CAPITULO: 4
Pov Bella
-Bella,
mi vida, no creo que lo mejor sea que hoy vallas al colegio – me dijo mi madre
una vez más. Llevaba desde que me había levantado insistiendo en que hoy me
quedara en casa.
-Mama,
estoy bien, no me gusta estar todo el día en casa y mucho menos en la cama, y
ya me lo tuvisteis ayer. Porque por si no te acuerdas no me dejaste ir sola ni
al baño – le dije.
Mi
madre, se fue a la cocina a hacerle la merienda a Emmett porque tenía hambre y
quería que mama se lo hiciese, y Jasper estaba en su habitación estudiando para
un examen. Yo necesitaba ir al baño desde hace un rato pero con mi madre en la
habitación me ponía nerviosa. Así llevaba un rato que en la cocina haciendo la
merienda porque el caprichoso de mi hermano Emmett tenía hambre y quería que
mamá se lo hiciese. Y Jasper se había ido a hacer los deberes a su habitación.
Y yo necesitaba i al baño. Así que me incorpore para colocarme las zapatillas,
pero mi madre entro en ese momento por la puerta. Y me empezó a regañar, porque
tenía que tomar reposo, cuando le dije que necesitaba ir al bajo me ayudo a
levantarme y ella misma me llevo.
-Bella,
tienes que tomarte las cosas más en serio – insistió.
-Mama
me lo tomo en serio. Pero no me puedo quedar en casa – le dijo.
-Buenos
días – dijeron mis hermanos entrando. Se cogieron una tostada los dos y me
hicieron una seña indicando que ya nos íbamos.
-Un
beso mama, te quiero – le dije y me fui detrás de ellos. Ya me había tomado la
pastilla. Mi hermano Jasper estaba sentado en la parte de atrás, por lo que entendí
y que yo me sentaba delante. Emmett puso música a todo volumen. Cuando entramos
en el colegio todos se quedaron mirando, y no me extrañaba. A mi hermano le
encantaba llamar la atención.
-Bella,
en el momento que te encuentres mal, nos llamas – me dijo antes de que me
bajara. Asentí baje para ir corriendo donde esta Tanya.
-¿Todo
bien? – me pregunto después de abrazarme
-Todo
bien – le dije sonriendo. Irina y Kate también me abrazaron y caminamos juntas
para dentro del colegio.
-¿No
te ha contado tu hermano lo que paso ayer? – me dijo Irina. Yo negué con cara
confusa.
-Tú
sabes la nueva, la rubia. Bueno pues vino a nuestra mesa y le pregunto si tenía
pareja… tu sabes cómo es tu hermano que siempre cuando conoce a una chica le da
la mano. Pues se la ofreció y la chica se hizo la ofendida y le dio dos besos.
Ósea, Emmett pero en tía – me dijo riéndose. Y todas la seguimos tenia gracia.
-Bella,
donde vas. Vamos a clase – me dijo Kate.
-Tengo
que ir a la taquilla. Ir a vuestras clases, nos vemos a la hora del almuerzo –
les dije sonriendo y despidiéndome con la mano. Me fue a la taquilla y comencé
a sacar mis libros.
-Ayer
no te vi – escuche la voz del dios griego del primer día. Aparte la puerta de
mi taquilla y él estaba apoyado a otra.
-Puede
ser porque no vine – le conteste seriamente, aunque me estaba riendo por
dentro.
-El
segundo día de colegio y ya haciendo campana – comento riéndose.
-No
hice campana, me encontraba mal – le dije encogiéndome de hombros.
-Pues
si no hiciste campana el segundo, la podrás hacer el tercero, y así nos
conocemos más – vi que estaba nervioso, porque se tocaba el pelo
constantemente.
-No
sé si… - no podía faltar nuevamente. Pero era mi oportunidad, y siempre me ha
dicho mi madre que cuando tienes una oportunidad nunca la rechaces, porque
quien sabe si volverá a pasar.
-Venga,
no te voy a comer – me dijo riéndose. Me ofreció la mano. Yo cerré la taquilla
y la cogí. Y me llevo casi volando a la salida del colegio. El timbre había
sonado hace rato por lo que todos estaba en clase. Comenzamos a caminar para el
bosque.
-¿Dónde
vamos? – le pregunte.
-Conozco
un lugar precioso. Y quiero que lo conozcas – me dijo.
-Soy
yo la veterana en el pueblo, no tendría que ser yo la que te enseñara esto – le
dije.
-Mi
casa está en mitad del bosque, por eso conozco esto, cuando me siento agobiado
doy vueltas por aquí – me dijo – Ven no me tengas miedo.
-¿Hay
que caminar mucho? – le pregunte, no quería acabar en la cama como ayer.
-Un
poco, pero tranquila, que por andar un poco no te va a dar un infarto – dijo
riéndose. Yo fingí reír de su broma, pero no me hacia ni pisca de gracia.
Estuvimos caminando en silencio, el me llevaba de la mano todo el rato, me
sentía protegido de esa forma – Mira ya estamos llegando.
Mire
a mi alrededor, era un hermoso prado con flores preciosas por todos lados.
-Es
precioso – dije en un susurro - ¿Podemos sentarnos? – le pregunto, el asintió y
camine un poco y me deje caer al suelo del cansancio.
-Cuidado,
te vas a hacer daño tirándote de esta forma – me dijo sentándose el también.
-Bueno,
¿Cómo pretendes conocerme un poco mejor? – le pregunte. El parecía pensarlo, y
después sonrió.
-¿Has
jugado alguna vez a las 20 preguntas? – me pregunto, yo negué. Yo no había
jugado a ese juego, pero si sabia cual era - ¿Sabes en qué consiste? – entonces
asentí – Perfecto, entonces nos podemos ir conociendo – Sabia que me caería una
bronca enorme por quedarme aquí y no ir a clase, pero Edward me atraía mucho – Empiezo
yo – dijo mientras se sentaba de forma en que nos pudiéramos mirar a la cara -
¿Tu color favorito?
-El
azul– conteste - ¿Y el tuyo? – le pregunte yo a él.
-También
el azul – me dijo sonriendo - ¿Por qué es el azul?
-
Pues porque el azul significa: estabilidad y profundidad. Representa la
lealtad, confianza, sabiduría, inteligencia, fe, la verdad y el cielo eterno y
me siento identificada. ¿Y tú?, ¿Por qué el azul?
-Porque
me produce tranquilizad – dijo sonriendo - ¿Y el que más odias?
-¿De
color? – el me asintió con la cabeza – El blanco – le conteste encogiéndome de
hombros - ¿Con cuál de tus hermanas te llevas mejor?
-Con
Alice – me contesto sonriendo - ¿Por qué odias el blanco? – me pregunto, veía
un poco tontas las preguntas que me estaba habiendo pero… cada uno pregunta lo
que él quiere.
-Me
recuerda a los hospitales, los médicos… odio mucho ese mundo – dije mientras
dejaba que un escalofrió recorriera mi espalda - ¿Por qué es Alice? – le
pregunte yo, quiero cambiar de tema no me gustaba por donde lo estaba llevando
y quiero que dejara de hacer preguntas sobre los colores.
-No
es que sea mi preferida, simplemente es lo la que más me entiendo- dijo mirando
para el césped - ¿Has tenido mucha experiencia con los medico para odiarlos? -
¿Por qué?, ¿Por qué esa pregunta?, estuve pensando en que era mejor, si decirle
la verdad, que he vivido toda mi vida rodeada de médicos, o simplemente decirle
que no, pero que nunca me han gustado.
-Si
– dije finalmente, el me miro confuso y asintió - ¿De qué trabajan tus padres?
– le pregunte.
-Mi
padre es cardiólogo y… - abrí los ojos de golpe.
-¿Cardiólogo?
– pregunte, el asintió.
-¿Algún
problema? – me pregunte negué y le indique que continuara. Su padre era
Carlisle, no había de otra, no había otro cardiólogo en todo el pueblo – pues
eso mi cardiólogo y mi madre cuando estaba viva era pediatra – vi como le
brillaban los ojos cuando hablo de su madre - ¿Y los tuyos?
-Mi
madre es reformadora de interiores, y bueno mi padre creo que era policía – nos
quedamos mirando - ¿Cuál es tu hobbies favorito? – pregunte intentando desviar
temas tan personales.
-Tocar
el piano, me gusta mucho su sonido me relaja – dijo sonriendo - ¿Cómo se llaman
tus padres? – me pregunto, parecía que aunque intentara desviar este tipo de preguntas
no lo conseguía.
-Charlie
y Esme – le dije.
-¿Charlie
Swan y Esme Pratt? – pregunto sorprendido. Asentí – pero tú no tienes hermanas,
solo hermanos ¿verdad? – asentí, no entendía del todo lo que estaba pasando.
-¿Qué
pasa? – pregunte, no entendía nada, necesitaba que me lo explicara.
-Entonces
si no tienes hermanas y eres hija de Charlie y Esme. Significa que tu eres la
paciente de mi padre – me sorprendí, no me esperaba que fuera a deducir una
cosa así. Me levante del suelo y comencé a caminar – Espera, ¿Dónde vas? – me
pregunto cogiéndole del brazo.
-No
parece obvio, me voy a mi casa – le dije intentando soltar el agarre.
-No
sabes cómo llegar – se argumentó. Había sido una tonta, como me había dejado
engañar, si eso no fuera así ahora estaría en el colegio, tranquila y sin que
nadie supiera mi secreto, pero no. Yo tenía que venir, no podía quedarme
quieta.
-Me
da igual, no quiero estar más tiempo aquí – dije saliendo. Necesitaba irme
salir de aquí, estar sola.
-No
voy a dejar que te vayas sola – me dijo – Vale, te quieres ir a casa, yo te
acompaño – me dijo, le mire a los ojos, esos ojos que me dejaban sin aliento,
sin razón alguna.
-Está
bien – me resigne, no había manera de que no me acompañara. En silencio fuimos
caminando hasta llegar a la entrada del bosque, fuimos al estacionamiento.
-¿Vas
a entrar a clase o te quieres ir para casa? – me pregunto, no le conteste,
estaba sin aliento. Me sorprendía a mí misma, como era posible que andando
cuesta abajo me cansara de esta forma - ¿Estas bien?
-A
ninguno de los dos lados. En mi casa está mi madre y en el colegio mis
hermanos. No quiero ver a ninguno – le dije.
-Ven,
que vamos a mi casa, mis hermanas están en clase y con mi padre no pasa nada –
me dijo. Lo mire dudosa – Confía en mi – me dijo. Su mirada me daba sinceridad
y mi corazón también me decía que podía confiar en él. Pero tenía miedo – Si tú
no quieres no se lo voy a decir a nadie.
-Apenas
te conozco – le dije.
-No
hace falta, mírame a los ojos y dime si crees que diré algo que tu no quieras
decir – me pidió. Yo ya le había mirado mucho los ojos.
-Vale,
no me falles – le dije. Me estaba lanzando a una piscina que seguramente podía
estar vacía.
-Sube
en el coche, que vamos a mi casa – dijo él con una sonrisa. Asentí y subí.
Conducía a mucha velocidad, me gustaba la sensación que se sentía al ir a esta
velocidad. Llegamos rápido a su casa, y tenía razón estaba en mitad del bosque.
Vino corriendo y me abrió la puerta – Esta mi padre en casa, voy a dejar el
coche en el parking y ahora entro.
-Me
da vergüenza – le dije agachado la mirada – Entra conmigo.
-Está
bien, dejo el coche aquí - me ofreció su mano, y sin pensármelo se la cogí. Me
sentía segura agarrada de su mano. Subimos las escaleras del porche, saco su
llave y abrió la puerta.
-¿Edward?
– pregunto la voz de el Doctor. Después lo vi asomarse por una puerta desde la
planta de arriba.
-Hola
papa – dijo Edward.
-¿Bella?
– miro confundido. Asentí diciéndole que era yo.
-Hemos
estado juntos toda la mañana, pero he descubierto que ella era tu paciente y se
quería ir, le he dicho que yo le acompañaba, y al final nos hemos venido a casa
– contesto Edward a su padre. Carlisle me miro sorprendido.
-Entonces…
¿Sabes que Bella es mi paciente? – pregunto. La pregunta iba dirigida a su
hijo, pero me está mirando a mí.
-Si,
lo sé. Y no me importa, puedo ser su amigo igualmente – me dijo sonriendo. En
ese momento sonó mi móvil.
-Perdón
– dije. Lo saque de mi bolsillo y era mi hermano Emmett – Ahora vuelvo – camine
hasta una pequeña salita que había y descolgué el teléfono.
-Dime
Emmett – dije tranquilamente.
-¡¡
¿Me puedes decir donde estas! ¡Más te vale que tengas una buena explicación, y
que me digas que ha pasado para que no estés en el colegio y no hayas asistido
a clase! – dijo gritando, seguramente le habían escuchado prácticamente por
todo el colegio con esos gritos.
-Emmett,
por si no lo recuerdas tú no eres papa. Y no tienes que decirme que debo y no
debo hacer. Estoy bien, con eso te tiene que bastar – le dije. Me había
molestado.
-No,
no soy papa, pero soy tu hermano mayor. Y no es normal que te hayas ido sin
decir nada. Dime ahora mismo donde estas – me exigió. Suspire con una sonrisa
en mis labios.
-No
tengo por qué. Déjame tranquila – y colgué. No quería seguir escuchando a mi
hermano.
-¿Todo
bien? – escuche la voz de Edward. Me gire para mirarle y el y Carlisle estaban
en la puerta de la sala.
-Si,
un hermano un poco sobreprotector – les conteste.
Pov Edward
Bella
se fue a atender la llamada.
-¿Cómo
lo has descubierto? – me pregunto mi padre cuando nos quedamos a solas.
-Bella
y yo estábamos jugando y me ha dicho el nombre de sus padres. He recordado que
tus amigos se llamaban así. Y que tú me dijiste que tenías como paciente a la
hija de tu amigo. Bella es la única Swan en el pueblo – le explique a mi padre
- ¿Cómo esta?
-No
soy yo quien debe decirte nada de eso. Pero quiero que tú me digas si sientes
algo por ella – me pidió mi padre.
-Es
muy pronto para decir si siento algo, más fuerte. Pero si te puedo decir que me
gusta, me atrae – le dije. El asintió. Nos asomamos al comedor. Que es donde
estaba Bella.
-No
tengo por qué. Déjame tranquila – Escuchamos decir a Bella y después colgó
-¿Todo
bien? – Le pregunte. Ella está mirando para la dirección contraria de donde
nosotros estábamos, así que se giro y nos miro.
-Si,
un hermano un poco sobreprotector – Nos contesto riéndose. Asentí.
-Ven
vamos a mi habitación, y hablamos – le dije. Quería preguntarle sobre su
enfermedad, aunque no estaba segura de que me quisiera contestar.
-Vale
– me contesto. La volví a coger de la mano como llevaba haciendo toda la
mañana.
-Luego
bajamos papa – le dije, y subimos los dos. Mi padre vino detrás porque estaba
en la cocina. Nosotros subimos a la tercera planta que era donde estaba mi
habitación. Cuando llegamos arriba, caminamos por el pasillo y entramos en la
habitación. Ella se quedo en la puerta parada mirando para todos los lados.
-Dios,
que habitación mas grade – dije sorprendida – Que bonita.
-Gracias.
Ven siéntate conmigo aquí en la cama – le dije. Ella camino hasta donde yo estaba.
Pero bien mi ventanal y se fue para allí – También nos podemos sentar allí – le
dije. Ella sonrió y asintió. Me levante y fui con ella.
-Que
bonito es el paisaje – dijo mirándolo todo.
-Bella,
sé que solo hace tres días que nos conocemos. Pero me gustaría ser tu amigo y
que confiaras en mí – le dije.
-Confió
en ti – me contesto sin mirarme a los ojos.
-¿Me
quieres explicar sobre tu enfermedad? – le pregunte directamente.
-No
es un tema que me guste hablar – me contesto.
-Me
gustaría entenderte mejor – le dije. Ella levanto la mirada y nos miramos
fijamente.
-Me
lo diagnosticaron cuando era pequeña… - comenzó relatando, giro la cara para no
mirarme mientras hablaba – siempre he querido hace muchas cosas, pero por la
enfermedad que tengo, no me dejaban hacer muchas de ellas. Desde pequeña vivo
medicada. Puede que a medida que voy creciendo las pastillas cambian, pero
siguen siendo eso, pastillas. Y así como la medicación cambia con los años
también la enfermedad va empeorando – dijo, vi como una lagrima caía por su
mejilla, pero rápidamente se la quito – Cuando era pequeña, tenía unos amigos
que Vivian en la reserva la Push y que hacían carreras de motos – dijo con
nostalgia – Mis hermanos nunca me dejaron ir. Muchas de las clases de gimnasia
tampoco las puedo hacer – dijo negando – No me gusta que nadie lo sepa, quiero
que la gente me trate por quien soy, Bella. No como a la pobre niña que está
enferma. No quiero que me miren con pena. Odio eso. Recuerdo cuando mi padre se
fue. En el colegio me miraba como “Pobre, cuatro años y no tiene padre”. Muy
poca gente lo sabe. Mi madre, mis hermanos, Tanya, Kate e Irina. Sus padres
también lo saben. Y bueno tu padre que es mi nuevo medico. Y tú que te has
enterado hoy.
-Yo
no siento pena por ti – le dije, al ver que estaba llorando.
-¿No?,
¿De verdad? No se te ha pasado por la cabeza. Pobre dieciséis años y morirá tan
joven – dijo llorando más.
-No
te vas a morir – le dije, limpiando sus lagrimas que no paraban de salir. Le
gire la cara para que me miraba ya que en ningún momento lo había hecho – No
vas a morir – le repetí.
-Edward,
llevo dieciséis años enferma. No me pidas que tenga esperanza sobre mi vida
ahora que puedo ver que estoy empeorando – me dijo.
-¿Por
qué dices eso? – le pregunte. Tenía tan claro que había empeorado.
-Ayer
no fui al cole porque tenía visita médica -
me dijo, como si fuera obvio, entonces recordé lo que mi padre me dijo –
Cuando acabé la consulta estaba cansada y le dije a mi madre que me quería ir
para a casa, me acosté y dormí un rato. Cuando me desperté, me levante y perdí
las fuerzas en mis piernas y me caí al suelo. Estuve todo el día en la cama. Si
no llega a ser porque tu padre estaba en mi casa me vuelvo loca – dijo, su
llanto se había calmado y ahora tan solo era sollozos.
-¿Mi
padre estaba en tu casa? – le pregunte.
-Si
fue a ver a mi madre – me contesto encogiéndose de hombros.
-¿Y
tema novio? – le pregunte como quien no quiere la cosa.
-No
– dijo riéndose – No quiero que nadie más de la gente que lo sabe lo pase mal
cuando me muera. No quiero que nadie llore por mí – dijo seriamente.
-No
tienes por qué negarte al amor por estar enferma – le explique.
-Es
como yo pienso – me dijo.
Así
pasamos parte de la mañana asomados a mi ventanal, ella acabo apoyando la
cabeza en mi hombro y yo la tape cuando empezó a hacer frio. Su móvil sonó
varias veces pero no la vi con intención en ningún momento de levantarse a
cogerlo. Y después de un rato escuche un coche acercarse. Menos mal que ya nos
habían traído los coches de Nueva York, porque si yo no hubiera tenido el mío
no hubiera podido estar con Bella todo el día. Sabía que mis hermanas ya habían
llegado, lo que significaba que era la hora de la comida.
-¿Son
tus hermanas? – me pregunto en un susurro.
-Si,
pero no te preocupes, si quiere quedarte aquí, le puedo decir a mi padre que
comeremos en la habitación – le dije.
-Por
favor – me suplico. Asentí, me levante y le ayude a ella a hacerlo. Se sentó en
la cama y yo me fue a la cocina a decírselo a mi padre. Baje las escaleras
hasta el segundo piso.
-Hombre…
el desaparecido, me puedes decir dónde has estado todo el día – dijo Rosalie,
exaltada.
-No,
papa ya lo sabe y con eso es suficiente – dije, papa estaba apoyado en la
encimera mirándonos – Papa, ¿Podemos comer en la habitación? – le pregunte.
-¿Podemos?,
¿Quienes? – pregunto mi hermana Alice.
-Si,
hijo, puedes comer en la habitación – me dijo sonriendo.
-¿Quienes?
– insistió Alice.
-Bella
– le dije, ella y Rosalie se sorprendieron.
-¿¡Bella
esta aquí!? – preguntaron casi gritando.
-Si,
¿Algún problema? – pregunte molesto.
-Sabes
la que han montado sus hermanos a la hora del almuerzo, porque Bella no está.
Jasper estaba súper nervioso, como si algo malo le pasara. Y Emmett se ha
puesto a gritar como un loco – dijo. Pensé que estaban exagerando, pero luego
recordé todas las llamadas.
-Bueno,
papa, me das nuestra comida – le dije, el asintió y me dio dos bandejas de
comida. En las dos había sopa – Papa, toda la mañana cocinando para hacer sopa
– dije extrañado. Mis hermanas habían salido de la cocina para poner la mesa
del comedor.
-Bella
tiene una dieta estricta. Y veo feo que tú te comas un plato de espaguetis y la
carbonara mientras ella se tiene que comer un plato de sopa – dijo. Mis
hermanas volvieron a entrar.
-Está
bien – dije, y subí con las dos bandejas. Entre en la habitación y Bella estaba
mirando los CD.
-Lo
siento – dijo apartándose de donde está y sentándose de nuevo.
-No
te preocupes no pasa nada – le dije sonriendo.
-No
sabía que te gustaba Debussy – me dijo agachando la mirada.
-¿Te
gusta? – pregunte extrañado.
-Si,
mi madre lo ponía cuando era pequeña y me ponía nerviosa – dijo – Es una música
que me relaja mucho.
-Me
han dicho mis hermanas que tus hermanos se han puesto muy nerviosos cuando no
te han visto en el cole – le explique.
-Son
unos exagerados – dijo encogiéndose de hombros, fue hacia el escritorio que era
donde había dejado las bandejas - ¿Sopa?, no sabía que tu hacías la misma dieta
que yo.
-No,
no la hago, pero hoy comeremos igual – le dije sonriendo. Cada uno nos sentamos
en una silla, puse música de Debussy. Picaron la puerta y mi padre entro por
ella.
-Siento
interrumpir, pero toma Bella, la pastilla, sabes que no puedes saltarte
ninguna, y aquí tengo estas – Bella asintió y cogió la pastilla que mi padre le
ofreció, del vaso de agua que yo había traído se trago de golpe la pastilla y
bebió un largo trago de agua. Mi padre sonrió y se fue. Y pasamos toda la tarde
juntos. Cuando el cielo se oscureció, me pidió que la llevara para su casa.
Bajamos, mis hermanas están tiradas en el sofá viendo un programa de televisión
y mi padre en el sillón medio dormido, pues no le gustaba ese programa.
-Papa
– le llame para que me mirara. Mis hermanas también se giraron – Voy a acompañar
a Bella a su casa.
-Está
bien, ten cuidado al volver – me dijo sonriendo. Se levanto del sillón.
-¿Has
estado bien? – le pregunto a Bella.
-Si,
muchas gracias por dejar que me quede aquí todo el día – le dijo ella a él
sonriendo.
-No
has sido una molestia en ningún momento – le dijo. Mi padre abrazo a Bella –
Espero que vuelvas pronto.
-Claro
– le dijo ella – Adiós – le dijo a mis hermanas que están mirando todo el rato.
El
camino fue rápido y llegamos enseguida. Las luces de su casa están encendidas,
y había dos coches y una moto aparcados enfrente de la casa.
-Gracias
por traerme. Y gracias por el día de hoy. Ha sido uno de los mejores en mucho
tiempo – me dijo.
-Espero
que pasemos más días así – le dije yo. Ella sonrió también. Se acercó y nos
abrazamos.
-Nos
vemos mañana – me dijo. Me dio un beso en la mejilla y se fue. Espere a que
entrara en casa y me fui.
Pov Bella
Me
daba miedo entrar en mi casa. Mi madre tendría que estar muy enfadada, mis
hermanos también. Abrí la puerta, mientras suspiraba. Y en una decima de
segundo tenia a todos los habitantes de esa casa delante de mí.
-¿Se
pude saber dónde has estado todo el día? – me pregunto mi madre.
-¿¡Porque
me has colgado!? – pregunto gritando Emmett.
-¿Por
qué no nos has llamado? – pregunto Jasper.
-¿Por
qué no has cogido el teléfono? – pregunto nuevamente mi madre.
-Ya
basta. Te he colgado Emmett porque eres un pesado, porque no me dejas respirar.
No os he cogido el teléfono porque no quería discutir, no os he llamado porque
he estado bien todo el día. Y mama he estado en casa de Carlisle – les conteste
yo también gritando, eso no era una cosa que yo soliera hacer, pero me están
poniendo muy nerviosa.
-¿En
casa de Carlisle? – pregunto mi madre.
-Si,
estaba con Edward su hijo. Y hemos estado en su casa – le dije, mi corazón
palpitaba a mil por hora, de lo nerviosa que me habían puesto.
-¿Te
has tomado la pastilla en su casa? – me pregunto Jasper, que al parecer de
había calmado. Emmett se le continuaba viendo nervioso.
-Si,
Carlisle tenía pastillas en casa y me dio la de la comida – les conteste. Mi
hermano Jasper respiro tranquilo.
-Bella,
no vuelvas a hacer lo que has hecho hoy – me dijo mi madre seriamente.
-No
he hecho nada malo. Y como podéis ver no me ha pasado nada – les dije – ahora
si me dejáis pasar, quiero irme a dormir – les dije. Se apartaron para dejarme
un espacio para pasar.
-Buenas
noches – dijo mi madre dándome un beso y una abrazo.
-Buenas
noches Bells – me dijo Jasper. Mi hermano Emmett se fue para el comedor sin
decirme nada. Así que me subí para arriba no sería yo la que se rebajara.
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