CAPITULO: 4
Pov Bella
Renesmee insiste en venir a
Forks… Renesmee insiste en venir a Forks… Renesmee insiste en venir a Forks…
Esa frase de mi amiga se repetía constantemente en mi cabeza.
-Leah,
no – dije con un nudo en la garganta. Renesmee era mi hija mayor, sí. Tenía
otra hija. Renesmee tenía nueve años, casi diez. Mi hija a diferencia de su
hermano, me hizo caso y se quedó en Phoenix mientras yo venía al entierro. Pero
eso solo sería un día y ya había pasado una semana, entendía que se quisiera
venir.
-Bella,
sabes lo cabezota que es tu hija. Por mucho que Jake y yo insistamos ella
quiere venir – me dijo por teléfono – Además, ya están de camino.
-¿Qué?,
¿Cómo es posible?, Leah. Renesmee no puede venir aquí, se tiene que quedar con
vosotros – dije, casi supliqué.
-No
va a querer… - me dijo.
-Me
da igual – dije levantando la voz.
-Bella,
sabes que tarde o temprano se van a encontrar…
-Tú
sabes que yo no le oculto anda a la niña, ella sabe la verdad… - susurré.
-Sí,
pero el no – dijo en tono serio.
-No
quiero discutir de nuevo este tema… cuando la niña llegue, porque sé que Quil
se irá derecho a la Push ,
me llamas. Adiós – dije y colgué antes de que contestara. Volví a entrar en el
salón y todos continuaban hablando.
-¿Qué
quería? Cariño. Has tardado mucho – preguntó James.
-Nada
importante… - susurré. Eso no era la respuesta que él quería escuchar y sabía
que después me lo volvería a preguntar de otra manera – Amor, estoy muy cansado
del viaje, por qué no vamos a dormir ya – dijo levantándose y cogiéndome del
brazo.
-Pero
como os vais a dormir sin cenar algo… - dijo Esme poniéndose e pie con
nosotros.
-No
se preocupe, no tenemos hambre. Anthony como hizo siesta que se quede un poco
más después bajaré yo a por él – dijo con una sonrisa falsa y prácticamente me
arrastró hasta arriba. Me metió en la habitación pegando un portazo.
-¿Qué
quería? – me preguntó empujándome a la cama.
-Me
llamaba para decirme que Renesmee quería venir a Forks – dije mirándole a los
ojos.
-Dónde
está la niña ahora – preguntó acercándose a mí.
-Con
Quil, en un avión camino a aquí – dije seria. Su mano se volvió a levantar como
antes y se estrelló contra mi mejilla.
-Que
sea la última vez, escucha bien, la última que me dices que no tenía nada
importante, cuando se trata de tu mocosa la bastarda – dijo saliendo.
-No
te dirijas a mi hija así – dije seria. El se río y volvió a bofetearme.
-Yo
hago lo que me da la gana, métete en la cama a dormir, yo me voy a dar una
vuelta por el pueblo – dijo.
-Pero…
- quise protestar, pero su mano volvió a estallarse en mi cara y me callé.
-No
te quejes, ni llores, ni hables. Solo calla y duerme y que ni se te ocurra
moverte… - dijo empujándome para la cama – No me obligues a atarte en casa de
tu “Familia” – dijo y después salió por la puerta dejándome allí. Llorando,
dolorida, asustada, con miedo… sabía que James era capaz de atarme. Ya lo había
hecho con anterioridad.
Pov Rosalie
Todo
el camino lo hicimos en silencio, Lily iba cantando contenta y Chris se había
quedado dormido. Emmett tenía la mirada fija en la carretera, y no tenía pinta
de escuchar lo que pasara a su alrededor. Yo tampoco estaba muy atenta, pues en
mi mente, no paraba de pensar en Bella y su marido. Me había parecido una
situación extraña, no estaba muy segura de porqué, pero ellos no se veían un
matrimonio como Emmett y yo o Alice y Jasper. Ni siquiera como el de Edward y
Tanya cuando estuvieron casados y mira que eso no tenía mucha pinta de
matrimonio.
Algo
ocultaban esa pareja, algo que tenía la necesidad de averiguar, de saber que
pasaba y que ocultaban. El coche se paró y me di cuenta de que ya estábamos en
casa. Salí y abrí la puerta trasera para coger a Chris en brazos, y Emmett
cogió a Lily, abrió la puerta de casa y dejó que nuestra hija fuera a ver la
tele, y me acompañó a llevar al niño a su cama. Lo acomodé y tapé cerrando la
puerta cuando salí.
-¿Emmett?
– le llamé acariciando su mano – Estas ido – dije mirándole a los ojos.
-Acabo
de ver a mi hermana con su marido. Un tío del que yo no sabía nada. Una hermana
que me abandonó, y después de diez años viene con un hijo y su marido. ¿A qué?
– preguntó mirándome enfadado – No lo entiendo… lo intento… pero no lo
entiendo.
-No
tiene explicación. No trates de entenderlo porque solo te taladras la cabeza –
dije besándolo.
-Pero
quiero entender. Quiero saber por qué se fue, porque discutió con mi padre. Por
qué abandono, a su familia, amigos y su novio. Quiero saber el por qué – dijo
serio.
-Eso
no te lo puedo contestar yo. Es algo que solo te puede decir ella – dije
encogiéndome de hombros.
-Estoy
agotado, preparemos la cena y nos vamos a dormir – dijo sacando las cosas para
cocinar.
Pov Edward
-No
me gusta este hombre… - murmuró mi madre cuando Bella y su marido subieron, y
estuvimos seguros de que no los escuchaban.
-Esme
no juzgues antes de conocer… - le dijo mi padre.
-Yo
opino como mamá. No me gusta ese hombre – dije apoyando a mi madre.
-No
podéis decir nada sobre él. No lo conocéis para decir que no os gusta – dijo mi
padre serio. Nos quedamos callados porque escuchamos el ruido de alguien
bajando. Y vimos a James.
-Bella
se quedó en la cama porque estaba muy cansada. Yo voy a caminar un poco,
necesito tomar el aire – dijo caminado a la puerta.
-¿Y
Anthony? – pregunto mi madre seria.
-Si
quiere cenar, le ponéis algo y que duerma en la habitación donde ha dormido
hasta ahora – dijo saliendo de casa. Me quedé sorprendido por como contesto a
mi madre. Pero quién se creía.
-Subiré
a ver si Bella necesita algo, o si se siente mal – dijo mi madre poniéndose en
pie.
-Sí
yo iré a ver a Anthony – dije acompañándola para arriba.
-Vale
familia, yo me quedo a ver un rato la tele – dijo Carlisle irónico. Cuando
llegué a la segunda planta, sonreí a mi madre, ella continuó subiendo y yo me
dirigí a l habitación de los niños. Entre sin picar y me encontré sentado en la
cama donde dormía mi hija y miraba una foto que ella tenía allí en la que
salíamos ella, Tanya y yo.
-¿Qué
miras, campeón? – dije sentándome a su lado.
-¿Es
la mamá de Jane? – Preguntó señalándola, yo asentí – Es muy guapa se parece a
ella. ¿Dónde está? – preguntó mirándome a mí.
-¿Jane?
– pregunté y el negó señalando a Tanya – Estamos separados… digamos que dejamos
de querernos y para no hacernos daño nos separamos… - dije encogiéndome de
hombros. Era la mejor forma que tenía de explicárselo.
-Mi
papá, ya no quiere a mi mamá… - murmuró.
-No
digas eso cariño, seguro que te papá quiere mucho a tu madre y seguro que a ti
también – dije sonriendo.
-Anthony,
¿Quieres cenar cariño? – preguntó mi madre asomando la cabeza.
-Sí
– dijo sonriendo mirándola - ¿Y mi madre?
-Dice
que quiere dormir si te puedo hacer yo algo – contestó tranquila, aunque noté
algo en su mirada.
Mi
madre le preparó la cena a Anthony y después lo acompañó como todas las noches
a dormir. Yo subí a mi habitación y me acosté intentando dejar mi mente un poco
en blanco, olvidar todo lo que estaba pasando a mi alrededor. Y en algún
momento de ese trance me quedé completamente dormido.
…
La
luz entraba en mi habitación por el ventanal que había. Era un día nublado como
casi siempre en Forks, pero aun así se veía de día. Miré mi reloj y eran las
siete de la mañana. Me metí en la ducha y tranquilamente me arreglé, cuando
estuve listo. Bajé a la cocina, donde no esperaba que hubiera nadie, pero
estaba Bella sentada en una silla con hielo en la cara.
-Bella…
- le llamé extrañado. Ella se giró impresionada quitándose el hielo antes de
mirarme.
-¿Qué
haces despierto tan pronto? – me preguntó mirando al suelo.
-Tengo
guardia en el trabajo… - dije tranquilamente - ¿Qué te ha pasado en la mejilla?
– pregunté acercándome a ella. Pero antes de que la tocara, se levantó y se
apartó de mí.
-No
es nada, un golpe – dijo encogiéndose de hombros – Ya sabes que soy muy torpe –
no estaba muy seguro de lo que me había dicho pero no le iba a forzar, me lo
contaría cuando ella estuviera preparada.
-Por
cierto, ¿Qué haces tú despierta? – pregunté, extrañado.
-Tengo
que ir a la Push
a buscar a una persona, y quería ir ahora que James está dormido – dijo algo
nerviosa.
-¿A
quién tienes?, ¿Sabes la hora que es? Es muy temprano – dije extrañado.
-Ya
lo se, pero el avión de ella acaba de llegar y tengo que ir a buscarla… - dijo
saliendo de la cocina.
-¿Si
quieres te llevo en coche? Porque tú no conduces ¿verdad? Y la Push está un poco lejos.
-Edward…
no creo que… - comenzó a replicarme, pero yo negué con la cabeza.
-Te
llevo, es muy pronto y puede pasar cualquier cosa – dije serio. Y comencé a
bajar las escaleras con un cacho de pan en las manos para comérmelo por el
camino.
-Edward,
tienes que ir a trabajar. No quiero que llegues tarde, vete, ya me pido un taxi
– me dijo indiferente.
-Insisto,
déjame acompañarte, te dejo en casa de nuevo y me voy a trabajar, tengo tiempo
de sobra – insistí.
-Está
bien – desistió finalmente.
-Ponte
alguna chaqueta, hace viento – le dije, bajando las escaleras. Ella bajó detrás
de mí sin decir nada y al llegar a bajo, cogió un abrigo. Salimos ambos por la
puerta del parking, le abrí la puerta del volvo en el asiento del copiloto y
después entré yo. Fui en dirección a la
Push , tenía mucha curiosidad por saber a quién tenía que ir a
buscar, pero no me atreví a preguntar. Cuando entré en el pequeño pueblo Bella
me guió hacía donde era. En el momento que detuve el coche frente una casa
pequeña y vieja, Bella bajó con ansias, prácticamente corriendo. Yo le seguí un
poco de lejos, viendo como picó la puerta y esperó impaciente.
-Bella
– dijo la chica que estaba en el tanatorio, el día que Bella llegó a Forks -
¿Estás bien? – preguntó mirándola seria.
-Sí,
estoy bien Leah. No te preocupes – le contestó Bella - ¿Dónde está? – pregunto,
atendí más la conversación, esperando a ver qué le contestaba su amiga.
-¡Mamá!
– escuché un grito de dentro de la casa, pero lo que más me sorprendió del
grito fue lo que dijo. En pocos minutos una niña de estatura normal, pelo
rizado y de un color parecido al mío y los ojos del color de Bella salió por la
puerta y le abrazó. Mientras le abrazaba, su mirada estaba fija en mí, seria.
-Tenías
que haberte quedado en Phoenix – dijo Bella separando el abrazo.
-Dijiste
un día, dos como mucho. Y llevo con Quil una semana – dijo la niña cruzándose
de brazos – Quería estar contigo.
-¿Bella?,
¿Quién es? – pregunté acercándome.
-Edward...
ella… es mi hija – dijo Bella girándose para mirarme – Se llama Renesmee.
-Es
muy guapa y se parece mucho a ti, como Anthony. Pero… ¿Por qué no habías dicho
nada de ella? – pregunté completamente extrañado.
-Tú
debes de ser Edward Cullen – dijo la niña acercándose a mí. Me di cuenta de que
Bella miró a su amiga como un poco ansiosa, con miedo.
-Sí,
ese soy yo – dije sonriendo – Encantado – me acerqué lo poco que me quedaba a
ella. Y la saludo con dos besos. Sentí algo extraño, como una corriente al
acercarme a ella. Entonces me di cuenta, de que ella sabía mi nombre - ¿Por qué
sabes mi nombre? – pregunte dudoso.
-Mamá
me ha hablado de ti – dijo con una sonrisa triste. Miré a Bella, que con los
brazos le dijo a la niña que se acercara.
-¿Trajo
algo de ropa? – preguntó Bella mirando a su amiga. Quien sin decir nada se metió
dentro de la casa y salió con una pequeña maletita, y un pequeño peluche de un
oso, que siempre habían sido los favoritos de Bella – Gracias Leah, más tarde
te llamo – dijo abrazándola y cogió a la pequeña de la mano y caminó hacia el
volvo. Bella abrió la puerta trasera para que Renesmee entrara y después se fue
al asiento copiloto de nuevo.
Pov Bella
Me
sentía realmente incómoda, estando en el mismo coche con Renesmee y Edward.
Había soñado diez años con el día en que mi hija viera a Edward, su padre. Años
esperando si él se daría cuenta al verla de que era su hija, de cómo
reaccionaría Renesmee al verlo. Y ese momento no tenía nada que ver con las
escena que mis ojos acababan de ver, pero tampoco tenía nada que ver la forma
en la que yo había soñado que mis hermanos me recibían y como lo habían hecho
de verdad.
-Entonces,
Renesmee ¿Qué edad tienes? – preguntó Edward mirando por el retrovisor.
-Nueve
y medio, casi diez – dijo mi hija con una sonrisa. Pero no le miro a la cara,
miraba por la ventana en todo momento. El resto del camino fue en silencio,
nadie dijo nada. Yo rezaba en mi interior porque James continuara dormido y no
me viera llegar a la casa con Edward, porque eso me traería serios problemas.
Me metí tanto en mis pensamientos que no me di cuenta de cuando llegamos a la
casa.
-Os
dejo aquí, que me tengo que ir a trabajar. Nos vemos más tarde – dijo mientras
mi hija y yo nos bajábamos. Vimos desaparecer el coche y miré a mi hija a los
ojos.
-Es
mucho más guapo que en tus fotos mamá. Y yo me parezco a él. ¿Verdad? –
preguntó mirándome con una sonrisa.
-Si
cariño, es mucho más guapo ahora. Y claro que te pareces – dije abrazándola. Y
cuando me paré enfrente la puerta me di cuenta de que no tenía llave para
abrir. No me hizo falta picar a la puerta, porque justo en el momento que iba a
tocar el timbre James abrió la puerta.
-Yo
no te dije que no te movieras de la cama… - dijo cogiéndome del brazo y
metiéndome dentro. Junto a mi hija.
-La
niña había llegado y había ido a buscarla – dije encogiéndome de hombros.
-Yo
te dije que no te movieras… - dijo agarrándome fuerte del brazo – Ese es el
caso que me haces… parece mentira… tú niña, vas a la habitación donde esté tu
hermano y que se vista – dijo mirando a mi hija, ella me miró a mí y asentí,
luego hice un gesto con la cabeza para indicarle la dirección de la habitación,
nunca me gustaba que mis pequeños vieran este tipo de escenas. Mi hija subió
mirando para atrás en todo momento, y James fue detrás suyo. Apretando cada vez
más mi muñeca. Cuando llegamos a la habitación donde habíamos dormido, me
empujó y caí al suelo – Escucha bien, cuando te diga que no te muevas, no lo
hagas – dijo dándome una patada – Si yo te digo que duermas… duermes – dio
ahora dándome una cachetada – y en ningún momento deberías desobedecerme.
-Necesitaba
ir a por la niña – dije mirando al suelo.
-La
niña no debería estar aquí, está aquí porque a ti te da la gana. Me da igual si
tienes que ir a buscarla o no, la próxima vez te ataré a la cama y ya verás como
así no te mueves…- me dijo levantándome por los pelos – Y escúchame bien, no te
quiero cerca, del niñato ese… por si lo has olvidado el ya no es nada tuyo, y
yo soy tu marido, así que aléjate de él – dijo abofeteándome – Vamos abajo –
dijo soltándome del cabello y empujándome hacía la puerta – Sonríe, que no te
vean con esa cara – me ordenó. Bajé las escaleras con miedo, no me gustaba
llevarlo atrás de mí. Cuando llegué donde estaba la cocina, me percaté de que
Carlisle y Esme ya se encontraban allí, y también mis hijos.
-No
habían dicho que tenían otra hija – dijo Esme abrazando a Nessie – Es muy
guapa, tiene la misma sonrisa de E… - comenzó diciendo, pero se quedó calla y
tanto ella como Carlisle abrieron los ojos de golpe. Mi hija me miró,
preguntándome así qué hacía y yo simplemente me encogí de hombros porque ahora
ya no podía hacer nada.
En
ese momento sonó el teléfono de mi marido y él salió a contestar, creo que no
pudo ser en peor momento, porque me dejó a merced de la curiosidad de Esme y
Carlisle.
-¿Quién
es el padre de Renesmee? Bella – me preguntó Carlisle serio. Por instinto miré
hacia la puerta, considerando qué responder, pero la mirada penetrante de James
me quitó todas las dudas.
-James,
Carlisle. El padre es James – dije instantáneamente. Por un momento me plantee
decirle la verdad, pero eso haría mucho jaleo y me traería muchos problemas.
-Pues
es muy parecida a Edward, cuando era niño – dijo Esme mirándola de nuevo.
-Qué
casualidad señora. Pero no Renesmee es mi hija, verdad preciosa – dijo entrando
a la cocina de nuevo, acercándose a ella y abrazándola por detrás. Pude ver la pena en las facciones de Esme y
Carlisle, ellos no pensaban que James pudiera haber escuchado.
-Claro
papá – dijo la niña con una sonrisa. Aunque conocía esa expresión y ella nunca
estaba cómoda cuando tenía a James cerca.
-Por
cierto, Bella ¿Te encuentras mejor? – me preguntó Carlisle, y le miré extrañada
pues no entendía por qué me lo preguntaba – James nos dijo que te encontrabas
algo mareada por el vuelo y todo… - dijo explicando. Asentí con una sonrisa.
-Me
alegro corazón. Venid y desayunemos todos – dijo Esme haciendo un hueco a su
lado para que nos sentemos los dos.
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