CAPITULO:
6
Pov Alice
Me
daba mucha pena Bella, jamás había conocido a nadie de dieciséis años enferma
desde pequeña. Sí que se enfermara de mayor como mi madre, pero no desde
pequeña, y Bella me daba mucha pena por eso. Papá nos pidió que nos fuéramos a
casa, porque era tarde y Bella tenía que descansar. Rosalie y yo no
refunfuñamos, a mi hermano parecía molestarle que le pidiera que se fuera, pero
no dijo nada, en cambio Emmett y Jasper sí protestaron. No es que Bella me
cayera mal, que era lo que la mayoría de la gente pensaba, sino que estaba
celosa, porque me había quitado a mi hermano. Edward siempre estaba atento en
mí y ahora no se separaba de Bella, en pocas palabras, era como si me lo
hubiera robado.
Fuimos
todo el camino en silencio. Jasper y Edward miraban cada uno a una ventana.
Emmett se sentó adelante y también miraba hacia afuera y apretaba los puños, se
notaba su molestia. Mi hermana paró el coche y me di cuenta que ya habíamos
llegado a casa.
-¿Qué
vamos a cenar? – tenía mucha hambre, y no sabía cocinar, sólo unas tostadas y
no quería cenar eso.
-Yo
no tengo hambre, me voy a la habitación – dijo mi hermano, y sin despedirse se
fue.
-Nosotros
tampoco. Buenas noches – dijeron los dos hermanos y se fueron.
-Rosalie,
hazme una ensalada – le pedí a mi hermana, le dije eso porque era lo único que
ella sabia cocinar.
-Tienes
que aprender a cocinar – me dijo subiendo las escaleras del garaje.
-Pero
si tú tampoco sabes – dije riéndome y siguiéndola.
-Pero
al menos sé hacer algo – me dijo riendo también. Cuando preparó las ensaladas
nos sentamos en la mesa de la cocina para cenar. Al rato escuchamos la puerta y
supusimos que sería papá, porque solamente quedaba él por llegar. Y
efectivamente no nos equivocamos.
-¿Cómo
estás? – le pregunté, se sentó cansado en una silla al lado de nosotras.
-Cansado,
con lo de Bella, las guardias, Esme que no quiere separarse de ella. Son
demasiadas cosas – dijo suspirando.
-¿Cómo
está Bella? – pregunté.
-Estable.
No puedo decirte que está perfectamente y que se va al recuperar al cien por
cien, pero tampoco que va a morir – nos dijo. Mi hermana hizo una mueca en la
última palabra.
-Carlisle,
no te he escuchado entrar – dijo Emmett llegando a la cocina para coger algo de
la nevera. Desde ayer que pasó lo de Bella estaba muy serio.
-¿Estás
en tu habitación? – preguntó mi padre.
-No,
estamos en la de mi hermana – dijo abriendo la nevera.
-¿Estamos?
– preguntó mi padre confuso, Emmett asintió – Jasper y tú. - Asintió de nuevo.
Cogió embutido y un cacho de pan y se
fue para arriba. Nos dijo adiós con la mano y desapareció - ¿Dónde está vuestro
hermano? – nos preguntó.
-A
dicho que no tenía hambre y se ha ido a la habitación – le contestó Rosalie
levantándose para fregar los platos.
Pov Esme
-Carlisle,
estoy preocupada – le dije a mi marido. Me encontraba en la habitación de
hospital d mi hija – Me ha pillado por sorpresa, nunca le había pasado.
-Mi
amor, recuerda que Bella tiene una enfermedad que puede ir empeorando – dijo,
intentaba calmarme pero no lo conseguía, no en este momento.
-¿No
lo entiendes? Carlisle, estaba muerta. No sabía que estaba tan mal, no he
estado atenta, no la he cuidado. Es culpa mía – dije mientras me ponía a
llorar. Acaricié su pelo, la veía tan frágil en esta cama. Con todas las
maquinas que me producían dolor de cabeza.
-No
te culpes. No tienes la culpa. Nadie la tiene. Ahora debes que ser fuerte, por
tu hija, por tus hijos, por todos. Me voy a ir a casa con los chicos. Mañana
cuando venga le hago unas pruebas e intento darle pronto el alta aprovechando
que yo soy su médico y que vivo con ella en casa. Le recetaré unas pastillas
para las fuerzas y seguramente le mandare más pastillas nuevas – me dijo desde
el otro lado de la cama. No pude evitar soltar una sonrisa cuando dijo que
habrían mas pastillas, como a mi hija le gustaban tanto – Si pasa algo me
llamas inmediatamente.
-Claro
que sí – dije rodeando la cama y abrazándolo.
-No
te pongas mal, estate tranquila – me calmó acariciando mi mejilla – Haré todo
lo que esté en mis manos por tu hija.
Pov Carlisle
Después
de hablar con mis hijas, me fui a la habitación de Edward. Él había pasado
mucho tiempo con Bella los últimos tres meses, y seguramente lo estaría pasando
mal. Cuando estuve enfrente de su puerta piqué, pero nadie contestó. Así que
entré, pero la habitación estaba vacía. Posiblemente estuviera en la sala del
piano, así que bajé las escaleras para ver si esta allí. Pero tampoco lo
encontré. Me fui a la cocina nuevamente.
-Edward
no está en su habitación – le dije a mis hijas.
-Estará
donde el piano, papá – me contesto Rosalie.
-Tampoco
está allí – le respondí.
-¿Has
mirado en la biblioteca? – me preguntó Alice con una sonrisa. Sonreí y fue a la
biblioteca así que baje a la primera planta. Y como supuso mi hija estaba allí.
Estaba tirado en el suelo apoyado a una silla y miraba una foto de su madre. En
silencio me senté junto a él.
-La
echas de menos… - no se lo preguntaba porque sabía que era así.
-A
veces me gustaría preguntarle, y contarle cosas y no puedo porque no la tengo
conmigo – dijo acariciando su foto.
-Me
tienes a mí o Esme. Nosotros también te podemos contestar o escuchar tus cosas
– le dije.
-La
necesito a ella – susurró.
-Pero
no podemos volver el tiempo atrás, hijo – le dije. Y tenía razón, muchas veces
en mi vida había querido no haberme ido nunca de Forks, pero el tiempo sólo
tenía una dirección y era para adelante, no había marcha atrás – intenta
contarme a mí lo que necesitas decirle a ella.
-Tengo
miedo de tu reacción – dijo sin mirarme a la cara.
-No
lo tengas hijo, no puede ser tan malo como para que me enfade – le dije dándole
ánimo para contarme.
-Tengo
novia – dijo en un susurro que casi ni lo escuché.
-Eso
es fantástico. ¿Es del pueblo?, ¿La conozco?, ¿Y quién es? – le pregunté, no sé
porque tenía miedo, era una noticia maravillosa.
-Sí
es del pueblo y sí la conoces… - con la cabeza lo animé para que continuara –
Es Bella – mis ojos se abrieron rápidamente y me quedé en silencio tratando de
asimilarlo.
-¿Qué?
– Pregunté sorprendido – No puedes estar hablando en serio.
-Si
papá, es verdad. – me dijo seriamente.
-No
puedes estar con ella. Es tu hermanastra. Es la hija de mi mujer – le dije,
este niño no se daba cuenta lo que estaba diciendo.
-Me
enamoré de ella mucho antes de que fuera mi hermanastra y tú sabias que me
gustaba. Y que es la hija de Esme, con eso no pasa nada. Jasper también es hijo
de Esme y Rosalie se quiere acostar con él. Y Emmett también es hijo de Esme y
Alice dice que está enamorada de él. ¿Porque yo no puedo tener una relación con
Bella? – dijo levantando la voz.
-No
me levantes la voz, y no puedes, porque es diferente, ellas están
encaprichadas, se acabaran cansando. Pero no puedes estar con tu hermanastra.
Sois familia – dije desesperado.
-No
papá, Bella no es mi familia, por nuestras venas no corre la misma sangre. Ella
es una Swan y yo un Cullen. Porque mucho que os hayáis casado no somos hermanos
y sí, novios. Y lo seguiré siendo pienses lo que pienses – dijo levantándose.
-Edward
no hemos acabado de hablar – le dije levantándome yo también,
-Yo
sí – y se fue dando un portazo. Mi hijo se había vuelto loco, no podía ser el
novio de Bella, eran muy jóvenes, hermanastros, era una gran responsabilidad.
Pov Bella
Estúpido
pitido, ya era la tercera vez que me despertaba esta noche. Mi madre se había
quedado dormida dándome la mano, incorporándome un poco miré el reloj. Eran las
nueve de la mañana. No me iba a dormir otra vez. No quería despertar a mi
madre, parecía cansada. Así que me quedé en silencio hasta que Carlisle entró
en la habitación, con el dedo indiqué que no hiciera ruido.
-¿Cómo
te encuentras? – me preguntó en un susurro. Su tono era serio y severo. ¿Qué le
pasaba?
-Bien,
quiero irme a casa – le dije, no me encontraba de maravillas, pero mejor que
otras veces sí, y quería irme a mi casa ya.
-Voy
hacerte unas pruebas ahora y después hablamos de eso – me dijo mirando una
carpeta.
-¿Qué
pruebas? – pregunté.
-Primero
te haré una radiografía para evaluar el tamaño del corazón y el estado de tus
pulmones. También un electro, para monitorizar la actividad eléctrica del corazón,
eso es pura precaución. Y después te haré un ECO – me dijo, mientras se asomaba
para llamar a alguien.
-Mamá
– dije mientras la zarandeaba un poco con el brazo que no tenía la intravenosa
– mamá, despierta – Ella se movió un poco.
-Mi
vida, ya estas despierta – dijo sonriendo – buenos días – me dio un beso en la
frete – Cariño – dijo cuando vio a Carlisle.
-Buenos
días, mi amor – le contestó él acercándose para besarla.
-Dr.
Cullen. ¿Me necesita? – preguntó un celador entrando en mi habitación.
-Sí,
lleve a la paciente para hacerse una radiográfica – dijo señalándome.
Y
así estuvimos casi toda la mañana de prueba en prueba. Me sorprendió que no
hubiera hecho nada y estaba cansada. A mí no me hacían falta pruebas para saber
que había empeorado, que había subido de nivel. Me volvieron a traer a mi
habitación. Mi madre me estaba esperando sentada en una silla, se había
cambiado de ropa. Seguramente fue a casa mientras me hacían las pruebas.
-¿Has
ido a casa? – pregunté. Ella asintió.
-Bueno,
ya tengo los resultados de todo – dijo Carlisle entrando, con un montón de
papeles en la mano.
-¿Y?,
¿Me puedo ir a casa? – le pregunté ansiosa, quería salir ya de aquí.
-Te
daré el alta mañana, pero Bella, en casa no va a ser diferente de esto y lo
sabes – me dijo tranquilamente – Vas a tener reposo absoluto, de la cama al
sillón y al baño. Estas débil, y no nos queremos arriesgar. Te doy el alta
porque yo estoy encasa contigo, sino te quedarías más tiempo. La cosa se ha
empezado a poner más seria – me explicó, mi madre me apretó fuerte la mano.
-Carlisle,
¿te pasa algo? – le pregunté, no lo notaba hablándome como siempre y no me
gustaba.
-No
quiero que te alteres… - me dijo, mirando a mi madre. Yo también la mire y
miraba para otro lado.
-¿Qué
pasa? – pregunté. Los dos se quedaron callados, y me empecé a poner nerviosa –
He preguntado, ¿Qué pasa? – exigí, la máquina de mi lado empezó a sonar,
rápidamente.
-Tranquila
– me dijo Carlisle volviéndome a recostar ya que me había incorporado.
-¿Qué
ha pasado? – cuestioné nuevamente.
-Edward
me ha dicho que sois novios – dijo seriamente. El sonido del monitor no se
calmó. ¿Por qué lo había hecho?, ¿No podía esperar a que se lo dijéramos los
dos? – Bella cálmate, estas hiperventilando – me dijo. Comencé a respirar hondo
y me calmé.
-¿Y
qué pasa? – pregunté cuando el ritmo de mi corazón se escuchaba normal otra
vez.
-No
me parece bien – dijo él. Miré a mi madre, tenía la mirada gacha, no necesitaba
preguntarle para saber que a ella tampoco le parecía bien.
-¿Por
qué? – pregunté con un poco de miedo.
-Sois
hermanastros, vivís en la misma casa, tenéis que ser muy responsables, Bella
estas enferma tiene… - sabía que iba a sacar ese tema.
-Que
este enferma no significa que no pueda tener novio nunca, yo puedo hacer mi
vida amorosa, como cualquier otra persona – dije, me estaban poniendo nerviosa.
-No,
y lo sabes. Tienes una enfermedad seria, muchas cosas de una relación no las
podréis vivir bien – dijo.
-Quiero
a tu hijo, y si él no me deja, no me arrepiento porque mientras él quiera, voy
a estar con Edward digáis lo que digáis – les hable a los dos seriamente.
Carlisle me iba a contestar, pero Edward entró por la puerta. Nos miró las
caras a todos. Y frunció el ceño.
-¿Qué
pasa? – pregunto acariciándome la mejilla.
-Me
dijiste que lo haríamos juntos – le murmuré, pero sabía que me habían escuchado
nuestros padres.
-No
tenía planeado decir nada, surgió en el momento – me dijo. Me besó
delicadamente en los labios. Menos mal que me habían cambiado la mascarilla de
oxigeno, por las puntillas nasales. Era mucho más cómodo.
-Sepárate
de mi hermana ahora mismo – dijo claramente la voz de Emmett. Cuando fijé la
vista en él tenía los puños apretados. Mi madre también se dio cuenta y fue
hacia él. Mi hermano Jasper estaba con la boca abierta, y Rosalie y Alice no se
quedaban atrás.
-Emmett,
hijo, no es el momento, compórtate – le dijo mi madre agarrando sus puños.
-¿Qué
hacías besando a mi hermana? – preguntó más calmado.
-Es
mi novia, puedo besarla todo lo que me dé la gana – dijo Edward y volvió a
besarme. La situación me estaba poniendo cada vez más nerviosa.
-Eres
un desgraciado, apártate de mi hermana, ¡ahora! – dijo levantando el tono.
-No
me voy a separar de ella - dijo Edward tranquilamente cogiéndome la mano.
-He
dicho que dejes a mi hermana – repitió acercándose a él. El monitor a mi lado
de descontroló y una alarma comenzó a sonar.
-Basta,
demasiado. Salir todos de la habitación ahora – dijo Carlisle acercándose a mí
y presionando algo en el aparato para que dejara de sonar, por fin. Luego, con
la simple mirada me indicó calma. Pero ahora sí que no podía, porque sabía que
al salir de aquí mi hermano le pegaría a Edward.
-Eh,
Bella – susurró Edward a mi lado – Tranquila, no pasa nada, no tienes por qué
ponerte así – me dijo murmurando y acariciándome. Mi corazón se fue calmando –
Así, muy bien – dijo sonriendo, sus palabras verdaderamente me habían
tranquilizado.
-Bueno,
creo que ha sido suficiente por hoy – anunció Carlisle.
-No,
yo he venido a ver a mi hermana, dile a él que se vaya – dijo Jasper esta vez.
-No
quiero que Edward se valla – dije, hablando por primera vez desde que entraran
todos.
-¿Cómo?
– preguntaron mis dos hermanos a la vez.
-Lo
que oyen, no quiero que Edward se valla – repetí – Quiero que se quede hoy
conmigo por la noche – dije mirándolo. Él sonrió y asintió.
-Mañana
hay colegio – dijo Rosalie.
-A
mi me da igual, si Bella quiere que esté aquí. Aquí me quedo – dijo mirando en
todo momento a su padre.
-Hablaré
seriamente contigo, en otro momento – le dijo Carlisle.
-No
me entendiste anoche. No tengo nada que hablar de este tema contigo – le dijo
bruscamente.
-Edward
no le hablas así – le recriminé.
-No
tiene que meterse en mi vida – dijo muy serio. Me estaba sorprendiendo mucho
como se estaba desenvelejando la situación y me daba mucho miedo cómo podía
acabar.
-Me
meto porque soy tu padre – dijo severamente – Venga chicos, vamos a casa. Mi
amor, vamos, esta noche se queda Edward – dijo mirando molesto a su hijo. Me
sentía mal porque él no tenía la culpa- Cualquier cosa me llamas. Mañana por la
mañana te daré el alta e iremos a casa. Dormirás en la planta de abajo para que
puedas ir al comedor y el baño, si vas a tu habitación no podrás bajar al
comedor…- asentí. Rosalie y Alice se fueron sin decir adiós. Mis hermanos me miraron
con decepción y también se fueron sin decir nada. Carlisle miró molesto a
Edward y también se fue en silencio. Mi madre se acercó y nos dio un beso a
cada uno. Cuando nos quedamos en la habitación sólo me puse a llorar.
-Cariño,
no te pongas así – dijo Edward consolándome, pero no podía. Había conseguido
que mis hermanos le quisieran pegar y que su padre se enfadara con él.
-Lo
siento – le dije entre sollozo y sollozo.
-No,
no tienes por qué pedir disculpas, no tienes la culpa de nada. Estoy contigo y
tarde o temprano se tenían que enterar – dijo acariciando mi pelo. Hoy todo el
mundo acariciaba algo de mi cuerpo – Venga mi amor, duerme un poco que ha sido
un día duro – me dijo, y empezó a tatarear algún tipo de nana.
-Te
amo Edward – dije y lo último que escuché antes de quedarme dormida, fue.
-Yo
también mi niña – y no supe nada mas en toda la noche.
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