sábado, 30 de junio de 2012

CAPITULO 4


CAPITULO: 4

Pov Bella

-Bella, mi vida, no creo que lo mejor sea que hoy vallas al colegio – me dijo mi madre una vez más. Llevaba desde que me había levantado insistiendo en que hoy me quedara en casa.
-Mama, estoy bien, no me gusta estar todo el día en casa y mucho menos en la cama, y ya me lo tuvisteis ayer. Porque por si no te acuerdas no me dejaste ir sola ni al baño – le dije.
Mi madre, se fue a la cocina a hacerle la merienda a Emmett porque tenía hambre y quería que mama se lo hiciese, y Jasper estaba en su habitación estudiando para un examen. Yo necesitaba ir al baño desde hace un rato pero con mi madre en la habitación me ponía nerviosa. Así llevaba un rato que en la cocina haciendo la merienda porque el caprichoso de mi hermano Emmett tenía hambre y quería que mamá se lo hiciese. Y Jasper se había ido a hacer los deberes a su habitación. Y yo necesitaba i al baño. Así que me incorpore para colocarme las zapatillas, pero mi madre entro en ese momento por la puerta. Y me empezó a regañar, porque tenía que tomar reposo, cuando le dije que necesitaba ir al bajo me ayudo a levantarme y ella misma me llevo.
-Bella, tienes que tomarte las cosas más en serio – insistió.
-Mama me lo tomo en serio. Pero no me puedo quedar en casa – le dijo.
-Buenos días – dijeron mis hermanos entrando. Se cogieron una tostada los dos y me hicieron una seña indicando que ya nos íbamos.
-Un beso mama, te quiero – le dije y me fui detrás de ellos. Ya me había tomado la pastilla. Mi hermano Jasper estaba sentado en la parte de atrás, por lo que entendí y que yo me sentaba delante. Emmett puso música a todo volumen. Cuando entramos en el colegio todos se quedaron mirando, y no me extrañaba. A mi hermano le encantaba llamar la atención.
-Bella, en el momento que te encuentres mal, nos llamas – me dijo antes de que me bajara. Asentí baje para ir corriendo donde esta Tanya.
-¿Todo bien? – me pregunto después de abrazarme
-Todo bien – le dije sonriendo. Irina y Kate también me abrazaron y caminamos juntas para dentro del colegio.
-¿No te ha contado tu hermano lo que paso ayer? – me dijo Irina. Yo negué con cara confusa.
-Tú sabes la nueva, la rubia. Bueno pues vino a nuestra mesa y le pregunto si tenía pareja… tu sabes cómo es tu hermano que siempre cuando conoce a una chica le da la mano. Pues se la ofreció y la chica se hizo la ofendida y le dio dos besos. Ósea, Emmett pero en tía – me dijo riéndose. Y todas la seguimos tenia gracia.
-Bella, donde vas. Vamos a clase – me dijo Kate.
-Tengo que ir a la taquilla. Ir a vuestras clases, nos vemos a la hora del almuerzo – les dije sonriendo y despidiéndome con la mano. Me fue a la taquilla y comencé a sacar mis libros.
-Ayer no te vi – escuche la voz del dios griego del primer día. Aparte la puerta de mi taquilla y él estaba apoyado a otra.
-Puede ser porque no vine – le conteste seriamente, aunque me estaba riendo por dentro.
-El segundo día de colegio y ya haciendo campana – comento riéndose.
-No hice campana, me encontraba mal – le dije encogiéndome de hombros.
-Pues si no hiciste campana el segundo, la podrás hacer el tercero, y así nos conocemos más – vi que estaba nervioso, porque se tocaba el pelo constantemente.
-No sé si… - no podía faltar nuevamente. Pero era mi oportunidad, y siempre me ha dicho mi madre que cuando tienes una oportunidad nunca la rechaces, porque quien sabe si volverá a pasar.
-Venga, no te voy a comer – me dijo riéndose. Me ofreció la mano. Yo cerré la taquilla y la cogí. Y me llevo casi volando a la salida del colegio. El timbre había sonado hace rato por lo que todos estaba en clase. Comenzamos a caminar para el bosque.
-¿Dónde vamos? – le pregunte.
-Conozco un lugar precioso. Y quiero que lo conozcas – me dijo.
-Soy yo la veterana en el pueblo, no tendría que ser yo la que te enseñara esto – le dije.
-Mi casa está en mitad del bosque, por eso conozco esto, cuando me siento agobiado doy vueltas por aquí – me dijo – Ven no me tengas miedo.
-¿Hay que caminar mucho? – le pregunte, no quería acabar en la cama como ayer.
-Un poco, pero tranquila, que por andar un poco no te va a dar un infarto – dijo riéndose. Yo fingí reír de su broma, pero no me hacia ni pisca de gracia. Estuvimos caminando en silencio, el me llevaba de la mano todo el rato, me sentía protegido de esa forma – Mira ya estamos llegando.
Mire a mi alrededor, era un hermoso prado con flores preciosas por todos lados.
-Es precioso – dije en un susurro - ¿Podemos sentarnos? – le pregunto, el asintió y camine un poco y me deje caer al suelo del cansancio.
-Cuidado, te vas a hacer daño tirándote de esta forma – me dijo sentándose el también.
-Bueno, ¿Cómo pretendes conocerme un poco mejor? – le pregunte. El parecía pensarlo, y después sonrió.
-¿Has jugado alguna vez a las 20 preguntas? – me pregunto, yo negué. Yo no había jugado a ese juego, pero si sabia cual era - ¿Sabes en qué consiste? – entonces asentí – Perfecto, entonces nos podemos ir conociendo – Sabia que me caería una bronca enorme por quedarme aquí y no ir a clase, pero Edward me atraía mucho – Empiezo yo – dijo mientras se sentaba de forma en que nos pudiéramos mirar a la cara - ¿Tu color favorito?
-El azul– conteste - ¿Y el tuyo? – le pregunte yo a él.
-También el azul – me dijo sonriendo - ¿Por qué es el azul?
- Pues porque el azul significa: estabilidad y profundidad. Representa la lealtad, confianza, sabiduría, inteligencia, fe, la verdad y el cielo eterno y me siento identificada. ¿Y tú?, ¿Por qué el azul?
-Porque me produce tranquilizad – dijo sonriendo - ¿Y el que más odias?
-¿De color? – el me asintió con la cabeza – El blanco – le conteste encogiéndome de hombros - ¿Con cuál de tus hermanas te llevas mejor?
-Con Alice – me contesto sonriendo - ¿Por qué odias el blanco? – me pregunto, veía un poco tontas las preguntas que me estaba habiendo pero… cada uno pregunta lo que él quiere.
-Me recuerda a los hospitales, los médicos… odio mucho ese mundo – dije mientras dejaba que un escalofrió recorriera mi espalda - ¿Por qué es Alice? – le pregunte yo, quiero cambiar de tema no me gustaba por donde lo estaba llevando y quiero que dejara de hacer preguntas sobre los colores.
-No es que sea mi preferida, simplemente es lo la que más me entiendo- dijo mirando para el césped - ¿Has tenido mucha experiencia con los medico para odiarlos? - ¿Por qué?, ¿Por qué esa pregunta?, estuve pensando en que era mejor, si decirle la verdad, que he vivido toda mi vida rodeada de médicos, o simplemente decirle que no, pero que nunca me han gustado.
-Si – dije finalmente, el me miro confuso y asintió - ¿De qué trabajan tus padres? – le pregunte.
-Mi padre es cardiólogo y… - abrí los ojos de golpe.
-¿Cardiólogo? – pregunte, el asintió.
-¿Algún problema? – me pregunte negué y le indique que continuara. Su padre era Carlisle, no había de otra, no había otro cardiólogo en todo el pueblo – pues eso mi cardiólogo y mi madre cuando estaba viva era pediatra – vi como le brillaban los ojos cuando hablo de su madre - ¿Y los tuyos?
-Mi madre es reformadora de interiores, y bueno mi padre creo que era policía – nos quedamos mirando - ¿Cuál es tu hobbies favorito? – pregunte intentando desviar temas tan personales.
-Tocar el piano, me gusta mucho su sonido me relaja – dijo sonriendo - ¿Cómo se llaman tus padres? – me pregunto, parecía que aunque intentara desviar este tipo de preguntas no lo conseguía.
-Charlie y Esme – le dije.
-¿Charlie Swan y Esme Pratt? – pregunto sorprendido. Asentí – pero tú no tienes hermanas, solo hermanos ¿verdad? – asentí, no entendía del todo lo que estaba pasando.
-¿Qué pasa? – pregunte, no entendía nada, necesitaba que me lo explicara.
-Entonces si no tienes hermanas y eres hija de Charlie y Esme. Significa que tu eres la paciente de mi padre – me sorprendí, no me esperaba que fuera a deducir una cosa así. Me levante del suelo y comencé a caminar – Espera, ¿Dónde vas? – me pregunto cogiéndole del brazo.
-No parece obvio, me voy a mi casa – le dije intentando soltar el agarre.
-No sabes cómo llegar – se argumentó. Había sido una tonta, como me había dejado engañar, si eso no fuera así ahora estaría en el colegio, tranquila y sin que nadie supiera mi secreto, pero no. Yo tenía que venir, no podía quedarme quieta.
-Me da igual, no quiero estar más tiempo aquí – dije saliendo. Necesitaba irme salir de aquí, estar sola.
-No voy a dejar que te vayas sola – me dijo – Vale, te quieres ir a casa, yo te acompaño – me dijo, le mire a los ojos, esos ojos que me dejaban sin aliento, sin razón alguna.
-Está bien – me resigne, no había manera de que no me acompañara. En silencio fuimos caminando hasta llegar a la entrada del bosque, fuimos al estacionamiento.
-¿Vas a entrar a clase o te quieres ir para casa? – me pregunto, no le conteste, estaba sin aliento. Me sorprendía a mí misma, como era posible que andando cuesta abajo me cansara de esta forma - ¿Estas bien?
-A ninguno de los dos lados. En mi casa está mi madre y en el colegio mis hermanos. No quiero ver a ninguno – le dije.
-Ven, que vamos a mi casa, mis hermanas están en clase y con mi padre no pasa nada – me dijo. Lo mire dudosa – Confía en mi – me dijo. Su mirada me daba sinceridad y mi corazón también me decía que podía confiar en él. Pero tenía miedo – Si tú no quieres no se lo voy a decir a nadie.
-Apenas te conozco – le dije.
-No hace falta, mírame a los ojos y dime si crees que diré algo que tu no quieras decir – me pidió. Yo ya le había mirado mucho los ojos.
-Vale, no me falles – le dije. Me estaba lanzando a una piscina que seguramente podía estar vacía.
-Sube en el coche, que vamos a mi casa – dijo él con una sonrisa. Asentí y subí. Conducía a mucha velocidad, me gustaba la sensación que se sentía al ir a esta velocidad. Llegamos rápido a su casa, y tenía razón estaba en mitad del bosque. Vino corriendo y me abrió la puerta – Esta mi padre en casa, voy a dejar el coche en el parking y ahora entro.
-Me da vergüenza – le dije agachado la mirada – Entra conmigo.
-Está bien, dejo el coche aquí - me ofreció su mano, y sin pensármelo se la cogí. Me sentía segura agarrada de su mano. Subimos las escaleras del porche, saco su llave y abrió la puerta.
-¿Edward? – pregunto la voz de el Doctor. Después lo vi asomarse por una puerta desde la planta de arriba.
-Hola papa – dijo Edward.
-¿Bella? – miro confundido. Asentí diciéndole que era yo.
-Hemos estado juntos toda la mañana, pero he descubierto que ella era tu paciente y se quería ir, le he dicho que yo le acompañaba, y al final nos hemos venido a casa – contesto Edward a su padre. Carlisle me miro sorprendido.
-Entonces… ¿Sabes que Bella es mi paciente? – pregunto. La pregunta iba dirigida a su hijo, pero me está mirando a mí.
-Si, lo sé. Y no me importa, puedo ser su amigo igualmente – me dijo sonriendo. En ese momento sonó mi móvil.
-Perdón – dije. Lo saque de mi bolsillo y era mi hermano Emmett – Ahora vuelvo – camine hasta una pequeña salita que había y descolgué el teléfono.
-Dime Emmett – dije tranquilamente.
-¡¡ ¿Me puedes decir donde estas! ¡Más te vale que tengas una buena explicación, y que me digas que ha pasado para que no estés en el colegio y no hayas asistido a clase! – dijo gritando, seguramente le habían escuchado prácticamente por todo el colegio con esos gritos.
-Emmett, por si no lo recuerdas tú no eres papa. Y no tienes que decirme que debo y no debo hacer. Estoy bien, con eso te tiene que bastar – le dije. Me había molestado.
-No, no soy papa, pero soy tu hermano mayor. Y no es normal que te hayas ido sin decir nada. Dime ahora mismo donde estas – me exigió. Suspire con una sonrisa en mis labios.
-No tengo por qué. Déjame tranquila – y colgué. No quería seguir escuchando a mi hermano.
-¿Todo bien? – escuche la voz de Edward. Me gire para mirarle y el y Carlisle estaban en la puerta de la sala.
-Si, un hermano un poco sobreprotector – les conteste.

Pov Edward

Bella se fue a atender la llamada.
-¿Cómo lo has descubierto? – me pregunto mi padre cuando nos quedamos a solas.
-Bella y yo estábamos jugando y me ha dicho el nombre de sus padres. He recordado que tus amigos se llamaban así. Y que tú me dijiste que tenías como paciente a la hija de tu amigo. Bella es la única Swan en el pueblo – le explique a mi padre - ¿Cómo esta?
-No soy yo quien debe decirte nada de eso. Pero quiero que tú me digas si sientes algo por ella – me pidió mi padre.
-Es muy pronto para decir si siento algo, más fuerte. Pero si te puedo decir que me gusta, me atrae – le dije. El asintió. Nos asomamos al comedor. Que es donde estaba Bella.
-No tengo por qué. Déjame tranquila – Escuchamos decir a Bella y después colgó
-¿Todo bien? – Le pregunte. Ella está mirando para la dirección contraria de donde nosotros estábamos, así que se giro y nos miro.
-Si, un hermano un poco sobreprotector – Nos contesto riéndose. Asentí.
-Ven vamos a mi habitación, y hablamos – le dije. Quería preguntarle sobre su enfermedad, aunque no estaba segura de que me quisiera contestar.
-Vale – me contesto. La volví a coger de la mano como llevaba haciendo toda la mañana.
-Luego bajamos papa – le dije, y subimos los dos. Mi padre vino detrás porque estaba en la cocina. Nosotros subimos a la tercera planta que era donde estaba mi habitación. Cuando llegamos arriba, caminamos por el pasillo y entramos en la habitación. Ella se quedo en la puerta parada mirando para todos los lados.
-Dios, que habitación mas grade – dije sorprendida – Que bonita.
-Gracias. Ven siéntate conmigo aquí en la cama – le dije. Ella camino hasta donde yo estaba. Pero bien mi ventanal y se fue para allí – También nos podemos sentar allí – le dije. Ella sonrió y asintió. Me levante y fui con ella.
-Que bonito es el paisaje – dijo mirándolo todo.
-Bella, sé que solo hace tres días que nos conocemos. Pero me gustaría ser tu amigo y que confiaras en mí – le dije.
-Confió en ti – me contesto sin mirarme a los ojos.
-¿Me quieres explicar sobre tu enfermedad? – le pregunte directamente.
-No es un tema que me guste hablar – me contesto.
-Me gustaría entenderte mejor – le dije. Ella levanto la mirada y nos miramos fijamente.
-Me lo diagnosticaron cuando era pequeña… - comenzó relatando, giro la cara para no mirarme mientras hablaba – siempre he querido hace muchas cosas, pero por la enfermedad que tengo, no me dejaban hacer muchas de ellas. Desde pequeña vivo medicada. Puede que a medida que voy creciendo las pastillas cambian, pero siguen siendo eso, pastillas. Y así como la medicación cambia con los años también la enfermedad va empeorando – dijo, vi como una lagrima caía por su mejilla, pero rápidamente se la quito – Cuando era pequeña, tenía unos amigos que Vivian en la reserva la Push y que hacían carreras de motos – dijo con nostalgia – Mis hermanos nunca me dejaron ir. Muchas de las clases de gimnasia tampoco las puedo hacer – dijo negando – No me gusta que nadie lo sepa, quiero que la gente me trate por quien soy, Bella. No como a la pobre niña que está enferma. No quiero que me miren con pena. Odio eso. Recuerdo cuando mi padre se fue. En el colegio me miraba como “Pobre, cuatro años y no tiene padre”. Muy poca gente lo sabe. Mi madre, mis hermanos, Tanya, Kate e Irina. Sus padres también lo saben. Y bueno tu padre que es mi nuevo medico. Y tú que te has enterado hoy.
-Yo no siento pena por ti – le dije, al ver que estaba llorando.
-¿No?, ¿De verdad? No se te ha pasado por la cabeza. Pobre dieciséis años y morirá tan joven – dijo llorando más.
-No te vas a morir – le dije, limpiando sus lagrimas que no paraban de salir. Le gire la cara para que me miraba ya que en ningún momento lo había hecho – No vas a morir – le repetí.
-Edward, llevo dieciséis años enferma. No me pidas que tenga esperanza sobre mi vida ahora que puedo ver que estoy empeorando – me dijo.
-¿Por qué dices eso? – le pregunte. Tenía tan claro que había empeorado.
-Ayer no fui al cole porque tenía visita médica -  me dijo, como si fuera obvio, entonces recordé lo que mi padre me dijo – Cuando acabé la consulta estaba cansada y le dije a mi madre que me quería ir para a casa, me acosté y dormí un rato. Cuando me desperté, me levante y perdí las fuerzas en mis piernas y me caí al suelo. Estuve todo el día en la cama. Si no llega a ser porque tu padre estaba en mi casa me vuelvo loca – dijo, su llanto se había calmado y ahora tan solo era sollozos.
-¿Mi padre estaba en tu casa? – le pregunte.
-Si fue a ver a mi madre – me contesto encogiéndose de hombros.
-¿Y tema novio? – le pregunte como quien no quiere la cosa.
-No – dijo riéndose – No quiero que nadie más de la gente que lo sabe lo pase mal cuando me muera. No quiero que nadie llore por mí – dijo seriamente.
-No tienes por qué negarte al amor por estar enferma – le explique.
-Es como yo pienso – me dijo.
Así pasamos parte de la mañana asomados a mi ventanal, ella acabo apoyando la cabeza en mi hombro y yo la tape cuando empezó a hacer frio. Su móvil sonó varias veces pero no la vi con intención en ningún momento de levantarse a cogerlo. Y después de un rato escuche un coche acercarse. Menos mal que ya nos habían traído los coches de Nueva York, porque si yo no hubiera tenido el mío no hubiera podido estar con Bella todo el día. Sabía que mis hermanas ya habían llegado, lo que significaba que era la hora de la comida.
-¿Son tus hermanas? – me pregunto en un susurro.
-Si, pero no te preocupes, si quiere quedarte aquí, le puedo decir a mi padre que comeremos en la habitación – le dije.
-Por favor – me suplico. Asentí, me levante y le ayude a ella a hacerlo. Se sentó en la cama y yo me fue a la cocina a decírselo a mi padre. Baje las escaleras hasta el segundo piso.
-Hombre… el desaparecido, me puedes decir dónde has estado todo el día – dijo Rosalie, exaltada.
-No, papa ya lo sabe y con eso es suficiente – dije, papa estaba apoyado en la encimera mirándonos – Papa, ¿Podemos comer en la habitación? – le pregunte.
-¿Podemos?, ¿Quienes? – pregunto mi hermana Alice.
-Si, hijo, puedes comer en la habitación – me dijo sonriendo.
-¿Quienes? – insistió Alice.
-Bella – le dije, ella y Rosalie se sorprendieron.
-¿¡Bella esta aquí!? – preguntaron casi gritando.
-Si, ¿Algún problema? – pregunte molesto.
-Sabes la que han montado sus hermanos a la hora del almuerzo, porque Bella no está. Jasper estaba súper nervioso, como si algo malo le pasara. Y Emmett se ha puesto a gritar como un loco – dijo. Pensé que estaban exagerando, pero luego recordé todas las llamadas.
-Bueno, papa, me das nuestra comida – le dije, el asintió y me dio dos bandejas de comida. En las dos había sopa – Papa, toda la mañana cocinando para hacer sopa – dije extrañado. Mis hermanas habían salido de la cocina para poner la mesa del comedor.
-Bella tiene una dieta estricta. Y veo feo que tú te comas un plato de espaguetis y la carbonara mientras ella se tiene que comer un plato de sopa – dijo. Mis hermanas volvieron a entrar.
-Está bien – dije, y subí con las dos bandejas. Entre en la habitación y Bella estaba mirando los CD.
-Lo siento – dijo apartándose de donde está y sentándose de nuevo.
-No te preocupes no pasa nada – le dije sonriendo.
-No sabía que te gustaba Debussy – me dijo agachando la mirada.
-¿Te gusta? – pregunte extrañado.
-Si, mi madre lo ponía cuando era pequeña y me ponía nerviosa – dijo – Es una música que me relaja mucho.
-Me han dicho mis hermanas que tus hermanos se han puesto muy nerviosos cuando no te han visto en el cole – le explique.
-Son unos exagerados – dijo encogiéndose de hombros, fue hacia el escritorio que era donde había dejado las bandejas - ¿Sopa?, no sabía que tu hacías la misma dieta que yo.
-No, no la hago, pero hoy comeremos igual – le dije sonriendo. Cada uno nos sentamos en una silla, puse música de Debussy. Picaron la puerta y mi padre entro por ella.
-Siento interrumpir, pero toma Bella, la pastilla, sabes que no puedes saltarte ninguna, y aquí tengo estas – Bella asintió y cogió la pastilla que mi padre le ofreció, del vaso de agua que yo había traído se trago de golpe la pastilla y bebió un largo trago de agua. Mi padre sonrió y se fue. Y pasamos toda la tarde juntos. Cuando el cielo se oscureció, me pidió que la llevara para su casa. Bajamos, mis hermanas están tiradas en el sofá viendo un programa de televisión y mi padre en el sillón medio dormido, pues no le gustaba ese programa.
-Papa – le llame para que me mirara. Mis hermanas también se giraron – Voy a acompañar a Bella a su casa.
-Está bien, ten cuidado al volver – me dijo sonriendo. Se levanto del sillón.
-¿Has estado bien? – le pregunto a Bella.
-Si, muchas gracias por dejar que me quede aquí todo el día – le dijo ella a él sonriendo.
-No has sido una molestia en ningún momento – le dijo. Mi padre abrazo a Bella – Espero que vuelvas pronto.
-Claro – le dijo ella – Adiós – le dijo a mis hermanas que están mirando todo el rato.
El camino fue rápido y llegamos enseguida. Las luces de su casa están encendidas, y había dos coches y una moto aparcados enfrente de la casa.
-Gracias por traerme. Y gracias por el día de hoy. Ha sido uno de los mejores en mucho tiempo – me dijo.
-Espero que pasemos más días así – le dije yo. Ella sonrió también. Se acercó y nos abrazamos.
-Nos vemos mañana – me dijo. Me dio un beso en la mejilla y se fue. Espere a que entrara en casa y me fui.

Pov Bella

Me daba miedo entrar en mi casa. Mi madre tendría que estar muy enfadada, mis hermanos también. Abrí la puerta, mientras suspiraba. Y en una decima de segundo tenia a todos los habitantes de esa casa delante de mí.
-¿Se pude saber dónde has estado todo el día? – me pregunto mi madre.
-¿¡Porque me has colgado!? – pregunto gritando Emmett.
-¿Por qué no nos has llamado? – pregunto Jasper.
-¿Por qué no has cogido el teléfono? – pregunto nuevamente mi madre.
-Ya basta. Te he colgado Emmett porque eres un pesado, porque no me dejas respirar. No os he cogido el teléfono porque no quería discutir, no os he llamado porque he estado bien todo el día. Y mama he estado en casa de Carlisle – les conteste yo también gritando, eso no era una cosa que yo soliera hacer, pero me están poniendo muy nerviosa.
-¿En casa de Carlisle? – pregunto mi madre.
-Si, estaba con Edward su hijo. Y hemos estado en su casa – le dije, mi corazón palpitaba a mil por hora, de lo nerviosa que me habían puesto.
-¿Te has tomado la pastilla en su casa? – me pregunto Jasper, que al parecer de había calmado. Emmett se le continuaba viendo nervioso.
-Si, Carlisle tenía pastillas en casa y me dio la de la comida – les conteste. Mi hermano Jasper respiro tranquilo.
-Bella, no vuelvas a hacer lo que has hecho hoy – me dijo mi madre seriamente.
-No he hecho nada malo. Y como podéis ver no me ha pasado nada – les dije – ahora si me dejáis pasar, quiero irme a dormir – les dije. Se apartaron para dejarme un espacio para pasar.
-Buenas noches – dijo mi madre dándome un beso y una abrazo.
-Buenas noches Bells – me dijo Jasper. Mi hermano Emmett se fue para el comedor sin decirme nada. Así que me subí para arriba no sería yo la que se rebajara. 

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