste o enojado? – le pregunto triste, mi sobrino la miró seriamente.
- Mami. – dijo abrazándola fuertemente y creo que no fui la única en ver que eso era una afirmación.
- Entonces toma esto, amor. Con esto te vas a sentir mejor, te lo prometo – le volvió a acercar la medicina y el niño se quedó quieto.
- Sabe feo. – se quejó.
- Lo sé, pero sólo es un momento. Después te puedo dar jugo ¿quieres? –le prometió y finalmente mi sobrino abrió la boca para tragar la medicina. Bella se la dio y por sus expresiones pensé que vomitaría pero no fue así. Mi cuñada se levantó con el niño en brazos y camino hacía las escaleras para ir la cocina, aunque Esme se les adelantó. Edward, papá, Alice y Jasper también subieron, mientras Emmett, Charlie y yo nos quedábamos con Liz, que jugaba con los juguetes que le habíamos comprado mi hermana y yo para que pareciera que se los había dado Bella.
-Mía tío Emmett (Mira tío Emmett) – dijo enseñando su juguete. Se levantó del suelo – Voy a enséñale a Tony (Voy a enseñarle a Tony) – dijo caminando para la escalera.
-No cielo, más tarde le enseñas – dijo Emmett cogiéndola en los brazos.
-Yo quedo ahora (Yo quiero ahora) – dijo cruzándose de brazos y tirando el juguete.
-Pero, ahora no puedes, pequeña – le dijo, y comenzó a hacerle cosquillas para que la niña  se distrajera. Ambos comenzaron a reír fuerte, y sonreí, no solo porque hubiera conseguido distraerla, sino también porque tenía la prueba de que Emmett sería un gran padre. Escuché como bajaban las escaleras y Bella con el niño en brazos se fue directa a la habitación. Todos los demás vinieron aquí. Intentando sonreír para que Liz no preguntara, porque aunque tan solo tenía tres años, en dos meses a cumplir los cuatro, era una niña muy lista.
-Papi ¿Onde está Tony? (Papi, ¿Dónde está Tony?) – preguntó Liz, saliendo de los brazos de mi novio.
-Mamá lo ha llevado a la cama porque él está cansado – le dijo abrazándola. Me había dado cuenta de todos estábamos centrándonos en Tony, y que tal vez Liz se sentía sola o apartada de todos. Bella apareció por la puerta con una sonrisa que no llegó a sus ojos. Se acercó a Edward y extendió los brazos para que este le pasara a la niña. Liz abrió los brazos y se fue con su madre. Pero Bella se sentó al lado de Edward. Mi hermano nos miró a todos, indicándonos que los dejáramos solos.
-Chicos, yo me voy ya – dijo Charlie. Bella lo miró, dejo a la niña en el suelo y se levanto a abrazarlo – Me tienes para todo lo que necesites cariño.
-Gracias papá. Por haber venido – le dijo con una sonrisa.
-No tienes que darlas, pequeña – se despidió con dos besos. Se agachó para despedirse de Liz, dio un golpe a Edward en el hombro, como apoyo. De los demás se despidió con la mano.
-Bueno, nosotros vamos a preparar la cena – dijo Esme que cogió a papá del brazo para salir de allí.
-Sí, nosotros recogeremos los juguetes, y los llevamos a la habitación de arriba – dijo Alice cogiendo a Jasper de la mano.
-Nosotros a duchar, para ver si el vientre se relaja un poco – dije con una sonrisa. Y Emmett me cogió de la mano para subir.

Pov Bella

Cuando todos salieron de la sala, estuvimos un rato callados los tres. Había llegado el momento de hablar con Elizabeth de lo que estaba pasando. Aprovechando que mi niño se había quedado dormido, Edward y yo nos sentamos con ella para explicarle.
- Linda, tenemos algo que decirte. –le hablé sosteniendo su mano. La tenía sentada en mi regazo, pero necesitaba algún pequeño contacto con ella.
- ¿Te vas a ir otra vez? –preguntó preocupada.
- No, amor. Aquí me voy a quedar. –le prometí y besé su frente. Ella sonrió y me miró esperando a que continuara. – Es sobre Tony, él está enfermo y vamos a llevarlo al hospital para que lo ayuden – dije lentamente para asegurarme de que mis palabras eran claras y no entrecortadas.
- ¿El abuelito Carlisle? – nos pregunto confundida.
- Un amigo de él que es especialista en niños. –aclaró Edward. – Y vamos a necesitar que tú nos ayudes a cuidarlo.
- Yo los ayudo. –dijo sonriendo, feliz por poder participar.
-  Él se va a sentir mejor si tú lo ayudas. –le dije y la abracé fuerte.
Edward nos envolvió a las dos y en su mirada vi la inmensa tristeza que sentía, igual que la mía… ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar este tipo de situaciones ni en un millón de años lo estaríamos... pero de todas formas la vida nos las puso enfrente, sin oportunidad de evadirlas.
-Teno hambe (Tengo hambre) – dijo sonriendo. Edward la cogió de mi regazo para que yo no me esforzara más, pues había estado todo el rato con Tony en brazos, bajando y subiendo escaleras y eso era demasiado esfuerzo para mi corazón. Subimos las escaleras los tres. Mamá estaba haciendo la cena, y Carlisle intentaba ayudarla, pero desistió y se sentó con Jasper y Alice. Nosotros también nos sentamos con ellos y a Liz la dejamos encima de la mesa para jugar con ella.
-A ver, que aquí tengo la cena para la princesa de la casa – dijo sonriendo y puso el plato en la mesa. Yo bajé a mi hija para que se sentara bien para comer. Estuvo cenando y todos estuvimos en silencio. Creo que nadie era capaz de decir nada en estos momentos. Por un momento recordé que mis hermanos y cuñadas estaban aquí de vacaciones y que en apenas dos semanas se irían de nuevo. Y no les podíamos forzar a que se quedaran.
-Ya toy (Ya estoy) – dijo con su magnífica sonrisa, que pocas veces desaparecía de su rostro.
-Pues venga vamos a dormir que ya es muy tarde – dije cogiéndola en brazos. Pero vi unas cuantas miradas que me miraron mal por eso. Y se la pase a Edward. Bajamos los tres, Tony continuaba dormido en la cama, me acerque a mirar si la fiebre había bajado y así era. Entonces me acerqué a la cama de Liz, entre Edward y yo le pusimos el pijama y tarareamos hasta que se quedó dormida. Después me miró a los ojos y me abrazó fuerte sabiendo que lo necesitaba.
-Tranquila, verás que todo sale bien – me susurró al oído. Y abrazados salimos de la habitación y subimos. Todos en la cocina nos miraban seriamente.
-Carlisle, le ha bajado la fiebre – le dije, el asintió.
-¿Cenáis? – nos preguntó mamá seriamente.
-Yo no tengo hambre – dije encogiéndome de hombros. Edward también negó – Nos vamos a la cama, cualquier cosa con los niños nos despiertan – les dijimos y asintieron. Cuando llegamos a mi habitación me senté en la cama, respirando hondo.
-Te has esforzado mucho hoy, y te acaban de dar el alta – me dijo seriamente.
-No seas tonto, no ha pasado nada – dije levantándome para que me viera – Voy a darme una ducha y a dormir. Lo necesito – dije sonriendo. Él también sonrió.
-Yo voy a mi habitación a por el pijama y me duchare allí – me dijo. No dije nada más y me metí a bañar.

DOS DÍAS DESPUÉS

Pov Edward

El tiempo en la sala de espera se me estaba haciendo eterno, no era una operación larga pero no podíamos evitar angustiarnos. Ayer cuando le contamos Anthony qué pasaría hoy se nos partía el corazón, tanto a mí como a Bella.


Flash Back
Pov Bella

Estábamos sentados en la habitación de los niños listos para decirle a Anthony lo que iba a suceder. Carlisle nos lo había explicado y ahora él y Esme estaban aquí con Edward y conmigo para apoyarnos, mientras los demás cuidaban a Elizabeth. Mi niño estaba sentado en mi regazo y me abrazaba como yo a él.
- Tony, hay algo que queremos decirte. – le hablé acariciando su cabello y alzó la mirada. - ¿Te acuerdas cuando fuiste al hospital y te tomaron sangre? –le pregunté y él asintió. – Tenemos que ir otra vez, amor.  –de repente me detuve, incapaz de continuar.
- Estás enfermo, sólo un poco, y tenemos que arreglar eso ¿verdad? –me relevó Edward y el niño lo miró, la verdad no estaba segura de si él entendía o no. – Para que estés grande y fuerte y te sientas mejor…
- No. –dijo mi bebé y escondió el rostro en mi pecho.
- Anthony, es necesario, para que estés bien. –le dije acariciándole la espalda.
- Es un día nada más, un rato. –intervino Carlisle. – Tony, sólo serán unas horas y mamá y papá van a estar contigo.
- No. –volvió a decir y comenzó a llorar.
- Amor, tenemos que hacerlo. –le susurré. - ¿Lo harás? ¿Lo harías por mí? –le pregunté y con la mirada busqué a mi mamá, insegura de si estaba haciendo lo correcto, ella asintió pero pude ver en su expresión que tenía dudas.
- ¿Te irás? –me preguntó él asustado. Yo negué de inmediato con la cabeza y lo miré a los ojos para que entendiera que le decía la verdad.
- No amor, no me voy a ir ya. Siempre voy a estar contigo. Pero tenemos que ir al hospital para que te den un piquetito aquí –le toqué el sitio en su espalda donde tomarían la muestra. - ¿Lo harás, verdad? Para que te sientas mejor… -al final dejé que mis palabras se extraviaran, le estaba prometiendo que con eso las cosas mejorarían y no era cierto, para él sólo sería peor.
- ¿No te vas? –preguntó aún angustiado.
- No amor, no me voy. –lo abracé con más fuerza y le besé la frente.
- Anthony, mañana iremos al hospital. Hoy si quieres tú y Liz pueden dormir con nosotros para que sueñen bonito. –el tono de autoridad de Edward me sorprendió, sonaba mucho a su padre, no se lo dijo como una orden pero me di cuenta de que hasta ese momento yo les estaba pidiendo permiso al niño y él le avisó lo que en realidad iba a suceder.
- ¿Me cantas? –preguntó Tony y le sonreí, parecía que las palabras de Edward obraron magia, él ya había aceptado. Asentí y me puse de pie para ir con él en brazos a la habitación donde dormiríamos, ya Edward se encargaría de llevar a Liz después de que cenara.
Fin del Flash Back

Pov Edward

Esperábamos que en cualquier momento salieran a decirnos que Anthony había salido de quirófano y lo llevaban a la habitación. Él se quedó asustado cuando pasó a donde ni Bella y yo pudimos acompañarlo y me daba miedo cómo le habría ido adentro. De repente salió el cirujano pediatra, su expresión de tranquilidad me reconfortó un poco.
- Todo ha salido bien. –nos aseguró. – Todavía está medio dormido por la anestesia, pero como el abuelo es médico les indiqué que lo lleven a la habitación. Tú puedes cuidarlo ahí, Carlisle. –le dijo a mi padre y él asintió.
- ¿Algo inusual? –preguntó papá.
- No. Ya enviaron la muestra para ser analizada. El sangrado fue mínimo y aunque va a quedar un poco adolorido y hay que tener cuidado con la herida, no hay nada fuera de lo común.
- Muchas gracias. –le dijo mi padre y el otro médico sonrió.
- No hay de qué. En cuanto tenga los resultados te llamo. Y si algo surge antes, tienen mis teléfonos.
- Por supuesto. –le aseguré y se despidió, de inmediato fuimos a la habitación, llegamos ahí cuando dejaban a Anthony sobre su cama. Bella y yo fuimos a sentarnos a sus lados.
- ¿Mami? –preguntó mirando a Bella.
- Sí amor, aquí estoy. –lo abrazó y todos nos quedamos en silencio varios minutos hasta que él volvió a quedarse dormido.

Pov Carlisle

Esperamos un rato hasta que a Anthony se le pasaron los efectos de la anestesia, poco a poco fue despertándose y quejándose de dolor, el sitio de la espalda donde tenía la pequeña herida cubierta por un parche le molestaba y en realidad no había mucho que pudiéramos hacer para que se sintiera mejor.
Entre Bella y Edward lo estuvieron consolando y más tarde cuando fue momento de darle algo de comer, le ofrecimos comida de casa, cosas que sabíamos le gustaban, en lugar de la comida del hospital. Él la probó apenas y después pidió irse a casa, por lo que nos marchamos, el pediatra había dejado todos los papeles ya firmados.
El viaje a casa fue silencioso, ninguno dijimos nada y lo único que se escuchaba en el coche era los sollozos de mi nieto y Bella tarareando. Aparque el coche en el garaje, y Bella salió con Tony en sus brazos y sin separarse de él. Como su médico consideraba que estaba haciendo mucho esfuerzo, pero como padrastro, suegro y abuelo de su hijo, no iba a decirle nada, porque sabía que Tony necesitaba a su madre. Pues en momentos me hacía recordar a cuando mi mujer enfermo, como estaban mis hijos con su madre, sobre todo Rosalie que fue la que peor lo pasó. Aunque deseaba que Bella no tuviera el mismo final. 
- ¿Cómo fue todo? –preguntó Rosalie cuando entramos a casa, todos nos estaban esperando, incluida Elizabeth, que sólo sabía a grandes rasgos que estaba pasando, ella como Anthony era muy pequeña para entender bien.
- Bien, en tres días sabremos los resultados. –les dije y vi cómo Bella llevaba a al niño a su habitación bajo la mirada curiosa de su hija, quien al parecer quería decir algo pero no lo hacía. Edward se acercó a ella.
- ¿Cómo te has portado? –le preguntó alzándole en brazos.
- Ben. ¿Cómo está Tony? (Bien) –le dijo asustada.
- Está cansado pero mañana se sentirá mejor. ¿Quieres que te prepare algo de cenar? –le ofreció sonriéndole.
- ¿Mami va a venir? – pregunto triste. Desde que Bella había vuelto apenas se separaba de Tony.
- No, amor, ella se va a quedar con Tony, pero todos los demás vamos a cenar. –le dijo y se fue hacia la cocina con la niña.
Ahí pensé por primera vez en lo difícil que iba a ser también para ella y en el esfuerzo que tendríamos que hacer todos para que no se sintiera olvidada por su familia, especialmente por sus padres.

Narrador externo

Estos días de espera habían sido horribles, sobre todo para Bella, no había querido separarse de Anthony ni un momento, por miedo a que se pusiera mal y no estar cerca. En cada momento que le subía un poquitín la fiebre y no quería tomar jarabe se le rompía el corazón, pues si resultaba ser cáncer eso no sería nada comparado con lo que le esperaba. Edward intentaba repartirse entre Liz y Anthony. No quería que su hija pensara que sus padres le habían olvidado, y estaba un rato con ella, luego aprovechaba cuando los demás estaban cuidándola para ir con Bella y Tony. Pero la desesperación se veía en su rostro con cada cosa que le pasaba a Anthony, ya fuera una queja por una molestia, tener fiebre o ponerse a llorar.
Emmett intentaba con todas su fuerzas hacerlo más ligero, ayudar en todo lo que podía a su hermana y cuñado. Pero en este momento pocas cosas estaban en sus manos, pues los niños solo querían estar con sus padres. Rosalie también estaba allí para jugar con Liz y con Tony, cuando él quería. Y darles un poco de tiempo a los padres para descansar y despejarse un poco.
Alice y Jasper actuaban igual a sus hermanos, hacían sus esfuerzos por para estar con los niños, pero no pasaba de un rato, pues enseguida pedían estar con sus padres. Los cuatro estaban pasando sus dos últimas semanas en Forks y deseaban que por lo menos acabaran bien, y no se tuvieran que ir con un mal sabor de boca.
Esme ayudaba a Bella en todo momento, tenía miedo de dejarla sola y que algo le pasara a ella también. Mientras Carlisle hacía sus guardias y volvía a casa, con la esperanza de encontrar algo diferente a como lo hacía dejado antes de irse.

Pov Rosalie

Estaba en la cocina con Alice y Esme preparando algo para la comida, el resto de la familia andaba por la casa en diferentes actividades y mi papá, en el hospital como de costumbre. Sin embargo cuando escuché la puerta principal abrirse fruncí el seño y me dirigí hacia ella detrás de las demás. Creo que todos nos extrañamos igual de la llegada de mi papá a esa hora. Cuando lo tuvimos enfrente y vi la expresión de desconsuelo en su rostro recordé que ese día esperábamos los resultados de la muestra del tumor y no tuvo que decir nada para que todos supiéramos… Anthony tenía cáncer.
- Me llamó el pediatra. –dijo y se detuvo para ver a los niños, que iban tomados de las manos de Emmett.
- Luego saludan al abuelito. – les dijo mi novio y levantó a cada niño en un brazo. – Nosotros tenemos un juego pendiente. –y se los llevó dándonos una última mirada a todos.
- Es cáncer, mi niño tiene cáncer. –dijo Bella casi histérica mientras Edward la abrazaba, en este punto todos teníamos los ojos llenos de lágrimas.
- Sí, Bella. Eso dijeron los resultados. Tenemos que empezar con la quimioterapia lo más pronto posible. –habló mi papá y vi que mi Esme iba a abrazarlo, al igual, Alice se refugió en Jasper y yo me quedé con ambas manos en mi vientre, deseando tener ya a mi bebé en los brazos.
- ¿Cuándo hay que ponerle el catéter? –dijo Edward. Su voz se quebró varias veces mientras hablaba y las lágrimas también se derramaban por sus ojos y sus brazos envolvían a Bella con angustia.
- Mañana mismo, no tiene caso perder tiempo. –aclaró papá.
- Hay que decírselo a Tony y Elizabeth. –habló Bella quitándose las lágrimas de los ojos y respirando profundo. Luego tomó a mi hermano de la mano y se encaminó hacia donde estaban Emmett y los niños, yo los seguí porque necesitaba abrazar al hombre que amaba y que me prometiera que nuestro bebé siempre estaría bien.
Cuando llegamos a la habitación estaban los tres sentados en el suelo con unas piezas de construcción alrededor, la niña se veía feliz, no para de jugar y enseñarle las cosas a mi novio. Emmett preocupado, jugaba con Liz aunque no hacía mucho caso a los juguetes. Y Anthony triste, miraba como su hermana y su tío jugaba, y estaba callado, no decía nada. Cuando mi novio nos vio, alzó ambas cejas y yo le hice una seña para que se acercara a mí.
- Mamá y papá vienen, después terminamos aquí  ¿de acuerdo? –les dijo a los niños y les hizo una caricia en la mejilla antes de ponerse de pie.
Cuando pasó al lado de Bella y Edward les dio una palmadita en el hombro a manera de apoyo y luego fue hasta mí. Yo lo halé fuera de la vista de los niños y luego me aferré a él como si de eso dependiera mi vida, porque lo necesitaba demasiado.
-Rose tranquila… - dijo abrazándome y acariciando mi espalda, el abrazo no era muy fuerte pues entre nosotros teníamos a nuestro bebé.
-Tiene cáncer, Emmett. Esta enfermo… yo no quiero que nuestro bebé pase por eso… prométeme que él estará bien – dije llorando desesperada. Sabía que le había hecho una pregunta que no estaba en sus manos que se hiciera realidad o no, pero deseaba con todas mis fuerzas que mi bebé siempre estuviera bien.
-Tranquila amor – dijo consolándome y llevándome al comedor donde estaban todos desconsolados. Mi hermana se abrazaba fuertemente a Jasper y él la tenía en el interior de sus brazos acunándola como una niña pequeña, para calmarla, pero de poco servía pues él no estaba mucho mejor. Papá también consolaba a Esme y le daba palabras de aliento para calmarla, pero escuchaba también sus sollozos. Emmett y yo nos sentamos con ellos, a la espera de que mi hermano y Bella salieran.

Pov Edward

Nos quedamos a solas con los niños y yo todavía no estaba seguro de poder decirles nada, estaba impresionado por la fuerza y la determinación de Bella. Ella se sentó en el suelo y yo la seguí, quedamos alternados, ambos con un niño a cada lado.
- Tenemos que decirles algo. –habló ella y ambos la miraron. – ¿Anthony, recuerdas el otro día que fuiste al hospital y te pusieron un suero en el brazo? –el niño asintió y frunció el seño, Elizabeth se nos quedó mirando sin entender.
- El suero es una medicina que se inyecta en el brazo. –le dije a la niña y ella me vio con los ojos muy abiertos. No le gustaba hablar de agujas.
-Tenemos que ir al hospital otra vez, Tony, y te van a poner algo parecido aquí. –le señaló el lugar debajo de su clavícula.
- ¿Por qué está enfermo le ponen eso? –preguntó Elizabeth y mientras el niño se mostró entre confundido y asustado.
- Sí, amor, es para que se cure. –Le dije.- Pero no va a doler mucho. Sólo un poquito al principio y podremos venir a casa el mismo día y mirar una película todos juntos. –les prometí.
- ¿Y me van a llevar a mí también? –preguntó Liz mientras Anthony parecía seguir sin saber qué hacer.
- No, tus tías y tíos se van a quedar contigo. –le aclaró Bella. – Tony, tu papá y yo vamos a ir contigo y todo va a estar bien. Serás muy valiente ¿verdad? –le rogó un poco y el niño comenzó a llorar en silencio. – No llores. –le pidió y lo abrazó. – Mañana iremos, pero ahora podemos hacer otra cosa ¿quieres helado? –le ofreció como premio de consolación, Tony no dijo nada, pero Bella de todas formas se puso de pie y lo llevó con ella.
- ¿Quieres helado tú también?  -le pregunté a Elizabeth viendo en sus ojos que Bella la había herido al olvidarla así. Ella asintió y me extendió los brazos.
Yo la tomé y salí con ella caminando lentamente, buscando palabras para consolarla y hacerle saber que la amábamos como siempre, pero que Anthony necesitaba más cuidados ahora. No las encontré. Por eso me limité a acunarla contra mi pecho y tararearle una canción en el oído. Después tendría que hablar de esto con Esme y mi papá, porque la enfermedad de Tony y el que Bella y yo estuviéramos destrozados por dentro… no significaba que pudiéramos herir a Elizabeth. Cuando iba a subir por las escaleras me di cuenta de que toda la familia estaba en el salón, esperando a que dijéramos algo. Seguramente Bella pasó de largo.
-Vamos a comer helado, ¿Queréis? – dije intentando parecer lo más sereno posible, aunque por dentro me moría de ganas de salir corriendo y cuando volviera todo estuviera bien. Todos en la sala sacaron una sonrisa triste, pero se levantaron y vinieron con nosotros. En la cocina, Bella miraba las tarinas de helado enorme que teníamos, para cuando a Rose se le antojaba, con el niño en sus brazos. La vi rebuscar, desesperada, pero no encontraba nada.
-Hija – la llamo Esme acercándose. Bella levantó la mirada para ver a su madre – Yo las busco cielo, siéntate – le dijo. Bella asintió y se sentó en la mesa acunando Anthony en sus brazos. Con ver como estábamos todos, ya sabía que el día de hoy sería muy largo.


Pov Bella

Estábamos en la habitación de hospital con el pediatra. Edward y yo nos sentamos de un lado de la cama, Carlisle y mamá se quedaron de pie muy cerca y el otro médico preparó todo para colocarle el catéter a Anthony. Él no estaba dormido, sino medio sedado, como somnoliento. Cuando le pusieron anestesia local debajo de la clavícula él apenas protestó, yo le sostenía el hombro que tenía más cerca y Edward hacía lo mismo con las piernas.
Vi al pediatra limpiar el área y ponerle unos trapos estériles, colocarle la anestesia y luego introducir una aguja grande debajo de la clavícula, quise cerrar los ojos, pero no lo hice. Movió la aguja adentro varias veces y luego vi salir algo de sangre, él sonrió y sacó la aguja, dejando dentro una parte, luego le puso un tapón especial y un parche encima.
Yo no entendía bien eso, pero por la expresión del médico y de Carlisle, supe que estaba hecho, fue tan sencillo como aquello.
- Listo, mañana podemos iniciar con la quimioterapia, imagino que preferirán dársela en casa… -nos dijo el pediatra y todos miramos a Carlisle.
- Es decisión de ustedes. –nos dijo a Edward y a mí.
- ¿Tú puedes hacerlo en casa? –pregunté.
- Sí, claro. Ahí no tendrían ayuda de una enfermera para cuidarlo, pero él estaría más cómodo. –nos aclaró.
- Entonces es definitivo. Que sea en casa. –habló Edward y yo asentí.
- Perfecto, mañana en la mañana te entrego los medicamentos, Carlisle. No se los recetaré yo, pero un oncólogo amigo mío me estará apoyando.
- Entiendo. –respondió mi suegro.
Luego, el médico se marchó y nos quedamos a solas con Anthony, esperando a que se le pasara la somnolencia para darle algo de comer y poder llevarlo a casa, ansiaba tenerlo arropado conmigo en cama, viendo algo que a él le gustara sólo para sentirlo tranquilo y poder pensar que sólo por un momento… era feliz. Pero por el momento me tenía que conformar con estar cerca de su cama acariciando su rostro. Edward me tenía abrazada, me refugiaba en sus brazos y me consolaba en su hombro. Mientras, tanto Carlisle como mamá nos miraban con tristeza a nosotros y Tony. No me importó, no me importaba dar pena, lo único que quería era que mi hijo estuviera sano a mi lado. Y poder ser una familia tranquila.
-Amor tranquila – me susurro Edward. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que mi respiración era agitada por culpa de mi llanto.
Pasamos allí unas horas esperando, cuando fue saliendo de la somnolencia  empezó a quejarse de que le molestaba. Carlisle le dijo que no se tocara, que le molestaba ahora pero que se le acabaría pasando. Ahora nos encontrábamos mamá y yo en la habitación con Anthony, Edward y Carlisle había ido a preguntar si podíamos llevarnos ya a mi hijo a casa.
-Mami, quedo i a casa (Mami, quiero ir a casa) – murmuró.
-Pues ya nos vamos – dijo Edward entrando – Nos acaban de decir que nos lo podemos llevar a casa, mañana papa vendrá a por la quimio y se la aplicará él mismo en casa – me dijo Edward calmado.
-Venga amor, que te vestimos y vamos a casa – dije sacándolo de la cama con cuidado.
Vestí a mi hijo lo más rápido que pude teniendo cuidado de no haberle daño en el catéter que le acababan de poner. Al llegar a casa, ya habían acostado a Elizabeth y yo me llevé a Tony conmigo a la cama. No quise contestar lo que empezaron a preguntar mis hermanos y cuñadas, dejé que fueran Edward y Carlisle lo que respondieran a sus preguntas, mientras mamá me ayudaba a preparar a Tony para dormir.
-Bella hija, yo lo llevo – dijo cogiéndole de mis brazos. Iba a protestar pero vi en la mirada de mi madre que me lo suplicaba.


Pov Edward

Habíamos madrugado para explicarle a Anthony que ahora su abuelo le iba a dar un poco de medicina, y que tenía que ser fuerte. ¿Cómo se le explicaba un niño de casi cuatro años que le iban a dar medicamente que le haría sentirse mal más tarde?
-Buenos días – dijo Alice entrando en pijama a la cocina donde estaba yo.
-Hola – dije con pesadez, mi ánimo en los últimos días era deprimente.
-¿Y Bella? – me preguntó abrazándome.
-Duchándose, cuando papá llegué lo despertaremos y le intentaremos explicar – dije encogiéndome de hombros.
-Tienes mala cara, hermano – dijo acariciando debajo de mis ojos, seguramente las ojeras que se me habían formado, por las noches en el hospital y ahora con lo de Anthony. Había dormido muy poco en los últimos días.
-No es nada, enana – dije intentando sonreír.
-Hola – saludó Emmett entrando con su peculiar pijama, o sea, en calzoncillos.
-Emmett… por favor… - susurró Alice mirándolo con una sonrisa.
-Yo voy cómodo así, no sé por qué os quejáis tanto – dijo. Escuchamos la puerta abrirse y se me encogió algo, sabiendo que ese era mi padre. En solo unos minutos, lo teníamos en la cocina con nosotros.
-¿Cómo durmieron? – pregunto mirándonos a todos. Vino hasta mi lado y apoyó una mano en mi hombro.
-Como se ha podido – dijo Alice encogiéndose de hombros. Emmett asintió de acuerdo con mi hermana.
-¿Y Anthony? – me pregunto seriamente.
-En la habitación, lo vamos despertando mientras lo preparas – dije.
-Sí, llévalo a la habitación que hay libre en vuestra planta, la he preparado para atenderlo bien – dijo mi padre, asentí y subí las escaleras lo más rápido que pude y entré en mi habitación. Bella abrazaba a nuestro hijo, y me fijé que ya estaba despierto.
-Papá ya está aquí – le dije, ella me miró y asintió. Me fui a sentar a su lado.
-Mi vida, ahora por esto que te pusieron ayer, te van a poner un poco de medicina – dije señalando el catéter y él me miro asustado.
-No – dijo escondiendo su rostro en el pecho de Bella.
-Amor, es para que te pongas bien – le dijo Bella. Para que te sientas bien después de pasar un calvario pensé.
-Mira pequeño – dije cogiéndolo y levantándome para llevarlo a la habitación que me había dicho mi padre – Tienes que ponerte bueno rápido, porque tienes que jugar mucho con Liz y cuando el bebé de tía Rose nazca tienes que cuidarle mucho – dije sonriendo – Pero primero tienes que dejar que el abuelo te cure para que estés fuerte – Entré en la habitación y me asusté cuando la vi. Parecía una sala de hospital. Aunque por las paredes había fotos de toda la familia. Bella a mi lado también se sorprendió. Mi padre entró detrás de nosotros con una bolsa parecida a la del suero, pero supuse que sería la quimio.
-Ayer cuando estábamos en el hospital pedí que lo prepararan – nos aclaró mi padre. Me indico que lo dejara en la camilla y así fue.
-No quedo (No quiero) – se quejó.
-Amor, solo será un rato. Papá y yo vamos a estar aquí contigo – le dijo Bella. Me fui a un lado de la camilla y dejé a Bella en la otra.
Papá le quitó la playera y el parche sobre el catéter, luego limpió bien el área con desinfectante para la piel y se puso unos guantes, conectó la bolsa del suero al catéter y abrió el conducto, por donde empezaron a caer las gotas.
La espera fue larga y se me hizo eterna, Anthony lloraba a ratos y trataba de tocar el catéter, tuvimos que detenerlo cada vez, le cantamos y conversamos con él para distraerlo, hasta que finalmente, toda la sustancia pasó y mi papá puso otra bolsa de suero más pequeña, en ella había inyectado algunas medicinas, esta vez la pasó más rápido. Cuando también se terminó la quitó y volvió a poner el parche en su lugar.
- ¿Y ahora? –preguntó Bella.
- Voy a revisarlo. –afirmó y le colocó el termómetro antes de revisar su pulso y su presión con un brazalete especial para niños. Hasta que terminó volvió a hablar. – Él está bien. Lo último que le pasé son medicinas para disminuir el malestar que le va a entrar, pero de todas formas no lo va a quitar.
En ese instante como si Anthony confirmara su teoría, comenzó a tener arcadas y vomitó. Yo estaba listo con una palangana en forma de riñón de las que usan en los hospitales y se la puse. Lo poco que tenía en el estómago salió y él se calmó un momento, aunque estaba llorando.
Bella lo abrazó y le habló al oído tratando de calmarlo mientras yo limpié un poco y tomé otro recipiente por si volvía a vomitar. A los pocos minutos sucedió otra vez, sólo que ahora ya no salió nada, pues mi niño tenía el estómago completamente vacío.
- Va a seguir así un rato. –dijo mi papá con pesar y acarició la mejilla de Tony antes de ir y sentarse en el otro extremo de la habitación.
Ya nos había advertido que así sería y lo estábamos esperando, pero le agradecí que se quedara ahí, pues tanto a Bella como a mí nos daba seguridad el tenerlo cerca. Anthony volvió a tratar de vomitar y yo le froté la espalda para darle consuelo, sabiendo que eso era apenas el principio de todo lo que mi niño iba a vivir.

Pov Alice

Cuando mi hermano salió de la cocina me quedé sola con Emmett. Me había dado cuanta que tanto a mi hermano como a Bella se les había ido el brillo que tenían en la mirada siempre. Pues aunque no tenía hijos, suponía que tener un hijo enfermo tendría que ser horrible. Y Esme tuvo que pasarlo, pero ella a diferencia de Bella y Edward lo hizo sola y con una enfermedad crónica.
-Oye, ¿Dónde está mi hermano? – me preguntó Emmett, saliendo del silencio donde ambos nos habíamos metido.
-Durmiendo. Esta noche no ha sido la mejor de nuestras vidas y a conseguido dormirse tarde – le expliqué - ¿Y mi hermana? – le pregunté pues, por lo normal, Rose siempre se despertaba antes que él.
-No ha dormido bien, el bebé ha estado muy inquieto por sus nervios y ahora está descansando – dijo encogiéndose de hombros.
-Hola – dijo Esme entrando con Elisabeth en sus brazos.
-¿Qué hace la princesa de la casa despierta tan pronto? – pregunté mirando a mi sobrina, pero sabía que me contestaría Esme pues la niña tenía el rostro escondido en su pecho.
-Ha tenido una pesadilla, y se despertó llorando cuando Carlisle se iba. Él subió para que bajara a calmarla, y ahora empieza a hacerlo – nos explicó. Me dio curiosidad por saber qué pesadilla tuvo, pero le preguntaría más tarde a Esme si había conseguido saber algo - ¿Carlisle llegó? – pregunto dándole la niña a Emmett para preparar el desayuno.
-Sí, está arriba con los tres – dije seria. Mi suegra asintió mientras dejaba escapar un suspiro.
-¿Por qué no me has despertado, Alice? – preguntó Jasper entrando también en calzoncillos.
-Se te veía muy tranquilo durmiendo. ¿Qué haces tú también así? – le pregunté señalándolo.
-Fue así como me acosté. Además no me dio tiempo porque pensé que había pasado algo al ver que no me despertaste – me dije seriamente – Buenos días mamá – dijo dándole un beso a su madre. A Emmett que jugaba con Liz lo saludó con la mano y se acercó a darme un beso.
Bajamos al salón a pasar allí el rato mientras papá estaba con Anthony. Estuvimos jugando con Liz, distrayéndola cada vez que preguntaba por sus padres. Rosalie bajó con nosotros y se sentó con Emmett a ver la película y Esme se fue a preparar la comida, que decía que llevaría horas. Me había contado que Liz había soñado que estaba sola, y no había nadie en casa. Me sorprendí por el sueño, pues era muy pequeña para soñar cosas así. Al rato papá bajó serio, y con la misma mirada de tristeza que teníamos todos. Esme vino detrás de él, se la veía ansiosa por saber cómo salió todo. La niña estaba distraída con los dibujos.
-¿Cómo ha ido todo? – preguntó Emmett poniéndose serio al mirar a mi padre.
-Bueno… ahora se siente algo mal. Pero no puedo hacer nada contra eso. Es parte del proceso – dijo lamentándose. Abrazó a Esme consolándola, así mismo lo hizo Emmett con Rose y Jasper conmigo.
-No entiendo por qué un niño tiene que estar pasando esto – dijo Esme - ¿Edward y Bella como están?
-Mal – dijo siendo sincero – Intentan ser fuertes, pero se les ve mal. Se han quedado con él. Hasta que se sienta un poco mejor.
-Abu… - dijo Liz llamando a Esme – Teno hambe (Tengo hambre)- dijo acercándose a ella.
-Ahora comemos princesa – se apartó las lagrimas que habían comenzado a caer y la cogió en brazos.
-¿Y mami y papi? – preguntó.
-Con el hermanito, ¿Te acuerdas que esta malito? – le preguntó ella. La pequeña asintió – Pues mamá y papá están cuidándolo, pero cuando esté bien, vendrán con nosotros  - le explicó.
-No, los quedo ahora (No, los quiero ahora) – dijo y comenzó a llorar, con un llanto alto, tanto que me quedé segura de que Edward y Bella lo escucharon. En parte la entendía, apenas habían estado con ella desde que Bella había salido del hospital.
-Shh – comenzamos todos para calmarla. Pero no sirvió, continuó llorando y escuchamos bajar las escaleras. Pensé que sería mi hermano pues Bella no se separaba de Anthony pero no era él, sino ella.
-¿Qué le pasa a mi niña? – dijo cogiéndola de los brazos de Esme. Todos nos quedamos mirando cómo había conseguido calmar a la pequeña con tan solo cogerla.
-Quedo que tu y papi estén conmido (Quiero que tu y papi estén conmigo) – dijo abrazándola.
-Pero eso no puede ser cariño, ya te dijimos que Anthony estaba malito y que teníamos que cuidarlo mucho. Y tu prometiste que nos ibas a ayudar  - dijo caminado a la escalera.
-Pedo yo que a mis papis (Pero yo quiero a mis papás) – Bella la abrazó fuertemente para consolarla.
-Lo sé mi vida, pero tenemos que cuidarlo – dijo entrando en la cocina – Mamá ¿Tienes algo de comida? – preguntó mirando a Esme.
-Claro, ahora mismo te pongo un plato – dijo caminado para la olla. Todos nos sentamos en la mesa, con ellos.
-¡Papá, puedes venir! – escuchamos gritar a Edward. Bella se tensó, al escuchar a Edward. Papá caminó rápidamente a las escaleras y subió. Bella quería seguirlo pero, Liz no la soltaba.

POV
Carlisle

Entré en la habitación preocupado por el tono de voz que utilizó Edward, cuando entré vi al niño con las mejillas arreboladas y los ojos cerrados, respiraba algo agitado.
- Tiene fiebre. –me dijo pasándome el termómetro, lo miré y era cierto.
- No puedo darle más medicina que la que le he pasado en el suero. Desvístelo, aquí tenía listas compresas por si eso sucedía. –le dije y vi cómo empezaba a quitarle la camiseta a Tony. Me acerqué con el recipiente con agua fresca y las toallas, las mojé hasta dejarlas empapadas. – Así, en el cuello, las axilas y las ingles. –le indiqué los lugares estratégicos para ponerle las compresas frías y lo hicimos juntos.
Pude haberle dicho que un baño era lo mejor, porque definitivamente actuaría más rápido, pero no quería tener el niño vomitando en la tina, era mejor así.

Pov Esme

Hacía apenas una semana y media que nos habíamos enterado de que Tony estaba enfermo, y todos en la casa estábamos devastados. No teníamos ánimos para nada. Y aunque intentábamos sonreír cuando estábamos con los pequeños, que sonriéramos no significa que seamos felices. Quedaban unos días para que mis hijos se fueran, y nos volveríamos a quedar solos con Edward y Bella, quienes habían decidido dejar la universidad hasta que mi nieto estuviera recuperado.
El corazón se me partía cada vez que le escuchaba decir que se sentía mal, cuando tenía fiebre y había que bañarlo para que le bajara… mi mayor miedo en estos momentos era que a Anthony le pasara algo, que no consiguiera sobrevivir, estaba segurísima que de ser así, también iba a perder a mi hija y Edward detrás de ella. Y ninguno estábamos preparados para eso.
-Carlisle, Tony estará bien ¿Verdad? – le pregunté a mi marido esperanzada, era de noche y estábamos en la cama acostados.
-No lo sé, amor mío, no lo sé – dijo abrazándome y poniéndose a llorar conmigo.
-No puede pasarle nada, él… él… - con el llanto las palabras apenas me salían.
-Shh, cariño, tranquila. Los médicos que le atienden van a hacer todo lo que puedan por él – me consoló.
-Tengo mucho miedo – le confesé.
-Todos lo tenemos, pero ahora vamos a intentar despejar un poco la mente para poder dormir bien – me dijo acariciándome la mejilla.

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Pov Bella

No había podido dormir en toda la noche, como en las últimas, mis miedos eran mayores a mis ganas de dormir. Así que salí a sentarme fuera de casa con el viento fresco soplando en los árboles, tratando de encontrar algo de paz. Escuché la puerta abrirse y unos pasos acercarse, no miré para saber quién era, pero cuando Rosalie se sentó a mi lado, reconocí su perfume.
- Creo que sería tonto preguntare cómo estás. –me dijo.
- Estoy tan bien como puedo estar, considerando las circunstancias. –contesté mirándola, ella tenía ambas manos sobre su vientre como casi siempre, acunando a su bebé aún antes de que naciera.
- Tú eres la mujer más fuerte que conozco, has pasado por todo y sigues en pie. Te admiro por eso. –me dijo mirándome a los ojos y sentí que los míos se llenaban de lágrimas, porque nunca he sido fuerte, nada, sólo he hecho lo que he podido. – También vas a sobrevivir a esto, Anthony va a estar bien y todos estamos aquí para ayudar. –me tomó de la mano y yo le correspondí el gesto.
- No sé qué haría si ustedes. Os iréis en unos días y no será lo mismo–murmuré
-Te equivocas, aunque nos vayamos seguiremos estando para vosotros, y os seguiremos llamado para saber de todo. Con cada cosa que pase con Tony estaremos aquí para vosotros – dijo con sinceridad.
- Y no sé qué voy a hacer con Elizabeth. –le confesé lo que me estaba matando en ese momento.
- ¿Qué pasa con Elizabeth? –me preguntó sin entender.
- Temo estar haciéndola a un lado. Anthony requiere toda mi atención ahora, pero eso no es una excusa para ignorarla, y lo intento…  créeme que he tratado, pero cada vez que me doy cuenta estoy con Tony en los brazos y Liz anda por ahí con alguien más. La estoy lastimando y no puedo evitarlo. –le solté todo como un torrente de palabras cargado de emociones.
- Tranquila, Bella. –me consoló. – no puedes hacerlo todo a la vez ni puedes exigirte más de lo que ya estás haciendo. Liz lo va a entender. Sólo sigue esforzándote… podemos planear un día para que estén ustedes dos, y si quieren también Edward puede ir. Nosotros nos encargamos de Tony. –me sonrió.
- Suena bien. –le devolví la sonrisa y me limpié las lágrimas del rostro. - ¿Crees que ella me perdone, en verdad lo crees?
- Liz te ama, eres su mamá. Y va a entender cuando sea más grande. – me abrazó y le correspondí.
- Gracias, Rose.
- No me las des. Ahora ven dentro, te vas a enfermar con este frío. -le sonreí de nuevo y entramos juntas.
-Por cierto, ¿Qué haces despierta tan temprano? – le pregunté, esta conversación me había ayudado, pues sabía que Rose en parte me entendía porque ella también iba a ser madre.
-Me entró un antojo, pero te vi bajar las escaleras cuando estaba en la cocina y vine a verte – dijo con una sonrisa. Y yo no pude hacer más que abrazarla.
-Gracias – le susurré al oído.
-No tienes por qué darlas, ya te he dicho que me tienes para todo lo que quieras – me volvió a decir – Vamos al salón un rato, ya que ninguna de las dos puede dormir. -las dos nos fuimos a sentar en el sofá más grande que teníamos.
-Rose… ¿Has pensado como quieres que se llame tu bebé? – le pregunté por curiosidad.
-No sabemos qué sexo es. Queremos que sea un misterio para cuando nazca – dijo con una sonrisa.
-Pero igual habréis pensado en nombres, tanto de niño como de niña ¿no? – le volví a preguntar.
-Yo cuando era pequeña, quería que si tenía una hija se llamara como mi madre, pero ya tengo una sobrina con ese nombre así que de niña no sé, pero si es niño quiero que se llame como mi padre. Lo admiro mucho, por todo, siempre nos ha demostrado ser fuerte, y aunque pocas veces le he dicho que le quiero, no sé que hubiera sido de mí y de mis hermanos sin él. Desde el momento de enfermar mi madre él nos tuvo que empezar a sacar adelante, y cuando murió tenía que dejar su dolor a un lado para sacar una sonrisa a tres niños de tres, dos y un año. Una sonrisa que, a pesar de tener tres años, sabía que no tenía más que tristeza y dolor – me confesó.
-Que bonito que pienses eso de tu padre – le dije casi llorando por todo lo que había dicho.
-¿Tú no piensas así del tuyo? – me preguntó confundida. Yo reí disimuladamente.
-Me dio mucha alegría conocer a mi padre hace tres años, y saber que me había estado buscando, que sí le importaba. Pero él no fue el que estuvo conmigo cada vez que iba a un hospital, cuando me ponía a llorar por no tomar la medicación, el que me regañaba por esforzarme más de lo debido… mi madre fue quien actuó como madre y padre siempre. Y aunque quiero mucho a mi padre, mi madre siempre irá por delante – le conté la realidad – Y mi hermano ¿Tiene algún nombre? – pregunté intentando cambiar de tema.
-Si es niño me ha dicho que quiere que se llame Alexander – dijo encogiéndose de hombros – Si es niña desea que sea Isabella – dijo sonriéndome. No pude evitar abrir la boca por la sorpresa, ¿Mi hermano quería ponerle mi nombre a su bebé?
-¿De verdad? – pregunte con duda de que fuera una broma de Rose.
-Sí de verdad, te admira tanto o más que yo – me confesó – Si alguna vez te pasara algo, Emmett dejaría de ser el mismo, para él tu y Esme sois las mujeres más importantes de su vida – yo fruncí el ceño.
-No, somos tres. ¿Te piensas que tú no eres importante para mi hermano? – Le pregunté y ella solo escondió una sonrisa – En todos los años que lo conozco jamás lo había visto estar con una mujer más de tres días. Tú Rosalie Cullen has cambiando a mi hermano, y eso te convierte en una de nosotras – le dije sonriendo.
-¿Qué hacen aquí? – escuché a mamá entrando en la sala.
-No podíamos dormir y nos quedamos hablando – dijo Rosalie sonriendo.
-Pues estoy preparando el desayuno, y ya están casi todos despiertos – dijo con tranquilidad.
-¿Los niños también? – pregunté seriamente, por que se hubieran despertado y yo no estuviera ahí.
-No, los niños y Edward continúan en la habitación, no sé si despiertos o dormidos – me informo.
-¿Qué hora es Esme? – preguntó Rose, creo que para saber cuánto tiempo llevábamos hablando.
-Las once – dijo y comenzó a subir.
-Llevamos cuatro horas hablando… - dijimos las dos incrédulas.
-Vamos a desayunar – me dijo mientras nos levantábamos.
-Yo subiré a ver si están despiertos o no – dije también subiendo para la tercera planta mientras ella se quedó en la segunda. Entré en mi habitación y vi que Tony continuaba dormido en una de las camas que habíamos puesto en nuestra habitación para que durmiera con nosotros. Edward también dormía en nuestra cama, en cambio mi niña estaba despierta sentada en la cama.
-Princesa – le salude acercándome a ella – ¿Qué haces aquí solita? – pregunté sentándome con ella.
-No quedia dezmeta a Tony y papi (No quería despertar a Tony y Papi) – me dijo con mirada triste.
-Ay mi niña, ven vamos a bajar, que la abuela Esme tiene el desayuno preparado – dije cogiéndola en brazos. Salí despacio de la habitación intentando no despertar a nadie, cerré la puerta con mucho sigilo y bajé con mi niña en los brazos, era un acto que se había convertido en costumbre a pesar de que eso me traía problemas con todos, sobre todo con Carlisle, según él por estar haciendo un esfuerzo que no debería.
-Buenos días – dije saludando a toda la familia que estaban sentados en la mesa. Emmett abrazaba a Rose, Jasper acariciaba a Alice, Carlisle leía unos papeles y mamá miraba las cartas. Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y me miraron.
-Hola – dijeron a coro. Liz se bajo de mis brazos y fue corriendo donde Rose para tocarle la panza como hacía todos los días para saludar a su primito o primita.
-¿Edward y Tony? – preguntó Carlisle al ver que sólo veníamos nosotras.
-Estaban dormidos y no quise despertarlos – le expliqué.
-Muy bien – dijo con una sonrisa. Era bueno que el niño durmiera un poco, necesitaba descansar. Y Edward apenas había podido cerrar los ojos y también lo necesitaba.
Desayunamos todos tranquilamente, entre las risas de mi hija y las tonterías que le hacían mis hermanos para que riera, ya que eso parecía alegrarnos a todos. Después todos fueron al salón excepto mis hermanos y yo. Ellos querían comprar quien ganaría si hacía una lucha de esas que hacían años atrás, en las que siempre ganaba Emmett y a mí me daba emoción ver qué pasaba así que salí con ellos fuera a verles.

Pov Rosalie

Estaba sentada a solas en la habitación, la verdad no me sentía con ganas de compañía y por eso dije que estaba cansada y me fui. Emmett estaba con Jasper y Bella afuera, jugando luchas como un par de niños, por eso no pensé que fuera a buscarme pronto, pero me equivoqué, a los pocos minutos él abrió la puerta.
- ¿Estás bien? –me preguntó arrodillándose frente a mí y besando mi vientre, él siempre hacía eso, decía que era para saludarnos al bebé y a mí al mismo tiempo.
- Sí, sólo estoy cansada. –le repetí lo mismo que a los demás, le sonreí un poco antes de notar que tenía un raspón en un costado del rostro, cerca del ojo izquierdo, alcé una mano y lo toqué con suavidad. - ¿Qué te pasó?
- Jasper ha mejorado.-se encogió de hombros y luego sonrió casi maquiavélico. – Pero sigo siendo mejor, lo hice comer tierra. –se río unos instantes y yo negué con la cabeza, sí, eran como un par de niños. – Pero no me distraigas. Te conozco, no estás cansada, es algo más. –me miró inquisidor y no encontré forma de negarme ni de inventarle algo.
- Estoy preocupada. –confesé. – Estoy muerta de miedo por Tony… y por nuestro bebé. –al final puse una mano sobre mi vientre, justo donde mi criatura acababa de tocarme.
- ¿Te sientes mal? ¿No se ha movido? –cuestionó frunciendo el seño.
- No, él y yo estamos muy bien. –le aclaré para tranquilizarlo. – Pero tengo mucho miedo. Me preocupa Anthony… y eso me hace pensar que quizás un día lo mismo o algo similar le pueda suceder a nuestro niño… yo no podría afrontarlo. –acabé de hablar con un nudo en la voz y las lágrimas corriendo por mi rostro.
Emmett se levantó del suelo y se sentó a mi lado, después me puso sobre su regazo y me abrazó. Así nos quedamos un rato, él siempre sabía cómo tranquilizarme, aún sin palabras.
- No pienses eso, Rose. Nada le va a pasar a nuestro bebé. –me dijo cuando sintió que mi llanto paraba.
- Estuve hablando con Bella. –le dije recordando la conversación que había tenido hace poco con ella. – Está preocupada, además de lo obvio, por Elizabeth. Piensa que la está dejando olvidada y se siente culpable por ello.
- Así es Bella, le encanta encontrar razones para sentirse culpable. –me dijo intentando hacer una broma, yo sonreí un poco.
- Deberíamos cuidar a Tony un día para que ella y Edward se lleven a la niña a pasear y le hagan saber que la aman y se preocupan por ella. –le propuse.
- Me parece una excelente idea. Hay que planearlo todo… pero que sea mañana. Ahora tengo una idea mejor… ¿qué te parece un baño caliente y un masaje? –me sugirió sabiendo que nunca podía resistirme a eso.
- Sólo si me das algo más que un masaje. –le dije murmurando muy cerca de sus labios y luego lo besé.
Él me correspondió con la misma pasión que siempre se formaba entre nosotros y cuando decidimos separarnos para tomar juntos el baño, nos fue difícil.

Pov Edward

Mañana ya se iban todos para sus universidades y hoy era el último día que podíamos pasar todos juntos y en cambio, ellos habían dicho que cuidarían de Anthony mientras Bella y yo pasábamos un día con la niña. Para demostrarle que seguíamos queriéndola como siempre, y eso no cambiaria porque estuviéramos pendientes de la salud de Tony.
Íbamos en mi coche con un CD de música de mi hija, lo que significaba que era todas las canciones infantiles, excepto una que era a piano que la tocaba yo. Mi hija cantaba todas las canciones con una sonrisa y contenta, mientras Bella y yo íbamos tomados de la mano, ambos con un poco de miedo de que Anthony le pasara algo mientras estábamos fuera, pero estaba seguro de que nos llamarían rápidamente, así que íbamos a disfrutar al máximo con Liz.
Primero la llevamos al parque y nos pusimos a jugar con ella en los columpios, cada carcajada que salía de su boca me hacía sentir mejor. Cuando se aburrió nos dijo que fuéramos al cine a ver una peli que había salido nueva de sus dibujos animados favoritos, nosotros la acompañamos y vimos la película mientras nos la explicaba. Lo que hacía que Bella y yo riéramos por como lo hacía. Al salir de pidió ir a la playa y sin pensarlo fuimos a la playa como última parada, pues después volveríamos a casa, ya se estaba haciendo de noche y hacía algo de frio y íbamos sin chaquetas, no quería que mi hija se enfermara y tampoco que lo hiciera mi Bella.
Cuando llegamos a casa Esme había dormido a Tony y estaban todos en el salón. Liz también se había quedado dormida en el coche y en los brazos de Bella. Pero cuando llegamos a casa le dije que yo la cargaba, pues la veía algo agitada, y no quería que ella también se pusiera mal. Dejé a mi hija en su habitación con su hermano en la cama de al lado y salí con la familia. Me sorprendió ver como Emmett y Jasper abrazaban a Bella. Lo primero que pensé es que le pasaba algo, pero vi que mis hermanas sonreían son tristeza y me di cuenta que se les había juntado lo de Tony, con la neumonía y que nuestros hermanos se tenían que ir. Fue ahí cuando recordé que mis hermanos estaban aquí para pasar las vacaciones tranquilas y felices todos juntos y en vez de eso se había convertido en una de las peores, junto a cuando Bella estuvo embarazada. Me senté a lado de Alice quien me sonrió y me abrazó. Le correspondí el abrazo, y después estire el abrazo para juntar a Rosalie con nosotros. Vi el brillo en los ojos de mi padre y al instante supe por qué era.
-¿Cuánto hacía que no nos abrazábamos los tres juntos? – les pregunté.
-Desde que éramos unos enanos – dijo Rosalie sonriendo. Una lágrima resbaló por la mejilla de mi padre y Alice se levantó para abrazarlo a él, pues Emm, Jazz y Bella abrazaban a Esme. Rose y yo nos miramos y también nos acercamos.
-Y de uno como este hace mucho más… - dijo Alice viéndonos. Apenas recordaba, pero el último abrazo que nos dimos los tres a la vez con papá fue cuando murió mi madre.
-Los cuatro sabéis que llamaremos todos los días. Para saber cómo esta Tony y que cuando programen la cirugía nos llaman que cogemos un avión rápidamente – dijo Jasper. Él y Alice tenían la universidad en Phoenix y tenían que volar. Emmett y Rose estaban en california y podían llegar en coche. Aunque ahora con mi hermana embarazada habían venido en avión.
-Claro que lo sabemos, hijo – dijo Esme.

Estábamos todos en el porche de casa, despidiéndonos de Alice, Jasper, Emmett y Rose. Esme le insistió a mi hermana para que se quedara y ella ayudarla con el embarazo pero, Rose le aseguró que ella estaría bien y que ahora lo que era importante era cuidar a Tony. Mi padre y Esme decidieron acompañarlos al aeropuerto mientras Bella y yo nos quedábamos en casa con los niños.
-Rose, recuerda llamar tu también si pasa algo con el embarazo, y cuando nazca mi sobrino – dije, me había empeñado en que sería niño y ya hablaba como tal – Y Alice y Jasper si planeáis algo de la boda avisad.
-No creo que hagamos nada hasta que Tony no esté bien – dijeron sonriendo.
-Bueno, vámonos yendo que perderemos los aviones – dijo Emmett abrazando fuerte a Bella y levantándola del suelo. Y a mí me dio una palmada en el hombro con una sonrisa. Lo mismo hizo Jasper con ambos, mis hermanas nos abrazaron a los dos y nos dieron ánimo. Ellos fueron al coche de papá todos, mientras yo y Bella nos metimos en casa.

DOS MESES MÁS TARDE

Narrado externo

Habían ingresado la noche anterior a Tony para poder operarlo al día siguiente. Toda la familia había viajado para estar en ese momento junto a los padres y el niño. Incluso Rose con siete meses de embarazo y cansada como se encontraba había ido hasta Forks para estar allí.
Bella y Edward pidieron a Charlie y Sue que se quedaran con Liz mientras todos estaban en el hospital. Y también le pidieron a Carlisle que entrara en el quirófano porque se sentirían más tranquilos. En este tiempo, Edward y Bella dejaron la universidad para volcarse en su hijo al cien por cien. El pobre Tony cada vez se sentía peor, la quimio lo dejaba sin fuerzas y vomitando todo el día. Bella a pesar de todo lo estaba llevando bastante bien pues no había tenido ningún problema grave, aparte de las veces que se sentía agitada por andar todo el día con Anthony en brazos, pero por más que Carlisle le repetía ella hacía oídos sordos y continuaba con lo suyo.

 Pov Carlisle

Anthony ya estaba bajo los efectos de la anestesia, completamente dormido, lo habían puesto acostado sobre su vientre para tener mejor acceso al riñón y podía escuchar el ruido del ventilador que respiraba por él… creo que eso fue lo más difícil… hasta que comenzaron a abrirlo.
La razón por la que entré a la cirugía fue para que la familia se sintiera más segura de que las cosas iban bien, pues tenían la certeza de que al mínimo detalle que se complicara, yo se los diría. Pero en realidad yo hubiera deseado nunca estar ahí para ver a los cirujanos cortar el cuerpo de mi nieto.
Suspiré involuntariamente y seguí observando. Les tomó un rato llegar hasta el riñón que había sido tomado por el tumor, y cuando lo hicieron no me costó trabajo distinguir la masa deforme que tenía en lugar del órgano que debería estar ahí. Lo revisaron por todos lados y vieron qué tanto espacio abarcaba antes de comenzar a quitarlo.  Vi el reloj y conté las horas que habían pasado cuando finalmente la masa ensangrentada estuvo fuera de mi nieto y ellos empezaron a revisar que no hubiera sangrado y a preparar todo para cerrar.
Cuando una enfermera les avisó que todas las gasas estaban fuera del niño, ellos comenzaron a suturar desde su interior con cuidado, por momentos me sentí aliviado pensando que ya todo iba a terminar, pero una alarma de la máquina del anestesiólogo me asustó.
- ¿Qué pasa? –pregunté por instinto, él ya la estaba apagando, me di cuenta de que era su presión arterial que había bajado repentinamente.
- ¿Seguros que no está sangrando? –les preguntó el anestesiólogo a los cirujanos.
- Seguros. Pero voy a revisar de nuevo. –dijo el otro médico y dejó la sutura. – Agua. –le pidió a la enfermera y ella le pasó una palangana llena de agua estéril, vi como la vertió sobre la herida y me fijé que no se tiñera de rojo. En ese momento la alarma volvió a sonar, o eso creí porque ahora era la de la oxigenación.
- El problema es la presión arterial. –afirmó el anestesiólogo cuando lo miré y luego abrió el suero para que pasara lo más rápido posible.
- Hay sangrado. –me distrajo la voz del pediatra y me concentré en ver el agua teñida de rojo, fue fácil identificar el lugar de donde provenía la sangre. – Aspirador. –ordenó y de inmediato alguien quitó el agua que habían vertido, entonces, se concentró en poner una pinza sobre la arteria exacta.
- ¿Tienen lista la sangre? –preguntó el anestesiólogo mientras ponía una medicina en el suero.
- Está lista. –contestó una enfermera, yo vi las bolsas con sangre que teníamos sólo por precaución.
- Póngansela. –ordenó y la enfermera fue para, en el brazo que no tenía suero, colocarle otra aguja y comenzar a hacer la transfusión.
Yo me quedé observando, la presión arterial de mi nieto se estabilizó poco a poco, pero la oxigenación continuó baja. Cuando la arteria estuvo bien cerrada, volvieron a llenar la herida de gua y observamos, ya nada sangraba. Suspiré de alivio y los cirujanos comenzaron a cerrar con rapidez.
Se me hizo eterno el tiempo hasta que terminaron y pusieron un parche sobre la herida, esa que le iba a dejar una cicatriz como recordatorio por siempre. El suero se terminó y le pusieron otro, la sangre siguió pasando lentamente. Cuando estuvo listo, colocaron a Tony sobre su espalda, moviéndolo con cuidado, y el anestesiólogo empezó a despertarlo. El niño fue cobrando consciencia y le quitó el tubo de la garganta, dejándolo que respirara por sí mismo, él se empezó a quejar y a toser, yo le tomé la mano y le susurré en el oído para que se calmara. Cuando, por fin, abrió los ojos le sonreí.

Pov Bella

- ¿Por qué tardan tanto? -pregunté paseándome histérica por la sala del hospital donde estábamos esperando.
- Papá nos dijo que iba a ser tardado, además él está ahí, todo va a salir bien. –me aseguró Edward, pero yo sabía que era nada más para calmarme, él estaba tan preocupado como yo.
- Bella, cálmate, por favor… no quiero que te pongas mal. –me rogó mamá y la miré a los ojos, ella tenía razón, si algo me pasaba ahora no le iba a ser de ayuda a mi niño, pero de todas formas no existía manera de tranquilizarme.
- Lo sé… pero… no puedo… -murmuré llorando.
Edward me abrazó y me refugié en él. Muy cerca de nosotros estaban mis hermanos tomados de las manos con sus hermanas, todos preocupados y tensos, Rosalie se acariciaba el vientre desde hacía rato y ahora Emmett, también hacía movimientos circulares sobre su barriga.
- ¿Estás bien, Rose? –preguntó Alice, de seguro notando lo mismo que yo.
- Sí, el bebé está muy inquieto y me está pateando por todos lados, siempre se pone así cuando estoy nerviosa. –nos explicó intentando sonar relajada, luego se encogió de hombros. – Supongo va a ser tan inquieto como su papá.
- Desde el quinto mes de embarazo, Emmett se esforzaba al máximo para no dejarme dormir. –respondió mi mamá con una pequeña sonrisa, Rose le respondió el gesto. Creo que mi hermano iba a defenderse, pero en ese momento una enfermera salió del quirófano y al vernos caminó hacia nosotros.
- ¿La familia Cullen? –preguntó con voz tranquila, pero igual me tensé porque fuera ella y no Carlisle quien estuviera buscándonos.
- Somos los papás de Anthony. –se me adelantó Edward a hablar.
- La cirugía terminó, los médicos van a hablar con ustedes en unos minutos pero el Dr. Cullen me pidió que les avisara que ha salido bien. –nos dijo sonriendo.
Yo sentí como si las piernas se me hicieran de gelatina y me aferré a Edward para no caer. La sensación de alivio que me recorrió fue indescriptible, las lágrimas se me desbordaron de los ojos y me quedé incapaz de decir nada. Supongo que Edward estaba igual pues tampoco habló.
- ¿Por qué no ha venido él? –preguntó mi mamá a la enfermera, ella todavía se escuchaba preocupada.
- El niño despertó muy inquieto de la anestesia y no quiso dejarlo solo. –nos explicó y me sentí mal por no poder ser yo la que lo consolara.
- Ya veo. Muchas gracias. –dijo mamá y la enfermera asintió y sonrió otra vez antes de volver al quirófano. – Voy a llamar a Charlie. –nos avisó y se alejó un poco sacando su teléfono.
Mi papá me había confesado con pena que no se sentía capaz de estar ahí esperando a que todo terminara, creo que temió que yo me enfadara por eso, pero no lo hice… la verdad si yo hubiera tenido opción… tal vez hubiera preferido lo mismo. Por eso él se quedó cuidando a Elizabeth.
- ¿Creen que tarden mucho en salir? –preguntó Alice.
- Espero que no. –le respondió Jasper.

Pov Carlisle

Estábamos en el área de recuperación, apenas afuera del quirófano. Anthony estaba llorando y moviendo los brazos para intentar quitarse la mascarilla con oxígeno que yo le sostenía en el rostro. Así que lo teníamos sujeto entre una enfermera y yo, ella era especialista en niños y lo hacía con delicadeza y precisión, a mí me costaba más trabajo, pero prefería mantenerlo quieto por la fuerza a que se quitara el suero o la sangre que le estaban pasando y tuvieran que volver a picarlo.
- Amor, no llores. –le pidió la enfermera en tono consolador mientras le quitaba las lágrimas del rostro con un pañuelo desechable.
- Tony, papá y mamá están afuera, también la abuelita Esme y tus tíos y tías ¿quieres verlos? –él me miró y parpadeó, dejando de moverse un momento. – Eso es, deja de moverte un poco, así podemos ir con ellos más pronto. –le sonreí y él se quedó quieto.
Yo esperaba que no faltara mucho para salir de ahí, pero todo dependía de qué tan rápido se le terminaran de pasar los efectos de la anestesia y el verlo con ese comportamiento no era muy prometedor, pocos segundos después empezó a sollozar y a retorcerse otra vez.

Pov Esme

Entramos todos en la habitación de Tony luego de que una enfermera nos avisara que mi esposo y el niño ya estaban ahí, Carlisle no quiso separársele ni un segundo. Bella y Edward entraron primero y fueron casi corriendo a ponerse uno a cada lado de la cama del niño, los demás nos quedamos atrás para no asustarlo, Carlisle fue y me besó la frente para después envolverme en un abrazo.
- Amor… ¿cómo te sientes? –le preguntó Bella a su bebé acariciándole la mejilla, la verdad yo me asusté al ver que no sólo llevaba un suero, sino una bolsa con sangre que estaba por terminarse.
- Mami… papi. –dijo él y empezó a llorar, aunque por las marcas en su rostro, pude ver que ya lo había hecho antes.
- Está bien, sólo debe dolerle. Adentro estuvo más alterado después de la anestesia, pero ya está mejor. –nos explicó mi esposo.
- ¿Y le quitaron el tumor? –pregunté sintiéndome tonta, pues para eso lo habían metido a quirófano, pero no pude contenerme.
- Lo quitaron todo, había tomado el riñón y un poco más, pero lo removieron satisfactoriamente.
- ¿Por qué la sangre? –preguntó Alice como asustada, Edward y Bella seguían acariciando a su niño como si no prestaran atención a nada más.
- Perdió más de la que esperaban durante la cirugía, pero con ese paquete que le pasen debe ser más que suficiente.
- ¿Todo va bien entonces? –preguntó Emmett.
- Hasta ahora, sí. –dijo mi esposo y sonrió, aunque vi la tensión en sus ojos.
Hasta ese momento no me había puesto a pensar en lo difícil que tuvo que ser para él entrar a esa cirugía… él no sólo había atendido a Bella, sino que ahora también tuvo que ver a Tony en el peor de los momentos.  Me giré y lo besé en los labios de pura gratitud y en forma de disculpa, él se estaba llevando la peor parte de todo esto.

Narrador externo

Tan solo había pasado un mes de la cirugía, y las cosas seguían más o menos igual. A Tony después de la cirugía le quedaban 24 semanas de quimioterapia para asegurarse de que no tuviera alguna recaída. El niño lo estaba pasando muy mal, se le había caído prácticamente todo el pelo y se sentía mal todo el rato. Bella como desde el primer momento no se separaba de él, y eso algunas veces le contaba su salud, porque al estar con él se olvidaba de las pastillas o de tanto cargarlo. Edward quería estar junto a su hijo, pero no quería dejar a Liz sola, cuando Esme o su padre podían cuidaban a Liz mientras él se iba con Bella y su hijo.
Mientras, en California, Emmett continuaba asistiendo a la universidad, aunque había cogido unos horarios que le permitieran estar con Rosalie y poder trabajar para llevar dinero a casa. Rose a diferencia se quedaba en casa o salía a dar una vuelta, aunque en pocas ocasiones porque ya estaba de ocho meses y medio, a punto de salir de cuenta. Llamaban todos los días a casa para saber cómo estaba Tony y si le había pasado algo a Bella. Cuando les informaban del niño se entristecían, pero ambos se alegraban de que por lo menos a Bella no le pasara nada grave.
Y en Phoenix las cosas seguían normal, aunque Alice le ocultaba cosas a Jasper, que James había ido a casa y verla y que lo tuvo que echar, que había recibido llamadas de un número privado, que cuando lo cogía la persona colgaba. No quería volver a discutir con su novio por culpa de su ex. Los dos continuaban asistiendo a la universidad, cada uno en su profesión. Por las noches cuando los dos ya estaban en casa, llamaban a la mansión para saber cómo estaba todo, y después a Rose y Emmett para saber cómo iba el embarazo. Ya que les habían dicho que ellos serian los padrinos del bebé.
Por ahora eran fechas navideñas lo que quería decir que se juntarían todos en la mansión. Para Rose con el embarazo tan avanzado no era recomendable que viajara, pero Tony no podía viajar pues estaba muy débil, así que ella decidió venir a Forks. Quedaba poco para que todos llegaran y en la mansión estaban todos en alguna cosa. Edward y Carlisle en el salón jugando con Liz. Mientras Esme y Bella bañaban a Tony porque el medicamento no había conseguido bajarle la fiebre. Mientras su hermana reía jugando él lloraba por no querer bañarse.

Pov Edward

Esperaba con muchas ganas que llegaran mis hermanas y cuñados. No los veíamos desde hacía un mes, pero apenas estuvieron con nosotros tres días y se fueron. Pasar estos días de celebración navideña con la familia al completo nos alegraba mucho, pues hacía dos años de las últimas que pasamos juntos. Apenas estábamos a quince de diciembre todavía quedaban nueve días para noche buena y los estados de ánimo en esta casa no eran de fiesta pero así nos despejaríamos un poco. Escuché un coche llegar y rápidamente me puse en pie con la niña en mis brazos y papá me acompañó hasta la puerta para recibir a quien fuera. La abrimos sin dejar que picaran al timbre y vimos a Emmett con tres maletas.
-¿Dónde vas con tantas maletas, si son tres semanas? – le pregunté a mi hermana sabiendo que la mayoría serían de ella.
-Por si nace él bebe, tengo que estar preparada – dijo con una sonrisa. Mi padre se adelantó para abrazarla fuertemente y después acariciar el vientre. Cuando Emmett consiguió subir las maletas, se acercó a mí para cargar a mi hija.
-¿Y mi hermana y mamá? – preguntó seriamente.
-Con Tony – le contestó mi padre, separándose de mi hermana que vino a abrazarme a mí.
-¿Cómo está? – me preguntó Rosalie mientras me abrazaba tanto como su barriga le permitía.
-Débil y se siente mal la mayor parte del tiempo, pero no podemos hacer nada – dije encogiéndome de hombros y mirándola triste.
-Y tú princesa ¿Has ido al colegio? – le preguntó Emmett. Mi niña negó y él me miró – ¿No tendría que haberlo empezado este año?
-Sí, pero Bella y yo queríamos que lo empezaran juntos, y esperaremos a que Anthony se recupere – dije tranquilamente.
-Vamos al salón que estamos aquí parados – dijo mi padre.
-¿Y qué pasa? A nosotros no nos recibís – gritó Alice desde el Taxi que se acercaba a casa. Cuando el taxi paró ella bajo rápidamente y vino corriendo a saludar. Y Jasper un poco más atrás con las maletas. Como Emmett tenía a la niña bajé para ayudar a mi cuñado, pues mi hermana pequeña no se cortaba a la hora de traer maletas – Déjame coger a mi sobrina – escuché decir a Alice. Me giré y vi que Emmett se la pasó. Él también cogió todas las maletas con ayuda de mi padre y las metió dentro de casa, como Jasper y yo. Cuando estuvimos todos dentro fuimos al salón a sentarnos. Y estuvimos explicándonos como iban las cosas para cada uno. Esme bajó con una sonrisa, y fue directa a abrazar a sus hijos, quienes correspondieron el abrazo rápidamente. Al separarse de ellos abrazó a Alice con cuidado porque tenía a mi hija en brazos, y después a Rosalie también con cuidado por su barriga.
-¿Cómo esta todo arriba? – le pregunté cuando se sentó al lado de mi padre. Todos la miraron esperando con ansias su contestación.
-Bella está intentando dormirlo – nos contestó – hemos conseguido que la fiebre baje un poco y ahora queremos que descanse – dijo con tranquilidad.
-Voy un momento arriba, porque conozco a Bella y sé que es capaz de bajar ella al niño a la habitación – dije levantándome. Todos asintieron como que ellos cuidaban a Liz.
Cuando llegué a arriba, Bella se paseaba por toda la habitación con Tony en brazos. Me acerqué – Deja que lo bajamos a su habitación y lo duermes allí – dije cogiéndolo de sus brazos. Me di cuenta de que estaba agitada y me dio coraje. Se lo repetíamos muchas veces que no hiciera esfuerzos pero no nos escuchaba. Comencé a bajar las escaleras con cuidado y pasé enfrente del salón donde todos se giraron para verme – Ve a saludar cariño, ahora vienes – le dije. Pero no hubiera hecho falta, porque ya estaba hablando solo pues Bella esta en los brazos de sus hermanos.

Pov Bella

Cuando llegué al salón no pude evitar ir a abrazar a mis hermanos, los necesitaba mucho.
-Nosotros también te hemos echado de menos – me dijo Jasper envolviéndome en sus brazos.
-Mida que badiga tan grande tener la tía Rose (Mira que barriga tan grande tiene la tía Rose) – me llamó atención mi hija. Me separé de mis hermanos y miré a Rose. Liz estaba con la cabeza apoyada en su vientre.
-Sí que esta grande, sí – dije sonriendo. Me acerqué y también saludé a Rosalie y después a Alice - ¿Cómo va todo? – pregunté a Rose mientras yo también acariciaba su vientre y ponía a mi hija en mi regazo.
-Todo bien, cumplo los nueve meses en tres semanas – dijo con una sonrisa.
-¿Y vosotros? – pregunté mirando a Jasper y Alice.
-Bien, todo tranquilo, con muchas ganas de reunirnos con la familia – me respondió Alice. Vi como algo extraño en esas palabras pero no insistí.
-¿Charlie no se casa al final? – preguntó Rose por la boda de mi padre.
-Dijo que esperaría – Cuando yo se lo pregunté igual dijo que no podía casarse cuando su nieto está enfermo, que esperaría hasta que se recuperara.
-¿Por Tony? – preguntó Emmett mirándome seriamente, yo simplemente asentí. Edward entró en la sala y se sentó a mi lado y dándole un beso en la cabeza a nuestra hija.
-Se ha quedado dormido – dijo con una sonrisa, asentí y le di un beso.
-¿Y vosotros?, ¿Cómo estáis? – preguntó Rosalie mirándonos a los dos.
-Bien – respondí antes de que ninguno lo hiciera. Sabía que ni Carlisle, ni mamá y tampoco Edward eran tontos y que se habían dado cuenta de que los últimos días me había sentido algo cansada, pero era por el esfuerzo de estar cargando todo el día a Tony, hacer las cosas de casa que podía… nada más. Y no veía necesidad de preocupar a los demás por una tontería.
-Sí, nosotros estamos bien dentro de todo esto – les contestó Edward.
-Bueno, y olvidando un poco todo lo que está pasando. ¿Cuñadita, tienes vestido para noche vieja? – me preguntó Alice con una sonrisa.
-No y tampoco lo quiero. Me pondré algo que tenga en el armario. No me apetece una fiesta estando Tony así – dije seriamente.
-No es ir de fiesta es la ultima y primera noche del año y tenemos que estar elegantes todos – me dijo con una sonrisa – Lo que sí podríamos a despejarnos algún lado – dijo haciendo ojitos.
-No voy a ir de fiesta, Alice – le respondí seriamente.
-Tómalo como que necesitas despejarte. Y no fiesta, porque mi hermana embarazada de ocho meses y medio no va a ir a una discoteca – dijo Alice seriamente.
-Igualmente no volvería a una discoteca – dijo Rose poniéndose tensa. Ninguno entendimos porque contestó así excepto mi hermano que la envolvió en sus brazos con mucho cuidado.
-Ey, ese no era el tema. El tema es que aquí Eddy y Bells necesitan salir de estar paredes – dijo Emmett con una sonrisa para liberar la tensión del momento.
-Mirar son las siete, podemos organizar algo y salir los seis, nada de fiestas ni discotecas, ir a tomar algo. Papá y Esme podrían cuidar a los niños. Si no les importa claro – dijo Alice dándose cuenta de que ya le está dando por hecho que ellos querrían. En mi interior rezaba para que dijeran que no podían.
-Claro que nos quedamos con los pequeños – dijo mi madre con una sonrisa.
-Los niños son nuestras responsabilidades – dije, no quería separarme de mi hijo y mucho menos para ir de fiesta.
-Hija, me parece buena idea lo que propone Alice. Tanto tú como Edward necesitan despejarse de la casa y de todo lo que pasa en ella – me intentó convencer mi madre. Le iba a contestar pero escuché el llanto de Tony y me levanté rápidamente, noté que Edward y mamá también me siguieron. Entrando en la habitación el niño se removía en la cama pero no abría los ojos, lo cogí y comencé a acunarlo para que durmiera de nuevo. Tanto mi novio como mi madre se quedaron en la puerta de la habitación mirando, podía ver en su ojos que no estaban de acuerdo con que acunara a mi hijo de pie. Pero no me importaba lo que me dijeran. Cuando mi hijo se calmó lo volví a recostar en la cama y lo acaricié un poco para que sintiera que todavía está allí. Tal vez Alice tenía razón y necesitaba liberarme un poco de todo esto, salir y alejarme por un rato de las preocupaciones que tenía en casa. Me levanté con cuidado de la cama para no despertarlo y fui al salón. Con mi madre y mi novio detrás de mí.
-Alice ¿Todavía está en pie lo de salir? – pregunté con una sonrisa. Mi cuñada sonrió y pegó un salto.
-Claro que sí – dijo abrazándome.
-Pues voy a vestirme con otra cosa – le dije. Estaba en chándal para estar más cómoda en casa.
Cuando acabé de arreglarme un poco, fui a la habitación asegurarme de que mi hijo estaba bien y después me despedí de mi niña y me fui con Edward en el volvo mientras los demás cogieron el mercedes de Carlisle porque no tenían su coche aquí todavía ya que llegaría mañana. Fuimos a un bar en Port Ángeles y nos sentamos en la terraza a tomar algo.

Pov Rosalie

Hacía mucho que no teníamos un tiempo para nosotros seis, y creo que nunca habíamos podido disfrutar algo así todos juntos, y me sentía bien por ello. Estuvimos hablando de cosas de la universidad, planes del futuro, mi embarazo. Me sentía rodeada de mis hermanos y de mis cuñados. Quienes nos habían cambiado la vida a todos. Estábamos todos riendo por un comentario que había hecho Emmett, cuando lo vi. Cada músculo de mi cuerpo se tensó, me quedé mirándolo fijamente cómo hablaba con otro hombre, mi vientre se tensó igual que yo, y en ese momento reviví todo lo que paso años atrás.

Flash Back

-No, deja que yo me encargue de todo – dijo, me empujó y me tiró al suelo, al caer sentí el golpe no sólo contra mi espalda, sino más fuerte en la cabeza, al instante un dolor punzante se instaló ahí. Me sacó la falda… como pude intenté soltarme y le di una parada en sus partes. Él me miro furioso, y me dio una cachetada girándome la cara y partiéndome el labio – No te portes mal, rubia.
-Déjame… - dije llorando. Entonces la sentí, ya estaba dentro de mí, abriéndose paso de la peor forma que pudiera existir, desgarrándome por dentro, haciendo añicos cualquier rastro de dignidad que me quedara, estaba a su merced, débil e indefensa.
-Disfrútalo, pequeña… - dijo mientras me lamia todo el cuello y jadeaba con su aliento asqueroso junto a mi oído.

Fin del flash Back

-Ángel, Rose, ¡Rosalie! – escuché a Emmett llamándome desesperado. Intenté enfocar mi vista cuando me di cuenta de que me había puesto a llorar.
-Rose – vi a mi hermana delante de mi muy seria - ¿Estás bien? – me preguntó, pero las palabras no salieron de mi boca, me quedé allí parada, viendo como el desgraciado que me arruinó la vida estaba allí hablando como si nada. Por un momento mi mirada se detuvo en la de Emmett que me veía con preocupación. No estoy muy segura de qué vio en mí pero rápidamente miró para todos lados y después a mí de nuevo.
-Amor, ¿Dónde? – me preguntó, había entendido todo, mi reacción. Como auto-reflejo voltee en dirección al desgraciado, y Emmett hizo lo mismo. Sin decir nada se levantó y caminó hacia él.
-Emmett, ¿Qué haces? – preguntó Jasper.
-¿Dónde vas? – insistió Edward
-¡Emmett! – le llamó Bella. Pero mi novio para ese momento había pegado su primer puñetazo a ese desgraciado. Mi hermano y Jasper se levantaron rápidamente para detenerlo pera no podían.
-Oye ¿Qué te pasa? – le gritó el imbécil tocándose el rostro donde acababa de ser golpeado.
-¿Qué me pasa?, ¿Qué me pasa? Que eres un desgraciado, un miserable, un poco hombre. Te aprovechas de las mujeres inofensivas – dijo y le soltó otro puñetazo que lo hizo tambalearse - ¿Por qué no me pegas a mí como lo hiciste con ella? – le preguntó, y en ese momento tuve la mirada de mi hermano, Jasper y Bella sobre mí. Alice lo sabía pero notaba que estaba sorprendida. Yo por mi parte estaba paralizada, no podía moverme.
-¿Le pegaste a mi hermana? – preguntó Edward colocándose al lado de Emmett.
-No sé quien es tu hermana… - le dijo el desgraciado con desesperación, tenía sangre saliéndole del labio y de seguro que se le iba a poner morado un ojo, estaba bastante herido. Mi hermano me señaló con cuidado. Para ese momento mis piernas eran gelatina y mi hermana y Bella eran quienes me mantenían en pie – Ya la recuerdo… la rubia… tienes una hermana muy dura… pero placentera… - dijo con una sonrisa malévola, como si disfrutara otra vez el momento en que lo hizo, parecía que lo estaba reviviendo y me causó náuseas saber que ese momento estaba grabado en su memoria tanto como en la mía. En menos de un segundo Emmett le pegó tal puñetazo de nuevo que quedó tirado en el suelo, inconsciente.
-Ni te atrevas a mirarla… - dijo con furia. Y continuó pegándole. Edward había parado dé la impresión y tanto él como Jasper intentaron separar a mi novio del ese miserable, pero Emmett tenía mucha fuerza y ellos dos no podían solos. Unos de los camareros ayudaron a los dos a separar a Emmett.
-Emmett, calma tío. Ya ha tenido su merecido para… lo vas a matar – le dijo Edward.
-Es lo que se merece – gritó haciendo fuerza para darle otro golpe. Quería acercarme a él y decirle que parara, que viniera conmigo, que lo necesitaba a mi lado. Pero estaba totalmente bloqueada, paralizada. Sentía a mi hermana y Bella acariciándome para que él bebe y yo nos relajáramos, lentamente me ayudaron a sentarme y se quedaron ahí  a mi lado.
-Shh, Rose, tranquila – me susurró Bella. Pero Emmett también lo escucho.
-Soltadme – les dijo a los chicos. Ellos parecieron dudosos, pero lo dejaron solo. El vino corriendo y me abrazó.
-Tranquila, todo está bien. No te preocupes. No llores Ángel – murmuró en mi oído.
-Me quiero ir – susurré con voz entrecortada por las lágrimas.
-Voy a pagar y nos vamos – dijo Jasper levantándose corriendo. Estaban todos a mí alrededor sentados en el suelo. Emmett me levantó con cuidado, Alice cogió mis cosas y fuimos caminando a los coches.
-Rose, tienes que tranquilizarte por el bebé – dijo  Bella acariciando mi espalda. 
-Vámonos ya – dijo Emmett. Me ayudo a entrar en el coche. El viaje fue en silencio, yo continuaba sollozando y Emmett me abrazaba con ternura.
Cuando llegamos a casa, me fui directa a mi habitación, al baño, necesitaba ducharme y borrar los recuerdos que habían venido a mi mente hace unos momentos. Cuando salí de la ducha Emmett me esperaba en la cama. Dormimos los dos abrazados. Supe que todos abrían preguntado cosas, y Emmett habría contestado sus dudas, porque yo no tendría fuerzas para hablar de eso de nuevo.

Pov Edward

Ayer me había quedado impresionado con todo lo que pasó, cómo reaccionó Rose cuando vio a ese chico y cómo Emmett casi lo mata. Los niños dormían tranquilos en sus camas y toda la familia estaba en la cocina desayunada, cuando acabé para ir a buscar a Bella. Iba bajando la escalera cuando escuché a Bella toser y me apresuré, cuando estuve abajo la vi con una canasta con ropa limpia, la llevaba cargada e intentaba respirar normalmente, sin dudarlo se la quité de las manos y la puse en el suelo.
- Debí  pensar eso antes. –me dijo sonriendo un poco, pero en sus ojos supe que se estaba preparando para la tempestad, no sería la primera vez en los últimos días que hablábamos de esto.
- Ni siquiera debiste tomarla, cualquiera puede traer la ropa limpia, Bella. –la regañé.
- Claro, cualquiera menos yo. –replicó frunciendo el seño.
- Te estás esforzando demasiado. Te encargas de todos los cuidados de Tony, cuando él se duerme te vas con Liz, te encargas de la casa, de absolutamente todo lo que se te pueda ocurrir.
- No es cierto. Y no levantes el tono de voz. –me ordenó, yo ni siquiera me di cuenta de que le había hablado diferente de lo normal. – Tú y mi mamá hacen casi todo, sin tomar en cuenta de que tu papá es el que aporta dinero a la casa ¿qué quieres que haga? ¿Qué me quede nada más mirando, sentada como una niña?
- Quiero que vivas, que estés sana ¿eso es mucho pedirte? –esta vez sí me di cuenta de que estaba casi gritando, al igual que ella.
- Viva pero inútil en una burbuja de cristal, no Edward. Haré todo lo que pueda, traeré la ropa, bañaré a mis niños, te haré la cena, todo lo que esté en mis manos.
- ¡Pero es que no puedes! –grité abiertamente y me pasé ambas manos por el cabello, desesperado.
- Tú no eres mi padre, ni eres mi médico… así que no te metas en lo que no te importa. –me dijo tomando del piso la canasta.
- ¡Deja eso! –le ordené y se la quité. – Soy el padre de tus hijos y soy el hombre que te ama ¿eso no cuenta nada? ¿Eso no significa nada para ti? –le pregunté sintiendo como si no fuera nada más que una presencia sin importancia en su vida. – Además… no me digas que le haces mucho caso a tu padre o al mío.
- Nunca cuestiones lo que significas para mí. –me respondió con los ojos llenos de lágrimas y la respiración agitada.
- Bella... –murmuré dejando otra vez la ropa en el suelo y sintiéndome mal por ponerla así.
- Voy a salir, necesito tiempo para pensar. –me dijo secándose el rostro y luego dio media vuelta.
- ¿A dónde vas? –le pregunté sin moverme para detenerla, eso sólo empeoraría las cosas.
- A donde no haya nadie que me haga sentir una inútil, Edward. –su voz fue dura y no volteó a verme antes de marcharse.
Pensé en seguirla, pero no, en verdad que sólo pelearíamos más. Cuando ella era tan terca en querer hacer cosas y yo en que no las hiciera, la historia se repetía. Desde hacía años siempre peleábamos por exactamente lo mismo y terminábamos por hablar y arreglar las cosas… pero ahora sería mejor dejarla ir a calmarse, aunque eso no evitó que me quedara muerto de la preocupación.

Pov Esme

- ¿Crees que sea seguro bajar? –le pregunté a Carlisle. Desde hacía buen rato que todos escuchamos parte de la discusión entre Edward y Bella, pero nadie quiso interrumpir, eran sus asuntos.
- Parece que se calmaron. –dijo él sentado en la cocina.
Después de darnos cuenta de lo que sucedió entre su hijo y mi hija, el resto de los chicos fue a investigar un poco y acabamos reunidos todos donde mismo, conversando y tratando de pasar el rato mientras sus hermanos resolvían el problema. Desde hacía buen rato que escuchamos los últimos gritos, aunque no estaba segura de si sólo bajaron el volumen de la pelea o ya estaban contentos.
- Ya me cansé de estar esperando. –dijo Emmett poniéndose de pie y Jasper lo siguió, ambos aunque entendían la posición de Edward y la apoyaban, no estuvieron de acuerdo con que le gritara así a Bella.
Carlisle y yo fuimos detrás de ellos y al final también nos siguieron Rosalie y Alice. Cuando llegamos a la parte baja de la casa estaba Edward ahí, sentado con la cabeza entre las manos y sin rastros de mi hija por ningún lado. También vi en el suelo la dichosa canasta con ropa que causó todo.
- ¿Y mi hermana? –preguntó Jasper y Edward levantó la mirada, al parecer nunca nos escuchó llegar.
- No sé. –Suspiró – Probablemente haya ido al bosque a olvidarse de que existo. –contestó con amargura.
- No debiste gritarle así. –lo regañó Alice sentándose a su lado, mejor que se lo haya dicho ella a uno de mis hijos.
- Un día se va a poner mal por no cuidarse. –contestó él visiblemente frustrado.
- Todos tenemos miedo de eso. –le dije sentándome a su otro lado y tomándole la mano. – Pero ya sabes cómo es.
- Peleando no me gano nada con ella, ahora no va a querer verme por días… nos dijimos cosas… que no debimos. –habló en tono triste.
- Sí, todos pudimos escucharlos. –se burló Emmett, pero por su expresión me di cuenta de que no estaba alegre.
Dejamos pasar las horas, y la preocupación en todos se hacía mayor al ver que Bella no aparecía por casa, teníamos a los niños viendo unas películas tranquilos los dos, habían desayunado e incluso comido ya, pues eran las siete de la tarde. Mi hija llevaba demasiadas horas desaparecida y me moría de miedo y preocupación.
– Voy a ir a buscarla, no es bueno que ande sola en el bosque ¿sigue yendo al mismo lugar de siempre cuando odia a todos? –preguntó Emmett.
- Sí, sigue yendo ahí. –Edward sonrió un poco recordando cómo alejarse así era una costumbre que Bella no abandonaba.
- No me tardo. –aclaró Emmett y vi a Rosalie tomarle la mano.
- Voy contigo. –le dijo con una sonrisa.
- Claro que no. Con esa panza gigante no vas a ningún lado. –la regañó con poco, Rosalie lo golpeó.
- Otro comentario de esos sobre mi vientre y vas a dormir en el sillón los próximos tres años. Y voy contigo, soy perfectamente capaz de caminar unos metros. –le aclaró viéndolo con fiereza, a todos nos costó trabajo no reírnos.
- Pero… -trató de replicar.
- Nada. Mi bebé y yo vamos contigo.
- ¿Tu bebé? Más bien será nuestro bebé. Porque hasta donde recuerdo, no lo hiciste tú sola ¿verdad? –tomados de la mano salieron por la puerta, aun discutiendo en broma.
- Nunca cambian. –dijo Alice sonriendo. – Ya Edward, todo va a estar bien.
- Eso espero –suspiró y le besé la frente, esperando que esa pequeña discusión no tuviera mayores consecuencias.

Pov Bella

Salí de ahí para no dejar que me hiriera más, ni hacerlo yo con él. Sabía en el fondo que él lo hacía para cuidarme, pero a veces se sobrepasaba esa forma de tratarme... y necesitaba tiempo para sólo respirar, como ahora. Caminé adentrándome en el bosque con pasos lentos y con cuidado de no caerme, nada más dejando las lágrimas huir y mi respiración tomar el aire húmedo. Cuando me sentía así desde pequeña siempre iba al mismo lugar, me daba tranquilidad y bienestar. No sé cuánto tiempo estuve caminando hasta llegar al lugar, pero cuando por fin lo hice me senté en el suelo y me quedé pensando. Dejando pasar el tiempo, relajada y tranquila, sin nadie que me dijera lo que era bueno o malo para mí, pensando en todo lo de Tony y que todavía me quedaban tres meses más de quimioterapia.
- ¡Ey tú! ¿Qué crees que haces? –escuché la voz de Emmett a mis espaldas y me asustó. Lo último que esperaba escuchar en ese rincón apartado en el bosque debajo de la llovizna era a otra persona. Me giré para mirar y los vi a él y a Rose. Caminaban tranquilos hacia mí pero él iba con el seño fruncido. Estaba enojado.
- ¿Qué pasa? –les pregunté caminando hacia ellos hasta que nos encontramos a medio camino.
- Pues que tienes horas perdida. Estábamos preocupados. No deberías estar aquí sola en medio de la nada. –me regañó mi hermano.
- Necesito estar sola – aclaré empezando a molestarme, ahora ni siquiera me dejaban caminar por el bosque que siempre fue mi hogar.
- ¡Pero te tardaste demasiado! ¿Y si algo te ocurre aquí? –me reclamó.
- ¡Emmett! –lo reprendió Rose. – Ya viste que Bella está bien, no hay necesidad de armar un escándalo.
Emmett iba a replicar algo, pero en ese momento a todos nos distrajo la lluvia, que en dos segundos pasó de ser una ligera llovizna a una tormenta torrencial, antes de que pudiéramos reaccionar ya estábamos empapados.
- ¡Vámonos! –nos gritó Emmett y nos tomó a las dos de la mano.
Los tres caminamos hacia el auto que estaba a varios metros de distancia, supuse que lo lógico era correr, pero mi hermano nos llevó caminando. Tal vez por consideración a mi corazón o al vientre de Rose, que era demasiado grande para intentar moverse rápido. Cuando llegamos al vehículo, la tormenta estaba tan fuerte que apenas podíamos ver unos pasos delante de nosotros, a lo lejos se escuchaban los relámpagos… me asusté porque en medio del bosque no es el mejor lugar para estar en medio de una tormenta con rayos. Emmett abrió la  puerta de atrás del auto y Rose y yo subimos, él entró en el asiento del piloto.

Pov Emmett

Después de todo lo que nos preocupamos por Bella, la estúpida tormenta tiente que venir a poner las cosas más difíciles. Yo ni siquiera quería dejar que mi hermana saliera sola así, pero se empeñó en irse. Tampoco deseaba que Rose me acompañara a buscarla, pero se empeñó en venir. Me daba miedo que Rosalie anduviera haciendo este tipo de cosas, su embarazo ya estaba de término, en cualquier momento podría tener al bebé… eso dijo Carlisle, pues además de estar en tiempo, también tenía esas contracciones que no duelen y nos informaron que a estas alturas de la gestación son como un aviso de que el parto está próximo.
Así que contra todo lo que desee, aquí estaba, con mi hermana y mi novia en medio de una tormenta. Cuando subieron al asiento trasero, yo lo hice al del conductor y encendí el auto, o eso intenté porque no funcionó.  En lugar de prender, sólo se escuchó un “clic”, regresé la llave y pensé en si había hecho algo mal, pero no se me ocurrió nada. Volví a intentarlo con más cuidado, otra vez sin resultados.
- ¿Qué pasa? –preguntó Bella acercándose a mí.
- No enciende. –le dije y volví a tratar una y otra vez… hasta que me rendí. – Hay que llamar a casa para que alguien venga, esto no se ve bien.
- No hay señal en esta zona. –me dijo Bella.
- Hay que intentarlo. –le repliqué.
- Ya lo intenté. No hay señal. –escuché la voz tensa de Rose y voltee a verlas a ambas. - ¿Qué hacemos? –vi su expresión de miedo y noté una de sus manos acariciando la parte superior de su vientre.
- ¿Estás bien? –la cuestioné y ella asintió. – Pues… hay que esperar. –les dije y vi la duda en sus ojos.
En ese momento se vio una luz blanca y pasajera, un relámpago, al siguiente segundo se escuchó el trueno, ensordecedor… mucho más cerca de lo que nos hubiera gustado. Eso fue un excelente recordatorio, quedarse dentro de algo metálico en medio del bosque cuando hay rayos… no es una buena idea.
- Hay un refugio entre las rocas muy cerca de aquí. Creo que será más seguro. –sugirió Bella.
Ella era la que mejor conocía esa zona. En parte porque Rose y yo llevábamos ya mucho de no vivir en Forks, y además porque a mi hermana le gustaba refugiarse ahí cuando quería estar sola. Por un momento medité si esa sería la mejor opción, miré a Rosalie a los ojos y vi su mirada plagada de pánico, pero asintió. 
- ¿Tú puedes guiarnos? –le pregunté a Bella.
- Sí. Hay que ir tomados de las manos. –contestó llena de seguridad, eso me tranquilizó bastante.
- Rose, tú vas entre nosotros dos ¿está bien? –le pregunté y ella asintió.
Pensé que el lugar en medio era el más seguro y por eso se lo dejé ahí, porque con el embarazo tan avanzado me daba miedo que algo le sucediera. Bella salió de auto y nosotros dos la seguimos, íbamos tomados de la mano y caminamos lentamente pues la cortina de agua no nos permitía ver más allá de medio metro de distancia.

Pov Rosalie

El agua estaba helada, sentí que las manos me temblaban, pero eso no era lo peor. Tampoco iba muy segura de que estuviéramos haciendo lo correcto al avanzar así por el bosque en busca de un refugio, pero creo que era nuestra única opción. Así avanzamos con cuidado cada paso, Bella iba guiándonos, a veces se resbalaba un poco, pero nunca se cayó. Yo me esforcé mucho en no perder el equilibrio, era muy difícil moverme en esos terrenos y con una barriga tan grande que no me permitía verme ni los pies.
Además estaba preocupada por el bebé. Se sentía perfectamente dentro de mi vientre, sus movimientos estaban algo más agitados de lo normal, pero eso era probablemente porque yo estaba asustada, al igual que las contracciones sin dolor, también se intensificaron.
- ¡Casi llegamos! –gritó Bella y yo sentí alivio.
Muy tonta, quise decirle a Emmett las buenas noticias y descuidé mis pasos por verlo, pero no logré a hablar cuando sentí que pisé donde no debía y me resbalé. Emmett intentó detenerme la caída y Bella se detuvo y se acercó de inmediato, pero yo ya estaba en el suelo. Caí sentada y la verdad me dolió bastante. En la cintura sentí como si algo se me partiera en dos y un calambre extraño me recorrió ambas piernas.
- ¿Estás bien? –me preguntó Emmett acunando mi rostro con ambas manos, Bella también se arrodilló a mi lado.
- Estoy bien, hay que seguir. –les dije y me ayudaron a ponerme de pie.
Fue difícil por el terreno, al gua y mi vientre, pero lo consiguieron y continuamos avanzando. Mientras volví a tratar de concentrarme en caminar sentí las consecuencias de la caída. Al principio pude dar pasos como si nada, pero luego apareció una de esas contracciones que no causaban dolor… y me dolió. Fue algo así como un cólico menstrual fuerte, mucho más fuerte que uno normal. Me recorrió el vientre, la cintura y ambas piernas. Duró un poco y se pasó. Pensé que quizás fue un evento aislado y traté de tranquilizarme, pero cuando lo volví a sentir me asusté mucho ¿y si había sufrido daños con la caída?
Antes de poder seguir angustiándome vi como una cueva muy cerca, un refugio entre las rocas como nos había prometido Bella. No pude calcularle bien el tamaño porque el agua aún caía fiera y no me dejaba ver lejos. Pero agradecí que pronto pudiera sentarme y descansar. Medio metro después sentí un movimiento del bebé y al instante un líquido tibio recorrió mis piernas. Ya estaba empapada, por lo que no hizo mucha diferencia, de hecho, sólo lo noté porque el agua estaba helada y esto, no.
Ahí recordé la vez que a Bella se le rompió la fuente… cómo después de eso sucedió el parto, lo relacioné con las contracciones y el dolor… pero no. No tenía razones para estar asustada. Según mi papá alguna vez nos dijo, el parto de Bella fue algo fuera de lo normal, por lo general una mujer con su primer bebé se tarda horas… dijo que podían ser más de doce horas con contracciones antes de que naciera el bebé. Así que no tendría razones para entrar en pánico, mi parto debería ser normal, como el de tantos millones de mujeres en la historia. Dentro de poco la tormenta pasaría Y Emmett me llevaría de regreso al auto, luego papá vendría a recogernos e iríamos a un hospital… sí, eso tenía que creer para no morirme del miedo en ese preciso instante.

Pov Bella

Entramos en el refugio y fue un alivio. Tenía mucho frío y sabía que no iba a mejorar eso pronto, pero por lo menos ya estábamos a salvo de los relámpagos y el agua. Era un sitio pequeño y lleno de tierra, pero resultaba mejor que la intemperie o en el auto.  Fui directa a sentarme en el suelo y vi que Rose y Emmett hicieron lo mismo, él la ayudó y luego la abrazó para mantenerla en calor, supuse.
- Ahora sólo hay que esperar. –les dije tan tranquila como pude.
- ¿Están bien? –preguntó mi hermano y pude adivinar la tensión en sus ojos. Asentí y le sonreí para darle confianza, pero los ojos de Rosalie demostraron duda.
- Creo que he roto aguas – habló y vi que sus manos temblaban, no sé si por el frío o los nervios.
- ¿Cómo? –preguntó mi hermano asustado, yo me levanté y fui a sentarme frente a ella, que tenía las piernas extendidas cubiertas hasta la rodilla por el vestido ligero que llevaba, el cual obviamente estaba empapado al igual que su chaqueta.
- Después de la caída. –contestó.
- ¿Tienes dolor? –le pregunté recordando como a mí me iniciaron las contracciones justo después de que saliera el líquido tibio.
- Sí. –ella habló en un susurro y yo me sentí palidecer. – Pero no pasa nada, estas cosas pueden tomar horas… el bebé se está moviendo bien y… espero que pronto pase la tormenta. –al final intentó sonreír y yo asentí para darle confianza, claro, si las cosas iban bien ella tenía razón y para cuando mi sobrino naciera ya estaríamos en el hospital.
- Tal vez pueda regresar caminando y traer ayuda. –dijo Emmett apresurado e impulsivo como siempre.
- No. No me dejes. –le rogó ella tomándolo de la mano.
- No puedes salir así, suponiendo que no te alcance un rayo, te perderías. –le dije para disuadirlo, aunque supuse que con la petición de Rosalie sería suficiente.
- ¿Y si viene antes? ¿Y si…? –trató de hablar Emmett pero su angustia era tal que no lo logró.
- Emmett. Tranquilízate. Si estás así no vas a ser de ayuda. Todo va a salir bien. Para cuando ese bebé llegue ya vamos a estar en el hospital. –lo calmé, pues vi en el rostro de Rosalie la preocupación y en su respiración noté que tenía dolor.
- ¿Y si no es así? –respondió mi hermano con los ojos cristalinos.
- Rose y el bebé son fuertes. –intenté tranquilizarlo aunque ni yo me creía semejante intento, la verdad, también tenía mucho miedo.

Pov Emmett

No sé cuánto estúpido tiempo había pasado, pero estoy seguro de que fueron horas. Cuando llegamos al dichoso refugio era de día aún y ahora teníamos mucho con el cielo totalmente negro. Y la lluvia estaba igual o peor que antes, se escuchaban los rayos inclementes y el viento azotando en una dirección y otra, tanto, que ahora estaríamos secos si un rato atrás no hubiera hecho que el agua nos alcanzara aquí adentro. Ahora la cueva era aun lugar lodoso y horrible, por fuera parecía un agujero negro, no teníamos ni forma de vernos bien los unos a los otros, casi todo lo tenía que estar adivinando.
Me pregunté si alguien en casa ya habría pensado que estábamos en problemas y habrían mandado ayuda. Porque en verdad, la crisis era cada vez mayor. Bella estaba sentada sobre sus rodillas con la cabeza de Rosalie en las piernas y le sostenía ambas manos para darle apoyo, porque era lo único que podía hacer.
Rose estaba acostada, una tenue capa de sudor cubría su frente y a cada rato la escuchaba quejarse. Según lo que habíamos aprendido en ejercicios para el parto, no era bueno que estuviera gritando porque eso le robaba oxígeno y energía que necesitaba, así que ella lo soportaba casi en completo silencio. Cada contracción era más fuerte y venía más pronto, de hecho, ya casi no tenía descanso. Todas nuestras esperanzas de que llegáramos al hospital para que naciera el bebé fueron en vano.
- Puedo verlo… -murmuré de repente. Estaba situado entre las piernas de Rosalie, con mi chaqueta medio húmeda en los brazos, listo para recibir al bebé y cubrirlo, hacía mucho frío. Y cuando ella tuvo una nueva contracción, pude ver su cabeza asomarse. Me asusté más que antes, dándome cuenta de que en realidad no tenía idea de qué hacer, nada, en lo absoluto.
- Rose, lo estás haciendo bien, ayúdalo a salir. –le habló Bella animándola.
- No puedo…-murmuró agotada, pero no dejo de hacer fuerza.
- Tú puedes, Rose, ya casi está aquí. –le dije y vi que en realidad ya no tenía fuerzas.
Se tomó un descanso para respirar, dejó de empujar al bebé y suspiró, estaba llorando, tenía miedo igual que yo, pero para ella debía ser peor, mucho peor. No se me ocurrió qué más hacer y le acaricié un poco la barriga, me pareció sin sentido, pero no pude evitarlo, necesitaba consolarla.
- Rose, no te rindas. Es sólo un poco más. –le dijo Bella. – Tienes que conocer a tu bebé.
Rosalie tomó aire y volvió a empujar, esta vez vi la pequeña cabeza asomarse y después salir por completo, el bebé estaba un poco morado y eso me preocupó. Me acerqué más y le puse una mano para sostenerlo, después, poco a poco, mientras se escuchó el grito de dolor de Rose, fue saliendo todo el cuerpo, hasta que lo tuve en mis brazos cubierto por la chamarra.
- ¿Está bien? –preguntó Rose sin aliento cuando supo que estaba afuera.
Yo lo acomodé y lo miré, por un momento me quedé como tonto, esperando porque llorara porque sinceramente no se veía bien. - ¡Emmett! ¿Está bien mi bebe? –preguntó.
- Niña, es una niña. –le contesté con incredulidad, pero todavía paralizado.
Ahí la tenía, a mi pequeña bebé, morada, flácida, con los ojos cerrados. No supe si estaba viva. Me acomodé como pude y la acaricié, comencé a quitarle la sangre con la misma chamarra. Le limpié el cuerpo y el rostro…



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