sábado, 30 de junio de 2012

CAPITULO 20


CAPITULO: 20

Pov Carlisle

Era el momento, por fin ya con el marcapasos funcionando dentro de su corazón, estaba en condiciones de despertarla y ver si existirían otro tipo de secuelas. Poco a poco había bajado la anestesia, ahora, estaba por sacar el tubo y cambiarlo por una mascarilla normal de oxígeno.  Sé que a todos les hubiera gustado estar aquí para cuando despertara, pero no se lo permití a nadie, no sin saber cómo estaría Bella. Prefería enfrentar yo solo la realidad y después contarles si es que las cosas no salieron bien y ella ya nunca sería la misma.
- Bella – le hablé en voz firme - Tienes un tubo en la garganta. Te lo voy a quitar – le avisé sabiendo que me escucharía y quité el tubo.
Ella tosió estrepitosamente y con la ayuda de una enfermera la pusimos en una posición adecuada para que le fuera más fácil respirar, nos cercioramos de que nada obstruyera su garganta y luego le puse la mascarilla. Esperé así unos momentos, a ver si sola abría los ojos y no lo hizo.
- Bella, soy Carlisle, abre los ojos. –noté cómo lo hizo, pero antes de enfocar bien la mirada, volvió a cerrarlos. – Tus bebés, Bella ¿quieres verlos? Necesito que abras los ojos. –lo cierto era que sus hijos no estaban ahí, pero para ese punto ya tenía bien claro que eran su motivación más grande, por eso se lo dije.
Y funcionó. Abrió los ojos y me miró, yo le seguí hablando y vigilando la mascarilla que de repente trató de quitarse. Así, con paciencia estuve observándola y hablándole, contándole cosas de los bebés y de Edward. Mis peores temores eran que ella tuviera secuelas por el paro de su corazón, que su cerebro no haya recibido suficiente oxígeno, pero conforme fue estando bajo menos anestesia, pude ir haciéndole pequeñas pruebas.
- ¿Recuerdas el nombre de tus bebés? – le pregunté deseoso de que fuera capaz de contestármelo.
- Elizabeth… y Anthony. –me contestó con voz ronca, debido al tiempo que estuvo intubada,
- ¿Sabes en dónde estás? –le pregunté esta vez sonriéndole más.
- En terapia intensiva, pediste la habitación camino al hospital. –me sonrió un poco con gesto agradecido y yo me acerqué para besarle la frente, al parecer, después de todo, Bella estaría bien para cuidar a su niña y a su niño, sería la misma de siempre.
- ¿Puedes respirar bien? –le pregunté y ella asintió aún con la mascarilla puesta, iba a dejársela por lo menos todo ese día. - ¿Te duele algo?
Ella se quedó quieta, como analizándolo y se miró amos brazos, tenía un suero en cada uno, yo sonreí, después con cuidado se llevó una mano a la garganta y supe que era normal por el tubo, ella también lo sabría, al último se tocó el parche que tenía cerca de una clavícula, por donde puse el marcapasos. – Bella, tu corazón sufrió mucho durante el parto. –comencé a explicarle y le tomé la mano, llevándosela para que la reposara en un costado. – Lo único que te tiene aquí es que eres muy fuerte. Pero tuve que meterte a cirugía ayer y te puse un marcapasos, por eso tienes esa herida ahí. –le señalé donde se tocó antes.
- Gracias, sé que me salvaste. –me dijo articulando con algo de trabajo y lágrimas en los ojos.
- No me lo agradezcas, sólo ayúdame a cuidarte ahora ¿de acuerdo? –le sonreí y ella asintió.
- ¿Mis bebés? –preguntó algo ansiosa.
- Están en casa, tienes que salir pronto de aquí para verlos. –le acaricié la mejilla y me di cuenta de que estaba haciendo esperar de más a la familia. – Rosalie y Alice se han quedado cuidándolos, los demás están aquí para verte ¿está bien si pasan ahora?
- Sí… por favor… -pude notar la emoción en su voz.
- De acuerdo. -le besé la frente y salí de ahí para hacer pasar a los demás. Estaban justo afuera de la terapia intensiva y se me acercaron en cuando abrí la puerta. – Pueden pasar a verla. –les avisé sonriendo.
- ¿Está bien? –quiso saber Esme, aunque Edward casi se le adelanta a preguntar. - ¿Tiene algún problema?
- Está perfectamente bien, ansiosa por verlos a ustedes e ir a casa con sus bebés. –la abracé y besé su cabello.
- ¡Pues vamos! –dijo entusiasta Emmett y Jasper asintió a su lado.
- Pero… -interrumpí separándome de Esme. – Ya saben cómo es adentro. Ella tiene una mascarilla con oxígeno, sueros, monitores, no debe agitarse ni mucho menos moverse. Va a ser una visita breve. Y no la hagan hablar mucho, su garganta está lastimada por el tubo ¿de acuerdo? –los vi uno a uno a los ojos y todos asintieron. Despacio comenzaron a entrar. El primero era Emmett quien iba con una sonrisa y casi dando saltos de alegría por ver a su hermana. Le seguía Jasper quien también iba con una sonrisa pero no tan efusivo como su hermano. Edward iba tranquilo aunque impaciente de poder ver a Bella. A Esme la tenía entre mis brazos, con una sonrisa de oreja a oreja por ver a su hija despierta. Al pasar la puerta Bella estaba mirando a la enfermera que le estaba cambiando el suero, y no se dio cuenta de nuestra presencia. La enfermera sí lo notó y sonrió, se apartó un poco de la cama y Bella giró para ver a su familia.

Pov Bella

Cuando Carlisle salió me quedé mirando a la enfermera cambiar el suero. Tenía muchas ganas de ver a mis hermanos, mamá, Edward… y me moría de ganas por llegar a casa y abrazar a mis bebés. Estaba tan concentrada en mis pensamientos y como cambiaba la bolsa que no me di cuenta cuando entraron tan sólo cuando la enfermera se apartó de mi cama. Me giré y los vi a todos. No me dio tiempo a reaccionar y ya tenía a mis hermanos encima. Me encantaba tenerlos allí y me sentía en una felicidad completa. Sin querer hice una mueca cuando me di cuenta de que me estaba doliendo la herida de la operación por la presión que están haciendo encima.
-Eh, le estáis haciendo daño – dijo Carlisle seriamente. Mis dos hermanos se apartaron rápidamente. Carlisle se acercó a mí con la mirada le pedí que no me preguntara en voz alta, que me encontraba perfectamente – No me habéis escuchado fuera. Hay que tener cuidado – los regañó, yo sonreí, mis hermanos jamás cambiarían o al menos eso esperaba yo. 
-No les regañes… ellos son brutos de naturaleza – dije sonriendo la garganta me dolía mucho pero en algún momento tendría que hablar aunque fuera poco. Sonreí por mi comentario, amaba a mis hermanos tal y como eran, sobreprotectores, efusivos, directos… me giré y ahora sí pude verlos a todos. Mi novio abrazaba a mi madre ambos lloraban y sonreían mirándome. Y mis hermanos me miraban como si de un dios se tratara, completamente maravillados – Nadie más va a saludarme… - dije mirando a Carlisle. Quien se encogió de hombros y me sonrió. Cuando me giré esperando a que alguien más se acercara y no le diera miedo por los tubos. Mi madre se soltó del abrazo de Edward y se acercó a mí con una sonrisa y me abrazó con cuidado y comenzó a darme besos por todos los lados, como cuando era pequeña y le decía que me dolía y comenzaba a darme besos para que se me olvidara.
-Mi niña… - dijo llorando, se apartó sonriéndome, pero rápidamente la sonrisa se le fue – Casi me matas del susto, tres veces – dijo llorando nuevamente y me abrazó fuertemente.
-¿Cómo? – preguntó Jasper. Mi madre lo miró seriamente.
-Nada, Bella ahora está bien, y lo que pasó no importa… - dijo mi madre, sonriendo. Ninguno de los tres chicos pareció muy convencido pero lo aceptaron. Con cuidado se levantó de la cama y fue donde están mis hermanos. El único que faltaba por saludarme era Edward. Y parecía que no tenía intención de moverse. Me preocupé, ¿Y si ya no me quería?, Tal vez había encontrado a otra mejor que yo. Comencé a ponerme nerviosa. No quiera abrazarme.
-Bella, cálmate… - dijo Carlisle quien puso su mano en mi hombro para que me calmara.
-¿Quieres que te de una paliza? Mi hermana se está poniendo mal por tu culpa… quieres moverte – dijo Emmett con una sonrisa mirando a Edward. Él le devolvió la sonrisa y se acercó a mí. Llorando, riendo, serio, contento… cambiaba de humor con cada paso que daba. Se paró enfrente de la cama y me miró seriamente. Después su mirada se dirigió a su padre quien sonreía y asintió. Él se agachó y apartó la mascarilla que Carlisle me había puesto. Y  me besó, fue sin duda uno de los mejores de todos lo que me había dado desde que estábamos juntos. Volví a sentir sus labios en los míos, su piel contra la mía, no quería que ese beso se acabara nunca, deseaba poder quedarme así para siempre. Pero se separó.
-No… - susurré levantando mi mano – Bésame otra vez… - le pedí con un puchero. El y todos se rieron y Edward volvió a besarme. Cuando volvió a separarse le pedí que me besara de nuevo.
-Ya habrá tiempo de besarse… - dijo Carlisle acercándose y poniéndome la mascarilla de nuevo. Le miré mal, quería sentir a Edward.
-No te preocupes mi vida. Cuando salgas de aquí y estemos con nuestros bebes te besaré todo lo que quieras… - me dijo acariciándome el cabello.
-Te amo – dije mirándole a los ojos. Ambos estábamos llorando.
-¿Por qué no salimos y los dejamos un poco solos? – dijo mi madre empujando a mis hermanos de la habitación y Carlisle que estaba serio – Venga cariño, no le va a pasar nada, porque la dejes un rato con tu hijo – Carlisle le eché una mirada a Edward y después me miró seriamente – No te muevas – asentí y se fue con mi madre y mi hermanos.
-Tengo que tener una pinta horrible… - susurré, cuando cerraron la puerta.
-Estás preciosa como siempre – acarició delicadamente mi mejilla
-¿Cómo están los bebés? – le pregunté. Él sonrió.
-Son preciosos, se parecen a ti. Ahora están con mis hermanas. Y tienen muchas ganas de conocer a su mami… - dijo riéndose.
-Me muero de ganas de cogerlos… - no pude continuar por la garganta me dolió y tosí.
-No hablemos más. Estas forzando mucho tú garganta… - me dijo Edward acariciándola. No dije nada más. Solo nos miramos sonriendo. Tenerlo tan cerca y saber que después de todo, todo había salido bien, era mucho más de lo que podía pedir.
-Edward, vamos a dejar que Bella descanse. Mañana cuando la lleven a una habitación volvemos… - dijo Carlisle entrando. Mi novio lo miró seriamente y asintió. Me quitó la mascarilla y me dio un beso de despedida, y rápidamente antes de que su padre dijese nada me la volvió a poner. Emmett vino y me dio un beso en la frente y me sonrió.
-Cuando vuelvas a casa serás como la reina, no te pienso dejar que hagas nada… - dijo sonriendo. ¡Dios lo que me esperaba!
-Mañana te veo, te quiero – dijo Jasper besándome en la mejilla. Mi madre se acercó y me abrazó.
-Te quiero mi vida – dijo sonriendo. Entonces me percaté de algo.
-¿Y Charlie? – pregunté, no lo había visto y tampoco me habían dicho nada de él. Todos se miraron entre ellos y vi como mis hermanos ponían los ojos en blanco.
-Está… trabajado… si eso, cuando pueda vendrá…- me dijo mi madre. La vi nerviosa, algo me están ocultando. 
-¿Dónde está trabajado? – mi padre no trabajaba lejos, y era policía.
-Tenía que hacer algo en México, cuando esté de vuelta vendrá a verte – dijo acariciando mi cabello – Ahora descansa, para que puedas volver pronto a casa – yo asentí y se fueron.
-Si necesitas algo, la enfermera me llamará enseguida – me dijo Carlisle saliendo. Asentí, todos se fueron y cerré los ojos para dormir un poco, me sentía agotada.


Hoy por fin salía del hospital. Después de estar aquí tres días sin poder hacer nada, podía ir a mi casa y ver a mis bebés. Carlisle me había dicho que podía hacer vida normal, pero con algo de reposo los primeros días y que no podría amamantar a mis hijos, por la medicación. Mis hermanos estuvieron ayer todo el día conmigo en el hospital, y Alice y Rosalie vinieron un rato mientras Edward estaba con los pequeños. También habían venido mis amigas. Estaba muy contenta por todo.
-Ya hemos llegado – dijo Carlisle. Mamá iba con el delante y Edward detrás conmigo abrazándome. Los demás se habían quedado en casa preparándome una fiesta sorpresa de bienvenida. Sí, era de sorpresa, pero Emmett no podía quedarse callado y me lo contó.
-Estás preparada – me susurro Edward al oído. Yo sonreí y le asentí. Carlisle y mama ya habían salido del coche y nos esperaban fuera. Edward abrió la puerta y me tendió la mano.
-Vamos a ello – dije suspirando. Me daba miedo lo que hubieran hecho.
Mi madre me sonrió cogió la mano de Carlisle. Subimos las escaleras, Edward me ayudaba, aunque le había dicho que yo sola podía. Nada más abrir la puerta, Jake se me tiro encima. Lo recibí fuerte y lo abrace.
-Oye, no es solo tuya, los demás también queremos saludarla – Escuché a Seth. Jake se separó de mí y él me abrazó igual de fuerte. Después continuó Paul y así con todos. Cuando acabé miré a Edward ansiosa, quería ver a mis hijos ya. Él me sonrió, me cogió de la mano y me llevó hasta el comedor. Rosalie tenía a un bebé en sus brazos, me sonrió y me acerqué a ella. Tenía a mi pequeña. Su pelo era color rubio, como el de mi hermano, Rosalie o de Carlisle, y sus ojos azules cielo. Extendí mis brazos para que me la diera. Cuando la tuve en mis brazos me senté en el sofá, Edward ya tenía a Anthony en sus brazos y se sentó a mi lado. El niño tenía el pelo del color de Edward y no pude ver sus ojos porque los tenía cerrados. Un flash me saco de mis pensamientos. Levanté la mirada y vi a Alice con una cámara.
-Lo siento, pero es que estás muy bien los cuatro juntos – dijo sonriendo. Todos nos reímos. Me sentía completa, tenía a mis bebes en mis brazos, estaba con Edward. Mis hermanos están felices, así como Rosalie y Alice. Mamá y Carlisle están muy bien, y todos mis amigas están conmigo. Pues sabía que Jake y Tanya tendrían que haber vuelto a la universidad hace dos días, y estaban aquí conmigo. Sonreí a Alice y volví a mirar a mis hijos.
-Elisabeth Esme Cullen Swan – dije mirándola con lágrimas en los ojos. Edward me sonrió. Me había dicho que había decidido ponerle también el nombre de mi madre.
-Anthony Cullen Swan – dijo el mirando a nuestro bebé. Ambos nos miramos y sonreímos. Volvimos a notar otro flash.
-Este no es porque os veía bonitos, es para que te separes de mi hermana que no es tuya – dijo Emmett sonriendo – Yo también quiero una foto con mis sobrinos… - dijo poniéndose detrás del sofá para que nos hicieran otra foto. Toda la familia y los amigos hicieron lo mismo y así pasamos el día con fotos, fiesta…

Pov Bella

- ¿Qué pasa? –le pregunté a Edward cuando al regresar de dormir a mis bebés escuché voces afuera pero no distinguí qué decían, de lo que sí estuve bien segura fue de que Emmett y Jasper le estaban gritando a alguien.
- Eh… es mejor que esperemos aquí. –dudó y supe que me estaba ocultando algo importante.
- ¿Quién está afuera con mis hermanos? –insistí alarmada.
- Es Charlie. –suspiró y me le quedé mirando con el seño fruncido.
Hacía dos semanas de que nacieran mis niños y mi padre ni siquiera había llamado. Mamá, Emmett y Jasper estaban muy enojados con él, los escuché decir antes que estaba actuando como la vez anterior, pero yo no quería dejar las cosas así, por lo menos necesitaba una explicación.
- Voy a salir. –le dije a Edward y él me tomó la mano.
- ¿Estás segura? –vi la incertidumbre en sus ojos, él tampoco deseaba que confrontara a mi padre.
- Sí, Edward, tengo que hacerlo. –lo besé en los labios con rapidez y salí de la casa.
Ahí estaban mis dos hermanos, haciendo frente unido a Charlie, me acerqué sin que ellos me vieran y cuando estuve a menos distancia recapacité… mi papá tenía un yeso en toda la pierna derecha e iba con muletas. Al instante me asusté y me apresuré a ir.
- Papá… ¿qué pasó? –le hablé pasando al lado de Emmett y Jasper como si no estuvieran ahí.
- Bella. –suspiró con alivio.
- Entra en la casa. –me ordenó Emmett.
- Nos estamos encargando de él. Y no me digas que quieres verlo cuando él ni se molestó en visitarte en el hospital. –la voz de Jasper destilaba odio en cada palabra.
- No, mejor entren ustedes dos. –les puse mala cara y luego me le quedé viendo a Charlie.
- Hija… yo… lo siento tanto, no venir antes… -empezó a disculparse.
- Así como sientes el habernos abandonado toda la vida. Tiene sentido. –se burló Jasper, entonces me puse entre ellos y mi papá.
- Ya basta, entren, no los quiero aquí.
Los tres nos miramos unos segundos, peleando en silencio, hasta que al final se dieron cuenta de que nunca me harían cambiar de opinión y se marcharon. Sé que también estaba algo enojada con Charlie por no venir antes, por ni siquiera llamarme, pero al verlo así, sólo pude preocuparme.
- Bella, lo siento. Pero ellos tienen razón. Debí llamarte o algo, pero es que… recién salí del hospital y no quería preocuparte. –me dijo apesadumbrado y el yeso y las muletas cobraron un nuevo sentido ¿él estuvo todo este tiempo en el hospital? ¿Cómo era posible?
- ¿Qué te pasó? –pregunté acercándome.
- Un accidente, el mismo día en que nacieron los bebés… se armó un caos total y bueno… verás que me fue algo mal, me tuvieron que hacer un par de cirugías. En realidad se supone que debo estar reposando, pero tenía que venir a verte…
En ese momento lo abracé, fue lo único que se me ocurrió. Lo hice con cuidado para no lastimarlo y sentí una pequeña exclamación suya, no sé si por las heridas o por la impresión, pero él me rodeó la cintura con uno de sus brazos y continuó murmurando palabras de perdón. Al separarnos, yo estaba llorando y sus ojos se notaban cristalinos también.
- No te disculpes, papá. Debiste decirme que estabas mal, hubiera estado a tu lado. –le sonreí un poco y luego se me ocurrió algo, quizás no era lo mejor por si mis hermanos estaban rondando dentro, pero tenía que hacerlo. - ¿Quieres conocer a tus nietos? – noté como sus ojos brillaban.
-Nada me haría más feliz – contestó. Yo sonriendo me le dije que me siguiera. Los bebes están en la habitación de la palta de abajo, porque Carlisle todavía no quería que subiera las escaleras hasta la semana que viene. Al entrar, vi que mis hermanos estaban de pie mirando como enojados, y Edward sentado en el sofá con aire despreocupado.
-¿Qué hace dentro de nuestra casa? – preguntó Emmett acercándose.
-No merece estar aquí… no se preocupó por ti – dijo Jasper siguiendo a Emmett.
-Me da igual lo que digáis. Mi padre va a conocer a sus nietos, así que callaros y dejadme ir a la habitación tranquila – dije apartándolos de mi camino. Mi papá me siguió, al entrar todo estaba en silencio y lo único que se escuchaba era una musiquita de unos juguetes que Rose y Alice les habían comprado – Mira él es Anthony – dije cogiendo a mi hijo para que él lo cargara.
-Bella, no sé si… - dijo mirando con miedo al bebé.
-Papá, no va a pasar nada. Cógelo – dije sonriendo. Él se sentó en la cama para poder dejar las muletas y cargar al bebé.
-Dios, es precioso… - dijo mirándolo, sonriendo. Yo me fui a la otra cuna y cogí a Liz
 -Y ella es Esme Elisabeth – dije enseñándole a mi niña. Con cuidado, me agaché para que el pudiera verla.
-Tienes unos bebés hermosos… como tú – dijo acariciándome con el abrazo que tenia libre.

Pov Edward
-Amor, no hemos hablado de ello, pero has pensado quienes podrían ser los padrinos… - le pregunté a Bella que estaba durmiendo a Tony.
-Sinceramente no sé qué decirte, porque había pensado en Tanya y Jake… - preguntó mirándome, sonreí, yo también había pensado en ellos para ser padrinos – Pero del otro no he pensado, porque yo no puedo elegir entre mis hermanos y supongo que tú tampoco entre las tuyas. Y fuera quien fuera, lo veo injusto para los otros dos – me dijo con mirada triste.
-Yo había pensado en Rosalie… creo que después de haber perdido un bebé… le haría bien, ¿Qué te parece? – pregunté. Me había costado mucho, pero al fin y al cabo, Rosalie perdió un bebe y ser la madrina de su sobrino creo que le gustaría.
-Me gusta la idea, le hará ilusión, seguro – dijo sonriendo. Se estaba paseando por toda la habitación porque el niño no se dormía.
-¿Y tus hermanos? – pregunté.
-Tal vez podría ser Emmett, el también perdió al bebé… pero no sé qué pensará Jasper, y me duele que él no pueda serlo – dijo dejando a nuestro hijo en la cuna. El pequeño no se había dormido, pero estaba tranquilo.
-Jasper y Alice entenderán que le digamos a Rose y Emmett… - dije abrazándola para que no se preocupara. Ella me miró a los ojos, y comenzó a despeinar mi pelo.
-Estas muy sexy hoy – me dijo con ojos de picarona. Se acercó y primero me besó la mejilla, después la frente y finalmente,  los labios. Me estaba excitando mucho, hacía mucho tiempo que no lo hacíamos y estaba algo necesitado, pero no quería que se pusiera mal. 
-Bella… - dije apartándola.
-No… Edward, lo necesitamos… - dijo besándome por el cuello.
-Bella… tu salud… - dije intentando resistirme, pero se me estaba haciendo imposible.
-Estoy bien… por favor Edward, lo necesito – dijo desabrochando la camisa.
-No podemos… - murmuré, pero no tenía ganas de que parara.
-No pienses, déjate llevar – me susurró en la oreja mientras le daba un pequeño mordisco. No pude contenerme más y la cogí en brazos y la lleve a la cama. La estiré y yo me tiré encima, llevaba mucho tiempo deseando este momento. Mucho tiempo deseándola a ella. Cuando le quité la camiseta y estaba por hacer lo mismo con el sujetador escuché el llanto de Liz.
-Shh… - susurró Bella, en ese momento me di cuenta, hacia apenas unas semanas que la habían operado, porque su corazón estaba demasiado débil, y yo le estaba forzando, a ella y al corazón.
-No, voy a dormirla… - dije levantándome de encima de ella. Bella me miró a mala gana, pero no dijo nada, ella sabía que los bebés eran nuestra responsabilidad.


Pov Esme

Con todo lo que había sucedido en las últimas semanas me olvidé de las cosas de la casa. Los estantes estaban medio vacíos y tenía cuentas por pagar. Así que ahora que Bella está en casa recuperándose, los bebés están bien atendidos y el resto de los chicos parecen estar tranquilos… recordé todo lo que estuve ignorando.
Carlisle estaría por llegar del hospital, ya antes lo llamé y le dije el montón de cosas pendientes, así que esta tarde iríamos al banco y a hacer las compras. Sabía que él estaría cansado, pero aun así insistió en acompañarme, siempre un caballero.
Entré en su estudio para buscar los recibos pendientes, solíamos dejarlos sobre el escritorio para no olvidar nada. Crucé la habitación con calma y vi que tenía ahí más papeles que de costumbre, de seguro él también dejó cosas pendientes por toda la situación. Entonces empecé a buscar, vi un recibo y lo tomé, después me topé con más papeles a los cuales les presté la mínima atención… hasta que vi el hombre de mi hija en uno de ellos.
Lo tomé sin pensar y lo leí cuidadosamente, después la siguiente hoja engrapada y la otra. Luego vi una carpeta y la hojee, dándome cuenta de que era una copia del expediente médico de Bella.
Intenté creer que era normal, que no debía preocuparme, pero fue inútil y tonto, lo que encontré por casualidad no era cualquier cosa y peor aún… lo que me hirió fue que Carlisle no me lo dijera antes. Así me quedé ahí, ya habiendo descartado la idea de ir y hacer las compras, necesitaba a toda costa hablar primero con mi esposo y preguntarle qué significaba todo aquello y la razón de su silencio. Eventualmente él entró buscándome.
- ¿Estás lista para irnos? –me preguntó tranquilo mientras se acercaba, después su mirada cambió al darse cuenta de qué tenía entre las manos y que estaba llorando. – Esme… -murmuró y se quedó a un paso de mí.
- ¿Qué es esto? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Cómo puedes ocultarme algo así? –le dejé ir el torrente de preguntas.
- Esme, no te lo estoy ocultando, sólo esperaba el momento indicado para decírtelo. –suspiró y me quitó todos los papeles de las manos, luego, los puso de vuelta sobre el escritorio e intentó abrazarme, pero yo no necesitaba eso, sino una explicación, así que me alejé.
- Tienes aquí la sentencia de muerte de Bella y esperabas un buen momento para decírmelo. Carlisle… no sé…
- Espera. –me interrumpió frunciendo el seño. - ¿Sentencia de muerte? Esme, al contrario, es para darle más oportunidades de tener una vida normal.
- ¿Y todo lo que dice? No entiendo muchos de sus términos pero todo lo que dice ahí es que Bella no tiene esperanzas de vivir mucho tiempo más. Y tú me diste esperanzas, con lo del marcapasos… -no pude seguir hablando, estaba aterrorizada del destino de mi hija y me sentía traicionada por el hombre que amo.
- El marcapasos le está comprando tiempo, Esme. –me habló en su tono profesional de doctor. – Por ahora es suficiente, yo espero que siga así por muchos años más, pero no hay garantías. Me estoy adelantando a eso. Y nunca te oculté nada, de hecho, para finalizar el trámite, tienes que firmarlo tú pues Bella aún es menor de edad.
- Carlisle… -murmuré ya sin saber qué decir o hacer y simplemente me arrojé a sus brazos llorando, él me recibió.
- Amor, lo mejor es meter a Bella a la lista de trasplantes desde ahora. La espera puede durar años. –besó mi cabello y supe que é tenía razón y como siempre estaba haciendo lo mejor para mi hija, para mí.
- Lo siento. No debí reaccionar así. –me disculpé hablando contra su pecho.
- Está bien, te entiendo. No debí dejar que te enteraras así. –se separó un poco y me sonrió. – Ahora que lo sabes… ¿quieres firmar los papeles? Así puedo llevarlos mañana mismo y que Bella esté oficialmente en la lista.
- Claro. Cuanto antes, mejor. –nos alejamos definitivamente y él de entre las hojas sacó las que yo tenía que firmar y lo hice. – No quiero que Bella lo sepa. –le pedí. – No quiero que se preocupe, si ella puede pensar que va a estar bien… quiero que sea feliz.
- Estoy de acuerdo contigo. Esa es una de las razones por las que me apresuré a hacerlo, ahora que puedes firmar tú por ella. No hay necesidad de que ninguno de los chicos lo sepa. –vi la implicación en sus ojos y supe que hablaba especialmente de Edward.
- Será nuestro secreto. –me acerqué y lo abracé antes de unir nuestros labios por un momento. – Gracias, Carlisle.
- No lo agradezcas, ella es mi hija también. –me sonrió un poco y ni intenté evitar corresponderle igual.
- ¿Guardamos los papeles e la caja fuerte antes de irnos? –le pregunté deseando evitar que otra persona descubriera las cosas como yo.
- Excelente idea. –fue y tomó todos los documentos para meterlos en el lugar seguro, donde sólo él y yo conocíamos la combinación. – Los tomaré mañana por la mañana antes de irme.
Cerró la puerta metálica y me tomó de la mano antes de que fuéramos a hacer las compras y pagar las cuentas. Yo me sequé las lágrimas del rostro y puse una sonrisa, sólo por si de camino a la salida nos encontrábamos a alguno de nuestros hijos. Ellos no deberían saber nada.

Pov Rosalie

Estaba harta. Total y completamente enferma de estar en casa. Cada día, cada minuto. Siempre era lo mismo. Halagos… comentarios… felicitaciones para lo buena madre que era Bella, el talento natural que tenía, su instinto que lo superó todo por sus bebés. No tenía fin y yo ya me había cansado de estar ahí para presenciar como ella era una mamá perfecta y yo no.
Es infantil, lo sé, no debería estar celosa de ella, no debería tenerle envidia. Nada de eso es bueno. Pero no podía evitarlo, porque ella tuvo un oportunidad que a mí me arrebataron de las manos… o del vientre. No era justo que ella tuviera esos preciosos bebés y yo no, que el mío hubiera muerto.
¿Y si fue el destino? ¿Y si todo sucedió por un propósito? Quizás… yo no lo puedo hacer, tal vez nunca sería una buena mamá y por eso nunca me convertiré en una. Pero… ¿qué tiene Bella que no tenga yo? ¿Qué hizo ella para merecerse lo que yo quiero y no tengo?
No, en definitiva, no era justo.
Escuché la puerta de mi habitación abrirse, pero no me preocupé en mirar, no quería hablar con nadie. La persona que había entrado, comenzó a acercarse, lo supe porque escuché sus pasos cada vez más cerca. Finalmente supe quién era sin necesidad de mirarlo, por tan solo el tacto de su piel con la mía.
-¿Qué te pasa? – me preguntó cuando su mano rozo mi brazo.
-Nada… - le contesté sin mirarlo. No podía decirle que tenía envidia de su hermana.
-Rose, te conozco, sé que algo te pasa, confía en mí y dime – habló levantando mi cara para mirarlo.
-No es nada Emmett – me levanté de la cama y me fui al baño, para evitar hablar del tema, pero antes de que pudiera cerrar la puerta él me lo impidió con la mano y el pie.
-No me vas a engañar, no a mí – dijo mirándome seriamente.
-¿Sabes lo que pasa? Que todos estáis diciendo lo maravillosa madre que es Bella, lo bien que cuida a sus hijos, lo fuerte que ha sido. Y yo no puedo con eso. Y yo no tengo al mío, no pude conocerlo, nunca sabré si yo soy buena madre… no es justo – dije mirándole con las lágrimas en los ojos. Él se quedó callado por un momento y después de abrazo sin decir nada.
-Tendrás más oportunidades para demostrar lo buena madre que eres… - me susurró al oído - No tienes que tener envidia de nada ni de nadie – dijo apartándome de él y viéndome a los ojos.
-Pero eso nunca lo sabré. – contesté sollozando.
-Cuando sea el momento tendrás a tu bebé, y podrás demostrarle a todo el mundo que tú también eres una madre estupenda – dijo sonriendo. 
-¿Y si nunca vuelo a quedar embarazada? – le pregunté llorando de solo pensarlo.
-Claro que volverás a quedar embarazada, solo que la próxima vez será de la persona a la que tú ames y con quien tú quieras… no de un desgraciado que no tenía nada que hacer, más que destrozar vidas ajenas… - lo primero me lo dijo con dulzura, pero a medida que iba continuando la frase la transformó en pura ira – Tienes que esperar el momento, no fuerces la situación – dijo sonriendo, comenzó a hacerme cosquillas y logró que a mí también me saliera la sonrisa. Emmett conseguía siempre sacarme una sonrisa aunque fueran los peores momentos


Pov Bella

-Mira que cosa más guapa con este traje que le ha comprado la tita Irina – dijo mi amiga haciéndole carantoñas.
-Tonterías, mira que chulo esta mi sobrino con su súper ropita para la playa – dijo Paul cogiendo a mi hijo de la sillita que teníamos en la arena de la playa. Como era fin de semana, habíamos podido reunirnos, Edward no estaba estudiando, y podía cuidar de los niños. Yo había vuelto al colegio y me estaba poniendo al día de todo lo que me había perdido. Irina y Seth me están ayudando mucho en ellos y Alice a su manera también. Mientras el resto de mis hermanos y Edward se quedaban en casa con los niños todo el día. Yo cuando volvía estaba con mi novio y mis preciosos bebes. Aunque extrañaba a Tanya y Jake, que estaban lejos en la universidad.
-Ven Bella, vamos a llevar a los bebés al agua con nosotros – dijo Edward riendo. Yo cogí a mi hija de los brazos de mi amiga y mi Ed hizo lo mismo con su amigo. Primero metimos nosotros un poco el pie para comprobar cómo estaba el agua, y al ver que tenía una temperatura razonable y que estaba calmada, sonreímos y nos metimos con los niños. Me giré un momento y pude ver a los chicos con la cámara de fotos. Al estar dentro me quedé mirando a Edward, los dos sonreíamos mientras jugábamos con los niños.
-Te ves preciosa con la niña en tus brazos… - dijo Edward sonriendo.
-Tu te ves hermoso con Tony contigo… - dije, me acerque a él y le di un beso. Edward se había convertido en mi vida entera junto a mis niños.
Por unos minutos nos quedamos observándonos y observando a los bebés, como se veían apacibles tocando nuestra piel y el agua, la forma en que el océano parecía darles la bienvenida a esa playa que sería parte de su hogar como ya lo era para nosotros. En ese momento, todo era perfecto.
-Princesa, creo que la niña tiene algo de hambre – me dijo de repente mirando a la pequeña. Yo la miré y vi que estaba a punto de llorar. No entendía como Edward podía saber por qué lloraba en cada momento a mí me costaba mucho. Sonreí y salimos del agua para darle de comer – Dame otro biberón que yo le dé a Tony – dijo sonriendo.

Pov Jasper

Era una tarde aburrida. Como tantas otras. El no haber iniciado la universidad para quedarme con mi hermana y el resto de la familia fue la mejor decisión que pude tomar. Pero aun así desde hace meses sentía que a veces tenía demasiado tiempo libre entre manos. Como hoy, que Alice había salido con Rosalie, mamá y papá estaban trabajando y Edward y los bebés absorbían a Bella como siempre. Y Emmett sinceramente no sabía qué hacía.
Salí y me senté en las escaleras que conducían a la entrada. Quizás debería tomar la moto y salir  a dar una vuelta sin rumbo, nada más para matar el tiempo.
- Eres un vago bueno para nada. –escuché la voz brabucona de Emmett que llegaba junto a mí, supe que estaba jugando.
- Hola, Señor Importante y Ocupado. –le respondí en tono sarcástico mientras se sentaba en otro de los escalones. - ¿Qué hacías con tu apretada agenda? ¿Dormías?
- Sí, pero ya no tengo más sueño. He dormido demasiado últimamente. – se desperezó un poco y me dio risa, la verdad es que algunos días todos nos preguntábamos si Emmett se habría transformado en un oso hibernando. - ¿Y Bella? –preguntó.
- No lo sé. Ya ves que nos quedamos para cuidarla y casi ni la vemos. –me quejé sintiendo cierto enfado.
- Sí. Entiendo lo de sus bebés, pero cada segundo que no está con ellos, Edward la absorbe. –estuvo él de acuerdo y noté que también estaba enfadado.
- A veces es como si no estuviéramos aquí.
- Probablemente a ella le da lo mismo. –acordó Emmett y de inmediato comprendí que era cierto. – Y todo es culpa de Edward. –añadió aún más enojado. – Antes de que apareciera en el mapa, Nosotros tres éramos mucho más unidos, todo empezó cuando él se apropió de Bella.
- Sí, él cambió las cosas. Es como si de repente la vida como la conocíamos ya no existiera. –acordé vacilando entre la ira y la melancolía.
- Ahora somos tú y yo. ¿Recuerdas cuando estábamos los tres? Cuando ella no podía salir y nos quedábamos en casa para  hacer algo juntos y que no se aburriera. –me dijo Emmett con una sonrisa.
- Sí. A pesar de todo, fueron buenos tiempos. Pero tal vez de ahora en adelante así va a ser. Bella con Edward y tú y yo. –me encogí de hombros sin saber cómo podría cambiar eso. Siempre habíamos sido los tres y desde que los Cullen aparecieron en nuestras vidas todos nos habíamos distanciados. No me arrepentía pues Alice era una de las mejores amigas que había tenido y actualmente era mi mejor amiga, pero echaba de menos compartir tiempo con mis dos hermanos.
- Sí, probablemente. Dos en lugar de tres. –admitió.
Después nos quedamos en silencio, creo que los dos recordábamos a Bella, los momentos buenos y los malos. Y en cada recuerdo había la impresión de nostalgia por todas esas veces en las que estuvimos a su lado, pues ahora ya no nos necesitaba, con Edward era suficiente.
- ¿Qué hacen aquí? ¿Se aburren? –escuché la voz de Bella desde la puerta y ambos volteamos a verla, estaba sonriendo.
- No. Estamos pasando el mejor momento de nuestras vidas. –le contestó Emmett y puso los ojos en blanco.
- Entonces… supongo que no quieren que los interrumpa para invitarlos a ver una película. –se encogió de hombros.
- Estás bromeando. –la acusó Emmett entrecerrando los ojos.
- No, los bebés están dormidos y la verdad pensé en invitar a mis dos hermanos favoritos a ver una película con Edward y conmigo. Los extraño, la verdad, últimamente no hemos pasado mucho tiempo juntos.
Por un momento la observé bien y noté la sinceridad en sus ojos. Después de todo ella se sentía igual que Emmett y yo. Eso me llenó de alegría… Bella aún era nuestra hermana. Sin dudarlo me levanté y fui directamente hacia ella, después, sin pedirle permiso la cargué y di una vuelta con ella en mis brazos.
- ¡Jasper! ¡Suéltame! –pidió riéndose.
- Como tú digas. –cedí de inmediato, viendo que Emmett estaba listo muy cerca de nosotros, entonces, en lugar de ponerla en el suelo, la pasé a los brazos de él.
- ¡Ey! Brutos. No soy un juguete. –protestó otra vez pero ni él ni yo la escuchamos. Así entramos los tres entre risas, como si nada hubiese sucedido entre nosotros y todavía fuéramos los tres niños que solíamos ser.


Pov Alice

-Mira Rosalie, que guapo se vería Tony en este conjunto – le dije a mi hermana mientras se lo enseñaba – Y mira este… - dije corriendo para donde estaba – Es perfecto para Lis – dije enseñándoselo. Mi hermana se acercó para verlo bien, ella también llevaba un montón en los brazos como yo, pero todo era poco para los príncipes de la casa.
-Es precioso Alice, ¿Qué te parece este vestido? – dijo enseñándome uno rosa precioso.
-Maravilloso y este de niño – dije enseñándole un pequeño pantaloncito color azul.
No dijimos más y continuamos cogiendo ropa, cuando fuimos a pagar, acabamos con seis bolsas cada una. Decidimos ir a tomar algo, así podíamos hablar las dos. Nos sentamos en una mesa libre en un bar del centro comercial.
-¿Qué desean las señoritas? – preguntó un camarero.
-A mí me pones un café con leche y para ella… - mi hermana se quedó mirando esperando a que le contestara.
-Lo mismo – dije sonriendo. El camarero apuntó y se fue.
-Alice, has pensado qué vas a hacer cuando salgas del colegio, que vas a estudiar… - parecía medio pregunta y medio no.
-Sí, quiero hacer la carrera de diseño, poder poner mi propia tienda y con mis diseños… - le contesté sonriendo. Todavía tenía que saber si conseguía graduarme, pero por el momento mis notas eran buenas - ¿Tú? – le pregunté, yo siempre había querido lo mismo, pero mi hermana, nunca lo había tenido claro.
-No estoy muy segura todavía, puede ser que derecho, pero no estoy muy convencida – dijo encogiéndose de hombros. Siempre pensé que mi hermana se dedicaría a la mecánica, pues era su pasión.
-¿Y por qué no mecánica? – le pregunté, confundida.
-Para mí la mecánica es un hobbie, no quiero nada serio con eso. En cambio ayudar a la gente a hacer justicia… me parece un buen trabajo – dijo sonriendo. Por mi cabeza pasó, la conversación que tuvimos sobre la noche de San Valentín, tal vez su justicia era que a ninguna chica más le pasara lo que le había pasado a ella.
-Me parece bien, sería un buen trabajo para ti. Aunque creo que asistente social también te quedaría bien – dije sonriendo.
-Y una pregunta apartando el tema de los estudios… ¿Tienes algo con Jasper? – abrí los ojos de la sorpresa no me esperaba esa pregunta para nada.
-No, Jasper y yo somos hermanos, sólo eso… - dije, no podía contarle lo del beso, porque eso ya estaba hablado, y no quería darle más vueltas.
-¿Sigues queriendo a Emm? – preguntó frunciendo el ceño. Lo pensé, pensé si cuando escuchaba su nombre me sentía como antes, si al pensar que estaba cerca mi estomago se retorcía, y me di cuenta.
-No – le contesté. Ella me medio sonrió.
-Me alegro, no me hubiera gustado que sufrieras más – me dijo con una sonrisa.
-¿Y tú?, ¿Crees que puedas tener algo con Emmett en un futuro? – le pregunté, sabía que si le digo que yo sentía algo por él todavía ella jamás me diría la verdad para no hacerme daño, por ese motivo decidí decir la verdad. Mis sentimientos por Emmett jamás volverían a ser los mismos que hace meses.
-No, no creo. Emmett es un chico estupendo, pero su personalidad respecto a las chicas es como la mía antes. Y no creo que yo pueda volver a ser así. Esperaré a estar preparada y que una persona me acepte con lo que me pasó… - dijo mirando seriamente su café que hacía rato nos había traído el camarero. 

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